• Por Sofía Céspedes

En 2025, el sector pri­vado junto al público celebraron el primer Foro Energético Nacional, donde se expuso la realidad energética paraguaya y, sobre todo, qué pasará en un futuro si no se toman medi­das ni acciones claras ante la demanda de energía que crece año tras año.

En conversación con La Nación/Nación Media, el presidente de la Adminis­tración Nacional de Elec­tricidad (Ande), Félix Sosa, precisó que a través del Plan Maestro de Obras se han tra­zado horizontes hacia el 2033 con la transmisión y distribu­ción de energía y al 2043 con la generación de la misma.

Explicó que todo esto se cen­tra en tres pilares estratégi­cos: primero, la soberanía energética, para garantizar la capacidad técnica para reti­rar y distribuir el 100 % de la energía que corresponde al país en Itaipú y Yacyretá; en segundo lugar, diversi­ficar y acompañar el creci­miento del consumo, inte­grando fuentes renovables no convencionales, con énfa­sis en energía solar; la segu­ridad y robustez es el tercer punto, porque busca fortale­cer el sistema interconectado nacional mediante la expan­sión de la red de 500 y 220 kV.

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MARCO NORMATIVO

Sosa abordó un tema crucial para el plan maestro: nue­vas leyes. Mencionó que hoy Paraguay está comenzado su transición hacia una matriz mixta. La Ley n.º 7452, que moderniza el régimen de Alianza Público-Privada (APP) y la recientemente pro­mulgada Ley n.º 7599/25, de Modernización del Régimen de Generación de Energía Eléctrica a partir de Fuentes Renovables No Convencio­nales buscan dinamizar la inversión en infraestructura, siendo probablemente esta última el marco legal más transformador para el sec­tor en las últimas décadas.

“Acompañar el rápido creci­miento de la demanda eléc­trica mediante un sistema modernizado y diversificado, garantizando la confiabilidad del suministro y tarifas com­petitivas, sin comprometer la sostenibilidad financiera del sector es el objetivo”, mani­festó el titular de la Ande.

Dijo que para ello es funda­mental continuar invirtiendo de manera sostenida en los sistemas de transmisión y distribución. “Resulta prio­ritario diversificar la matriz de generación de energía eléc­trica para disminuir la expo­sición a riesgos climáticos y aumentar la resiliencia del sistema”, finalizó.

ALTERNATIVAS

El viceministro de Minas y Energía, Mauricio Bejarano, sostuvo en contacto con La Nación que este 2026 será un año clave desde el punto de vista regulatorio. El eje cen­tral estará puesto en ajus­tar y completar las normati­vas necesarias para acelerar la incorporación de nueva generación eléctrica, espe­cialmente a partir de fuen­tes renovables no hídricas.

Entre ellas, se encuentra en etapa final la reglamentación de la Ley de Fomento a las Energías Renovables no Hídri­cas, que permitiría dinamizar inversiones en solar fotovol­taica, así como la reglamenta­ción de las pequeñas centrales hidroeléctricas y los permisos para productores de autocon­sumo y cogeneración.

Explicó que el objetivo es facilitar la rápida instala­ción de nuevos megavatios, tanto para autoconsumo como para inyección de excedentes a la red, y acom­pañar los procesos licitato­rios que llevará adelante la Ande. “Esto responde a una realidad concreta, la demanda eléctrica continúa batiendo récords y obliga a trabajar no solo sobre la oferta de energía, sino tam­bién sobre la gestión de la demanda”, expresó.

En ese contexto, Bejarano identificó a la energía solar fotovoltaica como la tecno­logía con mayor potencial de crecimiento en el corto plazo. Dijo que la experien­cia ya se extiende incluso a proyectos sobre embalses, como en Itaipú. No obstante, remarcó que todas las fuentes de generación serán necesarias para responder a una demanda que seguirá creciendo.

AUTOCONSUMO

Otro eje central que men­cionó es el autoconsumo y la generación distribuida, que muestra un fuerte impulso, especialmente en el Chaco. Industrias y comunidades ya instalan capacidad pro­pia, utilizan residuos para cogeneración y venden exce­dentes a la red.

A esto se suma el potencial de los techos solares en hoga­res, comercios e industrias. Para acelerar este proceso, el viceministerio trabaja en créditos blandos, ajustes tari­farios y mecanismos que per­mitan repagos en plazos de seis a siete años, haciendo del autoconsumo una inversión atractiva y, al mismo tiempo, un alivio para el sistema interconectado nacional.

En materia de biomasa y bioenergías, el foco está en la implementación plena de la certificación de biomasa, obligatoria desde este año. El objetivo es garantizar traza­bilidad, uso de biomasa refo­restada y protección de los bosques nativos. La exigen­cia comenzará con un 30 % de uso de biomasa certificada y avanzará gradualmente hasta el 100 %. En paralelo, se impulsa el uso de biocombustibles, aumentando las mez­clas y fortaleciendo la seguri­dad energética, al tiempo que se promueve la expansión de la masa forestal como nuevo motor económico.

Finalmente, el gas natural aparece como pieza estraté­gica de mediano plazo. Beja­rano recordó que hoy se prio­riza el impulso a los proyectos de gasoductos, oceánico y sur, como incentivo a la explo­ración local y como fuente energética para la industria y eventualmente para la gene­ración eléctrica.

“Esto se complementa con el trabajo en la integración gasífera regional con el Mer­cosur y Chile y con la pre­paración de un marco nor­mativo específico”, expuso.

MOMENTO DECISIVO

Desde el sector privado advierten que Paraguay atra­viesa una ventana decisiva para sostener su crecimiento económico más allá del 2030. Así lo planteó el presidente de la Unión Industrial Para­guaya (UIP), Enrique Duarte, a La Nación. Enfatizó que las proyecciones coinciden en un punto crítico, si no se toman decisiones en el corto plazo, el excedente eléctrico podría agotarse entre 2030 y 2032.

Desde la óptica industrial el desafío ya no pasa solo por la disponibilidad de ener­gía limpia, sino por asegurar nuevas fuentes de genera­ción, transmisión y distribu­ción que acompañen la trans­formación de la demanda.

“Paraguay está viviendo un cambio estructural, con menor peso relativo de la crip­tominería y mayor protago­nismo de la industria, los cen­tros de datos, la inteligencia artificial y la economía digital, sectores altamente intensivos en energía”, dijo Duarte.

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