Entre 2022 y 2025 la economía paraguaya transitó hacia un esce­nario de recuperación soste­nida, con crecimiento del pro­ducto interno bruto (PIB), reducción del desempleo y una inflación progresivamente controlada, de acuerdo a datos del gobierno. Si bien persisten desafíos estructurales, los principales indicadores mues­tran que el país logró recompo­nerse y va en busca de alcanzar su tercer grado de inversión.

2022: EL GOLPE MÁS DURO

El 2022 fue un año crítico para Paraguay. Una severa sequía, combinada con un contexto internacional adverso marcado por la alta inflación y tensiones eco­nómicas globales, afectó directamente a la produc­ción agrícola y energética, dos pilares fundamentales de la economía nacional.

Como resultado, el PIB se contrajo en torno al 0,2%, la inflación alcanzó el 8 % y el desempleo se ubicó cerca del 6 %. El déficit fis­cal llegó al 3 % del PIB y la cuenta corriente cerró con 5 %, el shock sufrido por la economía.

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2023: COMIENZA LA RECUPERACIÓN

El año 2023 marcó el inicio de la recuperación. El repunte del sector agropecuario y la normalización de la produc­ción energética impulsaron un crecimiento del PIB del 4,5 %, devolviendo dinamismo a la actividad económica.

La inflación se moderó al 5 % y el desempleo descendió al 5,5 %. No obstante, el proceso de reactivación estuvo acom­pañado por un mayor gasto público, lo que se tradujo en un déficit fiscal de 4,1 % del PIB. Aun así, el país logró cerrar el año con un leve supe­rávit en la cuenta corriente, mostrando señales de recom­posición externa.

2024: CONSOLIDACIÓN DEL CRECIMIENTO

En 2024, la economía para­guaya consolidó el ciclo de recuperación. El PIB creció 4,7 %, con un fuerte aporte de regiones clave como Asun­ción, Central y Alto Paraná, reflejando una mayor diver­sificación territorial del cre­cimiento. La inflación conti­nuó descendiendo hasta el 4,5 % y el desempleo se redujo al 5 %. En materia fiscal, el défi­cit se ajustó a -2,1 % del PIB, mientras que la deuda pública se mantuvo en torno al 45 %, un nivel considerado maneja­ble en comparación con otros países de la región. La cuenta corriente volvió a registrar un leve superávit. Este año, logró su primer grado de inversión otorgado por la agencia califi­cadora Moody’s, un paso his­tórico y un reconocimiento largamente esperado, que confirmó la solidez macro­económica del país, su disci­plina fiscal y su capacidad de cumplir con sus compromisos financieros.

2025: PROYECCIONES FAVORABLES

Para 2025, las proyecciones oficiales y privadas anticipan un crecimiento cercano al 5,9 %, con inflación controlada en torno al 4,1 % y una tasa de desempleo estimada en 4,9 %, la más baja del período anali­zado. Sin embargo, aparecen señales de alerta en el frente externo. La balanza comer­cial y la cuenta corriente mos­trarían un deterioro, con un déficit proyectado de casi 4 % del PIB, explicado por la caída de exportaciones y el aumento de importaciones en un con­texto internacional más desa­fiante.

Este año logró su segundo grado de inversión por parte de Standard & Poor’s, conso­lidando la confianza inter­nacional en la gestión eco­nómica y financiera del país. Este nuevo escalón reflejó la continuidad de políticas res­ponsables, el crecimiento sostenido de la economía y la mejora en indicadores clave como el déficit fiscal, la infla­ción y el empleo.

BALANCE POSITIVO, CON DESAFÍOS POR DELANTE

El balance del período 2022– 2025 muestra que Paraguay logró superar el impacto de la crisis climática y externa, retomando una senda de cre­cimiento sostenido y esta­bilidad macroeconómica relativa. Con inflación y des­empleo bajo control y un cre­cimiento por encima del pro­medio regional, el país se posiciona con bases más sóli­das para los próximos años.

El desafío, de ahora en adelante, será sostener el equilibrio fiscal y externo, fortalecer la competitividad y amorti­guar los efectos de un escena­rio global más volátil, preser­vando el impulso económico logrado. Paraguay encara 2026 con expectativas firmes de alcanzar un tercer grado de inversión, un objetivo que, de concretarse, lo ubicaría entre los países más atractivos de la región para el financiamiento, la llegada de capitales produc­tivos y el desarrollo de proyec­tos de largo plazo.