La producción de quesos ya no depende únicamente de la disponibilidad de materia prima, sino de la calidad integral de los procesos que acompañan su elaboración. Así lo señala Ricardo Negrete, gerente de la Fábrica de Quesos de la Escuela Agrícola Cerrito, al destacar que las exigencias sanitarias abarcan desde el origen de la leche hasta cada etapa de manipulación y procesamiento.
En conversación con La Nación/Nación Media, explicó que no basta con contar con leche en buenas condiciones higiénicas, sino que todo el sistema productivo debe operar bajo máximos estándares sanitarios, tanto por una obligación normativa como por la necesidad de ofrecer productos confiables al consumidor.
En ese marco, la fábrica se encuentra actualmente en proceso de certificación internacional HACCP, un sistema de control de calidad e inocuidad ampliamente reconocido a nivel global. Esta decisión responde a la capacidad instalada alcanzada tras la reciente apertura de la planta, que opera desde hace aproximadamente dos años, y a la proyección de acceder a mercados externos. “Para exportar es imprescindible contar con certificaciones que avalen que los procesos cumplen con las exigencias internacionales”, sostiene Negrete.
PERSPECTIVA
Desde una perspectiva económica, la adopción de este tipo de certificaciones no solo beneficia a la empresa que las implementa, sino que contribuye a elevar el estándar del sector en su conjunto. El control riguroso de los procesos productivos reduce riesgos sanitarios, fortalece la trazabilidad y mejora la reputación de la producción nacional.

