Los bancos centrales deberían seguir más de cerca la evolución de los acontecimientos, ela­borar planes de contingencia y estar listos para suministrar abundante liquidez a las ins­tituciones financieras, sobre todo préstamos a las peque­ñas y medianas empresas, que pueden estar menos prepara­das para resistir disrupciones prolongadas. En algunos casos, y de manera temporal, puede ser aconsejable la tolerancia en la aplicación de las normas, señaló ayer el Fondo Monetario Internacional (FMI).

A través de Alejandro Werner, director del Departamento de Hemisferio Occidental del FMI, señala que el COVID-19 se está propagando con gran rapidez. Ya no se trata de una cuestión regional, es un reto que exige una respuesta inter­nacional. Los países de América Latina y el Caribe se han visto golpeados por la pandemia después que otras regiones, lo cual les brinda la oportunidad de aplazar la curva de contagio.

América del Sur se enfren­tará a una caída del ingreso por exportación, debido tanto al retroceso de los pre­cios de las materias primas como a la reducción de los volúmenes de exportación.

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La fuerte caída de los precios del petróleo golpeará con espe­cial fuerza a los países expor­tadores. El endurecimiento de las condiciones financieras afectará negativamente a las economías grandes e integra­das financieramente y a las que sufren vulnerabilidades sub­yacentes. Las medidas de con­tención adoptadas en varios países reducirán la actividad económica en los sectores de los servicios y la manufactura durante el próximo trimestre por lo menos, previéndose un repunte una vez que la pande­mia esté contenida.

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