Según el artículo publicado en el sitio de la institución por el director ejecutivo de la Fundación Paraguaya, Martín Burt, la pobreza multidimensional en Paraguay se puede acabar a corto plazo –5 años– si todos los sectores de la sociedad hicieran su aporte; es decir, si los 8.000 extensionistas familiares, que ya existen, apoyaran a 200 familias cada uno.
De esa forma se podrá alcanzar a las 1,6 millones de familias en situación de vulnerabilidad en el país, ya que la pobreza no es solo económica, sino multidimensional, y se presume que será más factible combatirla por cantidad de familias que por habitantes.
“Debemos aplaudir el crecimiento económico de los últimos años. Está documentado que los empleos productivos creados por el sector privado son responsables de la disminución de la pobreza en el campo y la ciudad. El problema que seguimos teniendo es que esta prosperidad no es compartida por un cuarto de la población del país”, señala en su escrito.
En cuanto a la pobreza y economía, refiere que está estancada en el 26% y padecen hambre unas 350.000 personas, por lo que la política de eliminación de pobreza deberá dejar de separar la política económica de la social por un lado, así como dejar de basarse en los individuos para basarse en las familias, ya que una sola persona no puede ser pobre, ya que lo es en familia.
Explica que la pobreza multidimensional no tiene que ver solo con los ingresos, ya que involucra a la vez a la situación del empleo, vivienda, infraestructura, salud, medio ambiente, educación, cultura, organización y participación ciudadana, así como el estado de ánimo y la motivación.
Para el director de la fundación, las actuales políticas sociales están desorientadas porque se enfocan de manera dispersa y descoordinada en los individuos y no en las familias. “Un programa de apoyo a la niñez, otro de prevención del embarazo adolescente por aquí, unos capacitando a jóvenes para el primer empleo y apoyando a los adultos mayores por allá, el programa Tekoporã, con lo que se fomentan las trampas de la pobreza al impulsar el asistencialismo sin empoderamiento”, resalta.
Al optar por la familia y no por los individuos del país como unidad de medida, el Gobierno podrá contar con un hilo conductor que guíe su política de eliminación de pobreza. Asimismo, al consultar con todas las familias podrá contar con un perfecto diagnóstico de la situación real de la población, alega.

