Representantes del sector productivo e industrial de la caña de azúcar señalaron la necesidad de enfocar un plan nacional para reactivar el rubro, especialmente adecuado a las necesidades de los pequeños agricultores, que es el segmento más vulnerable. El rubro tuvo una drástica caída desde que alcanzó un auge, allá por el año 2002, por factores referentes al mercado internacional y esta situación tuvo efectos muy negativos para el sector del pequeño agricultor, señalaron.

César Rodríguez (CR), Luis Jure (LJ) y Lilian Brítez de Rolón (LBR) abordaron la coyuntura del sector y las proyecciones y necesidades del rubro.

¿Cuál es la coyuntura del sector de la caña de azúcar?

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CR: estamos en un momento muy difícil porque dos años consecutivos de fuertes heladas se llevaron un buen porcentaje de la caña dulce y este factor se sumó a los bajos precios. Estos factores incidieron en la producción.

LJ: Los precios para los productores de caña no compensaron y muchos abandonaron el rubro. De unas 130.000 a 140.000 hectáreas que existían en el 2002, actualmente estaría en torno a las 30.000 hectáreas. Esto es debido a que no tenemos actualmente la salida que antes tenía el azúcar orgánico. Hubo industrias que fueron cerrando por algunas cuestiones arancelarias en el mercado internacional. Aparecieron competidores muy fuertes como Colombia, Cuba, India, que tienen un arancel cero en el mercado europeo. En cambio, Paraguay tiene que pagar un arancel y corre en desventaja a pesar de que es pionero en azúcar orgánico.

Hablando de una manera global, muchas veces uno no se da cuenta de las realidades. Esta situación de hoy ya estaba predicha desde hace rato. Tanta fue la bonanza del azúcar orgánico y el precio de la caña dulce llegó a 220.000 guaraníes la tonelada (2010 al 2012) y la gente plantó mucho y se endeudó.

LBR: Las personas que producen menos de 20 hectáreas eran los que llevaban el efectivo al campo. La producción de caña de azúcar era renta pura para los productores porque era diversificar su producto. Ellos cultivaban los rubros para consumo y la caña representaba el ingreso. O sea que el impacto negativo se dio especialmente en el segmento del pequeño cañicultor.

¿Qué necesidades se tienen en el sector?

CR: Hay que tener en cuenta las dos aristas; una es la caña dulce como rubro de renta para el pequeño agricultor y otra es la conformada por los grandes productores y los ingenios industriales que tienen su propia plantación de caña dulce. El rubro para el pequeño agricultor tiene un efecto multiplicador tremendo porque implica mano de obra a toda una cadena. Entonces tenemos que reactivar de nuevo esta cadena.

LJ: Las realidades de los pequeños agricultores y los grandes son muy distintas. La seguridad que se tiene que dar al pequeño agricultor es muy distinta, el grande tiene forma de prever más las situaciones del libre mercado. El pequeño no puede estar supeditado al libre mercado y se tiene que entender a profundidad y hacer un plan real para que este rubro vuelva a ser sostén. El sector más sensible es el pequeño agricultor y si no le creo un marco y piense en él a largo plazo le estoy condenando a fracasar.

Tiene que haber un plan a largo plazo y crear un mercado interno seguro y sostenible para el pequeño agricultor. Se necesita mercado seguro y a largo plazo. La sostenibilidad de precios es fundamental. El precio hoy en día está fijado a los factores del mercado internacional. Se necesita blindar el precio de la caña dulce para los pequeños agricultores.

LBR: Necesitamos un plan nacional y se debe hacer este proyecto. El Gobierno tiene que ver qué tiene que hacer para que los pequeños vuelvan a cultivar porque mercado va a haber y también habrá precios. El Gobierno tiene que proyectar por lo menos a 10 años de plazo y hacer bien el trabajo.

Hoy en día el Gobierno y los industriales tienen que volver a motivar a los productores. El Gobierno tiene que proveer de semilla mejorada porque no puede ser que los cañicultores tengan que producir 30 a 40 toneladas por hectárea; mientras que en otros países se produce unas 70 a 80 toneladas.

¿Cuál es la situación financiera de los pequeños productores?

LBR: Los pequeños productores, que tienen menos de 20 hectáreas, dejaron de cultivar caña dulce por diversos factores de mercado como precios y falta de colocación. Ellos dejaron de recibir una renta pura porque la caña dulce era lo que le daba la rentabilidad y dejó de haber circulante de dinero y ellos dejaron de pagar a sus financieras y a sus bancos.

Hoy en día se necesita de caña dulce, el pequeño productor tiene que volver a cultivar porque primero se necesita para forrajes para la producción pecuaria y segundo para volver a tener materia prima.

LJ: La exportación de azúcar orgánica bajó, el precio del maíz bajó y la caña dulce como cultivo, que no es capital o pertenencia de una industria, tendió a fracasar y a ser olvidada. El campesino fracasó con su cultivo.

¿Qué porcentaje de la capacidad industrial cubre hoy en día la producción?

LJ: Estamos actualmente con una deficiencia de caña de azúcar, solamente hablando del consumo de azúcar blanca para el mercado interno. No estamos quizás en condiciones de cubrir totalmente el mercado interno, aunque hoy en día no se va a sentir porque estamos en épocas de producción, pero seguramente se va sentir en enero o febrero.

LBR: Si el 2012 fue el 100%, hoy en día se puede hablar de un 30%, esa fue la caída de la producción. Necesitamos por lo menos el 60% para poder nivelar la situación de mercado. Se tiene que duplicar o triplicar la producción.

CR: estamos en conversaciones con el Centro Azucarero para impulsar un plan nacional para mejorar la semilla, los rendimientos y la producción. Queremos enfocarnos en los pequeños productores. Hoy en día hay créditos a largo plazo con una tasa del 8 al 10% y esta ventaja antes no teníamos.

Tenemos mucha esperanza con el proyecto de los azucareros y nos vamos a acoplar a ello. Hay esperanzas para que se pueda impulsar el rubro desde el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG). No va a haber crisis de la caña dulce en la medida en que tengamos buenos rendimientos, un buen producto y mercado seguro a buenos precios.

LJ: Son políticas que hay que establecer y fijar una secretaría de la caña dulce dentro del MAG para enfocarla como un rubro de renta del pequeño agricultor y también para la producción de gran escala, de la cual se necesita también.

El agricultor paraguayo te va producir 80 toneladas por hectárea o más porque a medida que tenga un mercado y buenos precios, porque va a invertir en tecnología, va a hacer los cuidados culturales correspondientes, los controles de malezas, etc. El agricultor paraguayo, siempre y cuando tenga colocación de sus productos, va a mejorar su rendimiento agrícola. El problema principal va a seguir siendo el mercado. Actualmente hay bajo rendimiento porque los precios no compensan para invertir en las tecnologías en las fincas y renovar los cultivos como corresponde. Se necesitan reglas seguras en el mercado.

¿Cómo se puede entender el comportamiento de la cadena?

LJ: El clúster de la caña dulce está conformado por la producción, la industria y el comercio. Estos sectores no pueden subsistir sin los otros.

Al hablar de la caña dulce, en un mismo cultivo se tienen varios caminos a seguir como producir para la industria alcoholera, para las azucareras o a la producción de miel y caña. En un mismo cultivo yo puedo tener un sistema de producción y un costo que tengo que salvar. Cuando las industrias azucareras tienen un año en el que los precios no cierran y sobra materia prima nos afecta directamente. La industrias azucareras y alcoholeras estornudan y nosotros ya estamos engripados. Como gremio de la caña no estamos en condiciones de contrarrestar los vaivenes del mercado y el alcohol está supeditado de nuevo al precio del maíz; es decir, cuando uno habla de etanol el 80% es a base del maíz actualmente. Con el precio actual conviene más hacer alcohol a base de maíz.

La caña dulce no se puede almacenar y vender al año siguiente como se puede hacer con el maíz y la soja. Esto significa que la caña de azúcar está destinada a ser procesada inmediatamente después de la cosecha. Si el agricultor y la industria tienen que ganar siempre, va a haber un conflicto de intereses y cuando el precio y la demanda de la industria aumentan subirán los precios y cuando no hay demanda por parte de las industrias dejarán de comprar caña dulce y se viene la hecatombe para el agricultor, que es lo que pasó. Los 220.000 guaraníes por tonelada que se llegaron a pagar era una invitación a cultivar. En esa época la caña dulce se volvió un sostén del campesino.

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