El comercio electrónico está creciendo a pasos agigantados a nivel local y, por consiguiente, los ciberdelincuentes trabajan activamente para sacar una tajada al negocio. Un evento realizado en la jornada de este martes analizó las intenciones fraudulentas que se están desarrollando y la manera en que afecta a la industria, tanto económicamente, como en términos de confianza.
Esteban Ayala, especialista en Riesgos y Gestión del Fraude de la firma Bancard, explicó que el desafío para los comercios consiste en mantener altos estándares de seguridad sin descuidar la experiencia del usuario, una variable de gran preponderancia en el ámbito del ecommerce.
El ejecutivo recordó que la pandemia de 2020 significó un punto de inflexión en el negocio, ayudó al proceso de digitalización y, por ende, la expansión de las operaciones. En ese contexto, de vigoroso dinamismo, los ciberdelincuentes están trabajando intensamente en idear estrategias de vulneración.
Sobre lo mencionado, indicó que, por ejemplo, a nivel local ya se detectaron ataques masivos para derribar servidores y luego sacar algún tipo de rédito, además de vulneraciones a plataformas de comercio electrónico. Valoró que mecanismos de control, que van más allá de lo tecnológico, puedan conformarse como una nueva capa de seguridad, como es el caso del establecimiento de ciertas “zonas rojas” desde las cuáles se hacen ciertos pedidos y que evidencian que algo malo pueda ocurrir desde allí.
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¿Dónde nace el fraude?
Desde el lado del usuario, se preguntó “¿cómo nace el fraude?” a lo que sumó que eso evidentemente se da antes de consumarse la acción. “Se origina en el canal ecommerce o digital desde que el defraudador está realizando una campaña de phishing para obtener esos datos que luego van a ir a los comercios”, dijo en el evento que fue denominado Fenicio eShow 2026 y que analizó diferentes aristas del comercio electrónico local.
Ayala agregó que hoy en día se puede hablar de estructuras fraudulentas, en las que un grupo se encarga de conseguir los datos de los usuarios, otros de vender esa información, mientras que una tercera agrupación se encarga de promocionar los registros realizados.