En varias de las principales zonas productoras del país, el exceso de humedad impidió el ingreso de las cosechadoras a los cultivos y dejó en pausa la recolección de maíz. Foto: AFP
Lluvias frenan la cosecha de maíz y genera preocupación por la calidad de la producción
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En varias de las principales zonas productoras del país, el exceso de humedad impidió el ingreso de las cosechadoras a los cultivos y dejó en pausa la recolección de maíz, generando preocupación entre los productores por el posible impacto sobre la calidad del grano y el cumplimiento del calendario agrícola.
De acuerdo con el informe semanal de la Unión de Gremios de la Producción (UGP), representantes de las Coordinadoras Agrícolas del Paraguay (CAP) señalaron que las precipitaciones no solo mantienen saturados los lotes de cultivo, sino también los caminos de acceso, dificultando el movimiento de la maquinaria y retrasando las tareas de cosecha. El problema trasciende la demora operativa. Los agricultores advierten que, si las condiciones climáticas persisten, la producción podría sufrir un deterioro en su calidad.
El presidente de la CAP regional Caaguazú, Flaminio Núñez, explicó que varios días consecutivos de lluvias y escasa radiación solar crean un ambiente propicio para el desarrollo de hongos en las espigas de maíz, situación que podría reducir la calidad comercial del cereal y afectar su valor en el mercado.
La preocupación también alcanza a otros cultivos. La representante de la CAP regional Itapúa, Blanca Saiki, indicó que el sorgo, utilizado tanto como cultivo comercial como de rotación y abono verde antes de la siembra de soja, también podría verse afectado por el exceso de humedad.
Señaló que en la zona de Colonias Unidas todavía queda una importante superficie de maíz y sorgo por levantar y expresó la expectativa de que las condiciones climáticas mejoren para concluir la cosecha.
Asimismo, recordó que las proyecciones climáticas anticipan un período influenciado por el fenómeno de El Niño, lo que podría mantener un patrón de lluvias frecuentes durante los próximos meses.
En Caaguazú, uno de los principales departamentos productores de maíz, la cosecha había alcanzado cerca del 50 % del área sembrada antes de las últimas precipitaciones. Sin embargo, el técnico de la UGP, Manuel Ocampos, advirtió que nuevos episodios de lluvia podrían prolongar los retrasos y afectar la planificación de las labores agrícolas posteriores.
La campaña arrocera 2026/27 inició con un importante retraso debido a las lluvias registradas en las últimas semanas, que dificultaron la preparación de los suelos y el ingreso de maquinarias a los campos. En la primera semana de setiembre, el avance de la siembra llegaría entre el 10% y el 15%, todavía por debajo del ritmo habitual para esta época.
El ingeniero agrónomo Reinerio Franco, vicepresidente de la Federación Paraguaya de Productores de Arroz (Feparroz) y secretario de la Cámara Paraguaya de Industriales de Arroz (Caparroz), explicó que normalmente entre el 15 y el 31 de agosto se concreta entre el 20% y el 30% del área prevista.
Sin embargo, a finales de agosto, el avance no alcanzaba el 3%. Si bien las condiciones mejoraron y permitieron retomar los trabajos, parte de las parcelas podría quedar fuera de la ventana óptima de siembra, con posibles efectos sobre el rendimiento.
La expectativa del sector se mantiene en unas 210.000 hectáreas, aunque la superficie final dependerá de la evolución del clima durante las próximas semanas y del comportamiento de El Niño.
El productor también alertó sobre una posible mayor presión de enfermedades, por lo que recomendó reforzar el monitoreo y realizar los tratamientos de manera oportuna. El manejo del agua será otro factor clave ante las lluvias, con la necesidad de contar con sistemas de drenaje adecuados.
A este escenario se suma un aumento de entre 15% y 20% en los costos de producción, principalmente por el encarecimiento de fertilizantes y defensivos. El costo por hectárea se ubica entre US$ 1.300 y US$ 1.600, según el nivel tecnológico.
Pese a las dificultades, el sector mantiene expectativas favorables sobre los precios, ante la posibilidad de una menor producción regional de arroz que reduzca la oferta en el Mercosur.
En Itapúa aprovechan la humedad del suelo para iniciar la siembra de soja
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La Unión de Gremios de la Producción (UGP), informó que productores de Itapúa ya se encuentran en plena siembra de soja. La campaña fue lanzada unos días atrás y se espera llegar a las 11,5 millones de toneladas de granos. Los trabajadores del campo se encuentran aprovechando las últimas lluvias que dejaron buenas condiciones de humedad en los suelos del sur del país, dio a conocer la UGP a través de su boletín semanal.
Con las máquinas nuevamente en las parcelas, el sector encara el inicio de la campaña con optimismo y buenas perspectivas productivas. Si bien, el temporal y la caída de granizos ocasionaron daños puntuales en cultivos de hortalizas y trigo, las precipitaciones favorecieron el inicio de la siembra de soja y girasol, cita el texto.
“El clima está súper bien y con mucha humedad en la tierra. Nos adelantamos al inicio de siembra porque aprovechamos las lluvias”, manifestó Blanca Saiki, representante de la Coordinadora Agrícola del Paraguay (CAP), Itapúa.
Por su parte, el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), a través de la Dirección de Meteorología e Hidrología y la Unidad de Gestión de Riesgos (UGR), emitió un Boletín de Pronóstico de Lluvia para los días miércoles 09, jueves 10 y viernes 11 de setiembre de 2026.
Sobre las condiciones para la siembra de soja, el reporte señala que existen condiciones favorables de humedad en el suelo y temperaturas óptimas para la germinación. Se aconseja aprovechar las ventanas de buen tiempo, especialmente el sábado 12, debido a una menor probabilidad de lluvias intensas hacia el viernes en algunas zonas.
Genética y adaptación: la apuesta del IPTA para la soja paraguaya
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El Instituto Paraguayo de Tecnología Agraria (IPTA) trabaja en investigación y mejoramiento genético para el desarrollo de variedades de soja adaptadas a las condiciones climáticas del país.
Investigación y adaptación pensadas en el clima. En un escenario en el que las condiciones climáticas están cambiando, la genética gana protagonismo en la agricultura. Para el Instituto Paraguayo de Tecnología Agraria (IPTA), contar con un banco de germoplasma y avanzar en el desarrollo de variedades adaptadas constituye una de las principales herramientas para acompañar al productor.
Así lo explicó Crisanta Rodas, ingeniera agrónoma y directora de Transferencia de Tecnología del IPTA, durante el lanzamiento de la siembra de soja 2026 organizado por la UGP. La institución es la encargada oficial de realizar investigaciones para los sectores agropecuario y forestal, con el objetivo de proveer soluciones tecnológicas al sector productivo.
Crisanta Rodas, ingeniera agrónoma y directora de Transferencia de Tecnología del IPTA. Foto: Mariana Díaz
En el caso de la soja, las investigaciones se desarrollan principalmente en el Centro de Investigación de Capitán Miranda, además de experimentaciones realizadas en las distintas zonas agroecológicas del país. El objetivo es evaluar el comportamiento de diferentes materiales y proveer variedades que respondan mejor a las condiciones de cada región.
Las líneas centrales de trabajo es la genética. El IPTA cuenta con un banco de germoplasma que comenzó a conformarse con materiales provenientes de distintas variedades. En este proceso tuvo un papel importante la cooperación de Japón, considerando que la soja no es originaria de la región, sino de Asia.
A partir de estos materiales se realizan evaluaciones y cruzamientos dentro de los programas de mejoramiento genético. La búsqueda apunta a obtener variedades adaptadas a las condiciones climáticas, con tolerancia a enfermedades y capacidad de enfrentar ataques de insectos, siempre acompañadas por las medidas de protección correspondientes.
El objetivo es evaluar las distintas materias y adaptarlas a las necesidades. Foto: Gentileza
Pero el desafío va más allá del rendimiento actual. La adaptación adquiere especial relevancia ante el cambio en las condiciones climáticas. Según Crisanta, el banco de germoplasma permite conocer la variabilidad disponible y evaluar cuáles materiales pueden presentar un mejor comportamiento frente a escenarios de incremento de temperatura.
De esta manera, la investigación busca anticiparse a los cambios y poner a disposición del productor herramientas genéticas que permitan sostener la productividad de la soja en diferentes escenarios.
La cosecha de mandioca prevista para octubre de 2026 ya tiene pedidos anticipados entre la comunidad migrante, que busca conservar en la mesa los sabores de su tierra. Foto: Gentileza
De la tierra paraguaya a las mesas de Japón: cultivan mandioca y maíz para mantener vivo el sabor de casa
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A más de 18.000 kilómetros de Paraguay, compatriotas radicados en Japón cultivan mandioca y maíz, producen almidón y hasta elaboran queso paraguayo. La cosecha de mandioca prevista para octubre de 2026 ya tiene pedidos anticipados entre la comunidad migrante, que busca conservar en la mesa los sabores de su tierra.
La distancia no logró borrar el sabor de Paraguay. En distintas regiones de Japón, compatriotas encontraron una manera de mantener cerca las comidas con las que crecieron: sembrando, cosechando y elaborando en suelo japonés algunos de los ingredientes que sostienen la gastronomía paraguaya.
Mandioca, maíz, almidón y queso paraguayo forman parte de una producción que nació de una necesidad concreta de la colectividad: conseguir los productos necesarios para preparar sopa paraguaya, chipa, mbejú y otras comidas tradicionales lejos del país.
La historia fue recogida por Miryan Megumi Kumagai Yamashita, dirigente de la colectividad paraguaya en Japón y autora del libro “Paraguay, sabor de mis recuerdos, aromas que llegan al corazón”, escrito íntegramente en japonés.
Durante la investigación para su obra, Megumi descubrió que detrás de muchos de los alimentos que llegan a las mesas paraguayas en Japón existe el trabajo de compatriotas que decidieron producirlos allí. “Muchos paraguayos no quieren perder las costumbres ni los sabores con los que crecieron. Por eso se fueron desarrollando emprendimientos para cultivar y producir alimentos típicos”, relató durante una entrevista concedida a los medios del Estado desde Tokio.
La mandioca que viaja de Itapúa a Japón
Uno de los productos más buscados es la mandioca. La cosecha se concentra tradicionalmente en octubre y la demanda de la comunidad paraguaya es tal que los productores ya comenzaron a recibir reservas para la próxima temporada.
La comercialización se realiza principalmente a través de redes sociales y grupos de compatriotas. Uno de los anuncios difundidos recientemente ofrece mandioca “de Itapúa, fresca en Japón, cosechada en octubre de 2026” y resume el recorrido del producto con una frase: “Directo de la tierra a tu mesa”. La disponibilidad es limitada y los pedidos se realizan con anticipación para asegurar una parte de la cosecha.
El producto tiene además un valor considerable en el mercado japonés. De acuerdo con Megumi, el precio ronda los US$ 5 por kilogramo, unos G. 30.000, aunque para los compradores paraguayos el costo no necesariamente es el principal factor.
La mandioca permite volver a preparar en familia una comida conocida, recuperar sabores de la infancia y, especialmente para quienes nacieron en Japón, mantener un vínculo con una cultura que conocen muchas veces a través de la cocina.
Paraguayos radicados en diferentes zonas de Japón también cultivan maíz utilizado en preparaciones tradicionales. Foto: Gentileza
La producción tampoco se limita a la mandioca. Paraguayos radicados en diferentes zonas de Japón también cultivan maíz utilizado en preparaciones tradicionales. Parte de la mandioca, además, es procesada para obtener almidón, uno de los ingredientes fundamentales de la chipa y el mbejú.
Así, una cadena que comienza en los cultivos termina en las cocinas de las familias paraguayas. La producción local permite acceder a ingredientes que durante años fueron difíciles de conseguir y reduce la dependencia de productos enviados desde Paraguay.
Del cuajo al queso paraguayo
Uno de los mayores desafíos fue reproducir el queso paraguayo, indispensable para varias de las recetas más tradicionales. La solución también llegó de la mano de los propios compatriotas. Según relató Megumi, algunos emprendedores llegaron a llevar cuajo para intentar reproducir el proceso tradicional y obtener un queso con características similares al que se consume en Paraguay.
“Llegaron incluso a llevar el cuajo para poder hacer el queso con las mismas características que conocemos en Paraguay”, contó.
Actualmente, algunos productores elaboran queso paraguayo por encargo y lo ofrecen a través de redes sociales y grupos de la colectividad. De esta manera, las familias pueden preparar sopa paraguaya, chipa o mbejú utilizando productos elaborados en Japón, pero siguiendo recetas y métodos heredados de Paraguay.
Una cocina que también conserva identidad
La investigación de Megumi comenzó con el objetivo de acercar la gastronomía paraguaya al público japonés, pero terminó revelando una historia más amplia: la manera en que los migrantes utilizan la comida para conservar su identidad.
La primera edición de “Paraguay, sabor de mis recuerdos, aromas que llegan al corazón”, con 850 ejemplares, se agotó por completo. Detrás de las recetas quedaron también las historias de agricultores, cocineros y emprendedores paraguayos que encontraron en Japón una nueva tierra para sembrar productos de su país.
Mandioca que vuelve a crecer en suelo japonés, maizales cultivados por compatriotas, almidón producido para preparar chipa y queso elaborado artesanalmente forman parte de una pequeña cadena que mantiene conectado a un país con su comunidad migrante. A miles de kilómetros de Paraguay, la identidad también se cultiva. Y muchas veces, llega a la mesa.