La mandioca, uno de los alimentos más emblemáticos de la mesa paraguaya, atraviesa un deterioro en su calidad y productividad que impacta tanto en productores como en consumidores. Así lo señaló el ingeniero agrónomo Moisés Vega Villalba, técnico especialista agrícola, quien en conversación con La Nación/Nación Media advirtió que el rubro requiere un cambio urgente en su manejo para revertir la tendencia.

El profesional explicó que la caída en los rendimientos y la calidad de las raíces se traduce en menores ingresos para los productores y en un producto final que no cumple con los estándares esperados por el consumidor. “Hoy se observa una mandioca con menor carga de raíces, problemas de textura, cocción irregular y menor sabor, lo que genera reclamos en los mercados”, sostuvo.

Vega recordó que décadas atrás la producción se caracterizaba por ofrecer una calidad aceptable a buena, favorecida por mejores condiciones de suelo, menor presión de plagas y una mayor estabilidad climática. Sin embargo, el escenario actual cambió significativamente debido a la degradación de los suelos, el avance de enfermedades y la mayor variabilidad climática.

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“Mantener una calidad medianamente aceptable hoy implica aplicar un proceso técnico más exigente, que va desde el manejo del suelo hasta la poscosecha”, afirmó el especialista. Foto: Roberto Zarza

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Entre las principales recomendaciones, destacó la necesidad de recuperar la fertilidad del suelo, mejorar la selección y tratamiento del material semilla, utilizar variedades más estables, ajustar la densidad de siembra y aplicar un manejo integrado de malezas, plagas y enfermedades. A esto se suma la importancia de optimizar los procesos de cosecha, clasificación y transporte.

Vega señaló que experiencias en distintas zonas del país demuestran que la incorporación de tecnología, como mecanización, fertilización adecuada y prácticas conservacionistas, permite alcanzar rendimientos de hasta 40 toneladas por hectárea en ciclos de 9 a 12 meses, con una calidad de raíces más estable y mayor aceptación en el mercado.

Asimismo, advirtió que las prácticas tradicionales, si bien fueron válidas en su momento, hoy resultan insuficientes frente a los nuevos desafíos productivos. “Las condiciones cambiaron: suelos más agotados, mayor presión de plagas y eventos climáticos más extremos obligan a actualizarse”, subrayó.

En cuanto a los factores climáticos, mencionó que la sequía prolongada provoca estrés hídrico y caída en la producción, mientras que el exceso de lluvias favorece enfermedades que afectan la carga de raíces. A su vez, fenómenos como granizo y vientos fuertes generan daños estructurales que impactan directamente en la calidad final del cultivo.

El control de malezas también aparece como un punto crítico, su crecimiento agresivo puede reducir el rendimiento. Foto: Archivo

Finalmente, insistió en que la mejora del rubro no será automática. “La única forma de avanzar es adoptar tecnología y mejorar las prácticas de manejo. Si no se toman decisiones, la situación seguirá deteriorándose”, concluyó.

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