Lourdes Pintos

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Cuando hablamos de Río de Janeiro, uno de los destinos preferidos de los paraguayos a la hora de salir de vacaciones, lo primero que se nos viene a la mente es playa, arena tibia y un sol radiante típico del Atlántico. Pero durante cinco días, la “Cidade Maravilhosa” se mostró distinta, con cielo gris, lluvias intermitentes y el mar como telón de fondo más que como protagonista.

Lejos de arruinar la experiencia, el clima terminó revelando la otra cara de la ciudad, una que se disfruta entre miradores, museos, gastronomía, música, baile y barrios llenos de historia.

Bajo esa perspectiva, un grupo de periodistas de Paraguay realizó un tour por Río de Janeiro, que incluyó algunos de los sitios más representativos, combinando paisajes icónicos, espacios culturales y experiencias ligadas a la historia y la identidad carioca. El itinerario invita a mirar Río desde otro ángulo, más allá de la tradicional postal de playa. La Nación estuvo allí, captando toda esa experiencia.

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Durante cinco días, la “Cidade Maravilhosa” se mostró distinta, con cielo gris, lluvias intermitentes y el mar como telón de fondo más que como protagonista. Foto: Lourdes Pintos

Entre nubes, Río sigue brillando

Aunque el cielo se presentó cubierto y la lluvia diariamente regaba la ciudad, Río no perdió su encanto, simplemente cambió de ritmo. Lejos del bullicio de la playa y el sol intenso, esta versión fue más introvertida, los paisajes resaltaban en su máximo esplendor y cada rincón invitaba a ser descubierto con otra mirada.

Además de sus playas mundialmente conocidas, Río de Janeiro también se presenta como una ciudad de contrastes, donde la naturaleza y la urbanización conviven en perfecta armonía. Sus paisajes imponentes invitan a descubrir sitios que se destacan por su historia, la cultura y una geografía privilegiada.

Uno de ellos es el Pan de Azúcar, con vistas panorámicas que ya se pueden apreciar incluso desde el teleférico. La experiencia se transforma en la cima, mirando el atardecer desde la Embaixada Carioca, saboreando sus tragos y menús mientras la tarde tiñe a la ciudad.

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El Pan de Azúcar ofrece vistas increíbles que ya se pueden apreciar incluso desde el teleférico. Foto: Lourdes Pintos

No podemos dejar atrás al emblemático Cristo Redentor. Llegar hasta él es apreciar, durante el viaje en tren, las magníficas postales que nos regala la selva, para finalmente verlo allí, abrazando la ciudad desde las alturas.

A esto se suma la calma del Jardín Botánico, un refugio natural que permite conectar con la biodiversidad en medio de la urbanización, cada rincón ofrece una experiencia única e inolvidable.

El Jardín Botánico es un refugio natural que permite conectar con la biodiversidad en medio de la urbanización de Río de Janeiro. Foto: Lourdes Pintos

Recorrer estos lugares es adentrarse en el alma de Río y aunque la lluvia se robe el protagonismo, sus playas son una verdadera joya que no podemos dejar de visitar. El Jeep Tour por las principales playas de Barra da Tijuca es la propuesta ideal para apreciar ese paisaje.

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El Jeep Tour por las principales playas de Barra da Tijuca es una de las propuestas preferidas de los turistas. Foto: Lourdes Pintos

Historia viva y experiencias inmersivas

Río de Janeiro también sorprende en el ámbito cultural. En el corazón del centro histórico, el Real Gabinete Portugues de Leitura, considerado una joya viva por su estructura arquitectónica, nos transporta a otra época. Sus amplias estanterías invitan a perderse entre libros e historia, ya que es uno de esos espacios donde el tiempo parece detenerse.

Sin embargo, la experiencia cultural también se proyecta hacia el futuro. En el Museu do Amanhã, la propuesta va más allá de lo tradicional. A través de instalaciones interactivas y recursos tecnológicos, el visitante se sumerge en un recorrido sensorial que invita a reflexionar sobre el futuro del planeta.

Se trata de un viaje hacia un mundo posible, donde la ciencia, la innovación y la conciencia ambiental se combinan en una experiencia inmersiva verdaderamente sorprendente.

El Real Gabinete Portugues de Leitura, considerado una joya viva por su estructura arquitectónica. Foto: Lourdes Pintos

Gastronomía: el alma de una ciudad que se degusta

En estos cinco días, la gastronomía se convirtió en una de las grandes protagonistas del recorrido. En cada parada, Río de Janeiro propuso una experiencia donde los sabores iban de la mano con la historia, la mezcla cultural y la vida cotidiana.

Desde platos tradicionales hasta contemporáneos, la cocina carioca refleja su propia identidad. Ingredientes locales, técnicas heredadas y una marcada creatividad se combinan para dar forma a variadas propuestas.

La primera parada fue Assador, un restaurante de carnes que ofrece al público los mejores cortes seleccionados, directos desde el fuego a la mesa; además de tradicionales tragos como la caipiriña y los infaltables postres. Cada plato está pensado para complacer a los paladares más exigentes.

Assador es un restaurante de carnes que ofrece al público los mejores cortes seleccionados, directos desde el fuego a la mesa. Foto: Gentileza

Siguiendo el recorrido gastronómico, nos encontramos con un rincón que combina tradición y sofisticación con un aire más relajado: Trattoria Alloro, en el hotel Windsor Tower, de Barra da Tijuca.

El lugar invita a disfrutar de pastas artesanales y pizzas de fermentación natural, donde cada plato lo preparan con cuidado y creatividad, desde la frescura de una Caprese Alloro hasta el sabor intenso del tournedó de filete Rossini.

Un rincón que combina tradición y sofisticación con un aire más relajado: Trattoria Alloro, en el hotel Windsor Tower, de Barra da Tijuca. Foto: Gentileza

Ir a Alloro, además del buen comer, es vivir una experiencia que celebra el sabor, la tradición y la innovación en cada detalle.

Pero si lo que desean es compartir con amigos, saborear un delicioso menú acompañado de tragos y una vista encantadora, Maguje es la propuesta ideal; propone un ambiente acogedor para que cada encuentro sea un momento especial.

Maguje propone un ambiente acogedor para que cada encuentro sea un momento especial. Foto: Lourdes Pintos

Largas filas aguardando ingresar, confirman que la Confitaría Colombo es una de las favoritas de los turistas. Sus vitrales, espejos, el ascensor, la convierten en un lugar con glamour y elegancia, desde 1894.

Sentarse allí es hacer una pausa y disfrutar de clásicos como el café con leche, acompañado de su ya tradicional pastelería artesanal, la preferida de quienes la visitan. Colombo es el tipo de lugar donde no hay cabida para el apuro.

Largas filas aguardando ingresar, confirman que la Confitaría Colombo es una de las favoritas de los turistas. Foto: Lourdes Pintos

Por otro lado, Sabores de Gabriela propone un recorrido completamente distinto, pero igual de auténtico. Inspirado en la esencia de Bahía, este espacio celebra la cocina brasileña con platos tradicionales como moqueca, acarajé, mariscos y muchos otros ingredientes que conectan con las raíces afrobrasileñas.

Más que una pausa entre actividades, cada comida es una invitación a entender Río desde otro lugar: el de sus mesas, sus aromas y esa calidez tan característica que transforma cualquier plato en una experiencia compartida.

Sabores de Gabriela propone un recorrido completamente distinto, pero igual de auténtico. Foto: Gentileza

Entre samba y escenario

Río no baja el telón ni siquiera de día. La ciudad ofrece experiencias para todos los gustos y una de ellas es el Carnaval Experience, una propuesta que nos lleva a descubrir el detrás de escena del carnaval más famoso del mundo.

Entre trajes deslumbrantes, samba, carrosas y relatos, el visitante no solo observa, sino que se vuelve parte de ese universo donde se mezclan el color y la pasión de las distintas escuelas.

La ciudad ofrece experiencias para todos los gustos y una de ellas es el Carnaval Experience. Foto: Lourdes Pintos

Pero cuando el sol empieza a caer, la escena carioca se transforma, siempre manteniendo su intensidad. Sobresalen espacios como el Roxy Dinner Show, que ofrece gastronomía y un espectáculo de primer nivel, que celebra la música y la identidad brasileña.

El Roxy Dinner Show ofrece gastronomía y un espectáculo de primer nivel. Foto: Lourdes Pintos

A su vez, el Río Scenarium derrocha su encanto en una casona llena de historia, donde cada rincón vibra con samba en vivo, objetos antiguos, mucho show y bailes; es el lugar perfecto para despedirse de la ciudad y quedarse con la mejor de las experiencias y confirmando que en Río la esencia festiva no entiende de horarios.

Río Scenarium derrocha su encanto en una casona llena de historia. Foto: Lourdes Pintos

Conexión directa, experiencia completa

El viaje a Río de Janeiro empieza incluso antes de aterrizar. La posibilidad de volar de forma directa desde Paraguay a un precio ultra bajo y sin escalas, es posible con JetSMART, que cuenta con una flota regional de más de 50 aviones y fue reconocida por Skytrax en 2025 como la mejor aerolínea low cost de Sudamérica y por ch-aviation como la compañía con la flota más joven de la región por tercer año consecutivo.

Esto cambia por completo la experiencia, porque combina lo accesible con lo práctico, en un vuelo puntual y sin escalas, trasladando al turista desde el Silvio Pettirossi hasta el Aeropuerto Río Galeao, en menos de dos horas. Una puerta que se abre a escapadas más simples, pero igual de memorables.

Una vez llegado a destino, la estadía encuentra su equilibrio entre descanso y ubicación. En Barra da Tijuca, el hotel Radisson Barra ofrece una propuesta moderna y relajada, ideal para quienes buscan amplitud y tranquilidad cerca del mar.

En Barra da Tijuca, el hotel Radisson Barra ofrece una propuesta moderna y relajada. Foto: Gentileza

Sin embargo, la energía vibrante de Copacabana se vive de cerca en el hotel Windsor, donde cada jornada se siente parte de la postal carioca.

Detrás de cada experiencia se encuentra Visit Rio, que no solo invita a descubrir la ciudad, sino que la revela desde adentro, conectando al turista desde su propia esencia. En ese recorrido, nombres propios dejan huellas: como Gustavo, nuestro guía, que con conocimiento, calidez y un carisma contagioso transformó cada día en una historia viva.

Río de Janeiro no se resume solo en sol y arena, incluso bajo el cielo gris, la ciudad despliega su magia en cada rincón, sabor y en cada encuentro. Es un destino que se reinventa, abraza y sorprende.

Vista desde el hotel Windsor Barra. Foto: Gentileza

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