Las despensas siguen siendo uno de los pilares del comercio minorista en Paraguay y continúan sosteniendo a miles de familias en todo el país. Según estimaciones del sector, actualmente existen alrededor de 50.000 despensas distribuidas en diferentes ciudades y barrios, una cifra que refleja el peso de estos pequeños negocios dentro de la economía cotidiana.
En conversación con La Nación/Nación Media, Luis Ibarra, presidente de la Asociación de Despensas del Paraguay, explicó que esta cifra surge de estimaciones realizadas a partir de datos de grandes empresas distribuidoras que operan en el país.
Sin embargo, las estadísticas oficiales muestran una realidad más acotada. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE), el último censo identificó 21.880 familias que tienen a la despensa como su principal fuente de ingresos.
La diferencia entre ambas cifras se explica porque muchas despensas funcionan como una actividad complementaria dentro de los hogares. En muchos casos, estos pequeños comercios no representan el ingreso principal de la familia, sino un negocio adicional que ayuda a generar recursos.
“Hay muchas despensas que no están totalmente formalizadas o que funcionan como ingreso secundario para el hogar. Por ejemplo, cuando un miembro de la familia administra el negocio desde la casa”, explicó Ibarra.
Más allá de su tamaño, el sector continúa teniendo un rol importante en el abastecimiento cotidiano de los barrios. Las despensas forman parte del llamado canal tradicional de ventas, donde se comercializan principalmente productos de la canasta básica, alimentos, artículos de higiene y productos de limpieza.
En un contexto donde las grandes cadenas de supermercados y tiendas de conveniencia siguen expandiéndose, los pequeños comercios buscan adaptarse para mantenerse competitivos. Según Ibarra, una de las principales estrategias es incorporar nuevas formas de pago y ampliar los servicios disponibles para los clientes.
Hoy en día, muchas despensas ya cuentan con pagos mediante QR, transferencias bancarias, terminales de cobro electrónico o billeteras digitales, además de ofrecer servicios adicionales como pago de facturas o recarga de saldo para telefonía y transporte.
Sin embargo, el principal diferencial del comercio de barrio sigue siendo la cercanía con el cliente. La ubicación dentro de las comunidades permite a los vecinos realizar compras rápidas sin tener que desplazarse largas distancias, algo que se vuelve especialmente relevante en ciudades donde el tráfico y las cuestiones de seguridad influyen en las decisiones de consumo.

