La aplicación de sistemas de riego comienza a consolidarse como una herramienta estratégica para la economía agrícola, en un contexto marcado por la variabilidad climática y la necesidad de asegurar previsibilidad en la producción.

Así lo explicó Hugo Zarza, directivo del Instituto Paraguayo de Tecnología Agraria (IPTA), a La Nación/Nación Media, y señaló que el arroz es, hoy por hoy, el principal cultivo que utiliza riego de manera intensiva en Paraguay.

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En este caso, se emplea el sistema de riego por inundación, que consiste en cubrir completamente la parcela para permitir el desarrollo del cultivo, una práctica característica del arroz bajo riego.

“El riego permite previsibilidad en el campo, y eso es fundamental para una economía como la nuestra, que depende en gran medida del sector agropecuario”, sostuvo. En ese sentido, explicó que ya existen experiencias y pruebas en otros cultivos, como soja y maíz, aunque su adopción depende del análisis financiero y de la rentabilidad esperada por cada productor.

Costo

Desde el punto de vista económico, invertir en riego implica asumir costos relevantes, pero cada vez más accesibles. Según explicó el técnico del IPTA, en cultivos distintos al arroz, como aquellos que utilizan riego por goteo, la inversión puede ubicarse actualmente entre USD 1.000 y USD 2.000 por hectárea, dependiendo del sistema, la infraestructura requerida y la fuente de agua.

En el caso del arroz, el costo suele ser mayor, ya que requiere obras de infraestructura, bombeo y reservorios de agua.

Zarza destacó que el riego por goteo, que se alimenta desde reservorios y sistemas de bombeo, se ha vuelto más accesible que en el pasado, gracias a la adaptación tecnológica y a la reducción de costos. “Cuando estos sistemas comenzaron a implementarse, los precios eran mucho más elevados. Hoy siguen representando una inversión importante, pero son más viables”, precisó.

En cuanto al financiamiento, el técnico indicó que existen opciones de crédito agrícola disponibles a través de bancos, cooperativas y la Agencia Financiera de Desarrollo (AFD), lo que abre una ventana para que más productores puedan incorporar esta tecnología. La clave, insistió, está en evaluar correctamente los números y el retorno esperado de la inversión.

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