La producción de trigo en Paraguay mantiene su capacidad de autoabastecimiento y genera excedentes para la exportación, principalmente al Brasil, aunque el cultivo continúa condicionado por factores climáticos, sanitarios y de rentabilidad, explicó Rubén Sanabria, productor y vicepresidente de la Coordinadora Agrícola del Paraguay (CAP), en conversación con La Nación/Nación Media.

Asimismo, recordó que el impulso inicial del trigo se dio con el Programa Nacional del Trigo, durante la gestión del exministro Hernando Bertoni, logrando adaptar un cultivo propio de climas templados a condiciones tropicales y subtropicales, con fuerte apoyo tecnológico regional, especialmente de Brasil. Este proceso permitió el desarrollo de variedades nacionales, como las originadas en Itapúa y Canindeyú, y sentó las bases del crecimiento del rubro.

Actualmente, la producción nacional oscila entre 1 y 1,3 millones de toneladas, volumen que permite cubrir el consumo interno estimado entre 800.000 y 1 millón de toneladas y exportar el excedente al mercado brasileño. Este escenario contrasta con décadas anteriores, cuando el país dependía de importaciones de trigo y harina.

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Ing. Rubén Sanabria, vicepresidente de la Coordinadora Agrícola del Paraguay (CAP). Foto: Gentileza

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Superficie triguera creció 3,9 % en la campaña 2025

De acuerdo con datos del Instituto de Biotecnología Agrícola (Inbio), la superficie cultivada de trigo en la Región Oriental alcanzó 392.890 hectáreas en la campaña 2025, lo que representa un aumento de 14.687 hectáreas respecto a 2024, cuando se habían sembrado 378.203 hectáreas.

El crecimiento estuvo impulsado principalmente por departamentos como Caazapá, que registró un incremento de 11.579 hectáreas, Amambay con 5.332 hectáreas adicionales, Caaguazú con 3.350 hectáreas e Itapúa, que sumó 3.797 hectáreas. También se observaron avances en San Pedro y Misiones.

En contrapartida, se registraron reducciones en Alto Paraná, que sigue siendo el principal productor del país pero recortó 5.686 hectáreas, así como en Canindeyú, con una caída de 7.667 hectáreas, reflejando la cautela de algunos productores ante los riesgos climáticos y económicos.

Costos elevados y precios desincentiva al productor

El vicepresidente de la CAP advirtió que, pese a su importancia, el trigo es un cultivo altamente vulnerable a heladas y enfermedades, debido a las altas temperaturas y humedad del clima subtropical, lo que eleva los costos de producción por el mayor uso de tecnología y control sanitario.

Asimismo, señaló que uno de los principales reclamos del sector está vinculado a los precios que reciben los productores. Indicó que los molinos suelen ajustar los valores a la baja cuando cuentan con elevados stocks, una práctica que desincentiva la expansión del cultivo y afecta la rentabilidad, situación comparable a lo que ocurre en la cadena cárnica.

Finalmente, resaltó que el trigo no solo cumple un rol económico, sino también estratégico dentro del sistema productivo, al ser un cultivo clave para la rotación agrícola y para el desarrollo industrial de varias localidades del interior, donde la actividad molinera se convirtió en motor de crecimiento y empleo.

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