Pese a la reducción del área cultivada y de los volúmenes producidos en las últimas décadas, la mandioca continúa siendo un pilar de la agricultura familiar y una materia prima clave para la industria. Desde el Ministerio de Agricultura y Ganadería señalan que mejorar la productividad, calidad y tecnología será determinante para su sostenibilidad.
La producción de mandioca en Paraguay atraviesa una etapa de estancamiento con tendencia a la baja, marcada por la disminución del área cultivada y del volumen total producido, según datos comparativos de los censos agropecuarios de 2008 y 2022. Así lo señaló el especialista en producción de mandioca de la Dirección de Extensión Agraria (DEAg) del MAG, Moisés Vega, en conversación con La Nación/Nación Media.
De acuerdo con el técnico, la decisión de ampliar o reducir la superficie de siembra está condicionada principalmente por factores externos al productor, como la volatilidad de precios, la incidencia de plagas y enfermedades, y los eventos climáticos extremos. A esto se suma una decadencia productiva en términos de rendimientos inestables y una menor calidad de las raíces, lo que limita su competitividad tanto para consumo humano como para uso industrial.
Pese a este escenario, la mandioca mantiene un rol estratégico dentro de la matriz productiva agrícola, especialmente como sostén de la agricultura familiar. “Sigue siendo alimento básico para el consumo diario y una alternativa de renta para miles de familias rurales”, explicó Vega. En términos productivos, el rubro se posiciona después de los granos y la caña de azúcar, tanto por área cultivada como por volumen, y hasta hace poco Paraguay llegó a ubicarse como el cuarto mayor exportador mundial de almidón de mandioca.
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Productividad y calidad, los grandes desafíos
Entre los principales desafíos que enfrenta hoy el sector se destacan el aumento de la productividad, la mejora de la calidad de las raíces para distintos mercados y usos, y la adopción de tecnologías e insumos adecuados. Asimismo, el manejo oportuno de plagas, enfermedades y adversidades climáticas, como pudriciones radiculares, virosis, sequías, heladas o excesos de lluvia, se presenta como una de las principales amenazas a la estabilidad del cultivo.
En cuanto a la calidad del producto, el especialista señaló que esta depende de múltiples factores, entre ellos el manejo del suelo, las condiciones climáticas, la genética del material utilizado y las prácticas agronómicas. Una preparación adecuada del suelo, su enriquecimiento orgánico-mineral y un control eficiente de malezas y enfermedades inciden directamente en el rendimiento y en la calidad final de las raíces cosechadas.
Vega subrayó, además, la importancia del uso de materiales propagativos de calidad. Al tratarse de un cultivo de multiplicación vegetativa, el uso inadecuado de estacas favorece la transmisión y dispersión de plagas y enfermedades. “La aplicación estricta de técnicas para la producción de semillas certificadas o mejoradas es una inversión con impacto positivo a mediano y largo plazo”, afirmó.
Otro punto crítico es el manejo poscosecha y el transporte
La mandioca, por su alto contenido de agua, inicia rápidamente procesos de deshidratación y descomposición tras la cosecha. La exposición al sol, los golpes y la manipulación inadecuada aceleran el deterioro fisiológico conocido como “haporé”, afectando directamente la calidad comercial del producto.
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Apoyo técnico y valor agregado desde el sector público
Desde el sector público, el MAG impulsa acciones de asistencia técnica, distribución de insumos, manejo de suelo y mecanización en pequeña escala, además de proyectos orientados a agregar valor, como la producción de mandioca pelada, envasada al vacío y conservada en frío. En paralelo, el sector privado lidera el proceso de industrialización, con alrededor de 10 industrias almidoneras que procesan grandes volúmenes y exportan derivados a mercados de América, Estados Unidos y otros continentes.
Finalmente, el especialista sostuvo que para que la mandioca se consolide como un negocio rentable y sostenible, es clave avanzar en la tecnificación del cultivo, incrementar la productividad, recuperar la calidad de las raíces y contar con créditos diferenciados, además de un fuerte soporte técnico y la adopción de prácticas de agricultura conservacionista.

