La producción de semillas certificadas se consolida como un eslabón estratégico de la agricultura paraguaya. En diálogo con La Nación/Nación Media, Dólia Garcete, gerente de la Asociación de Productores de Semillas del Paraguay (Aprosemp), sostuvo que el sector encara el 2026 con optimismo, pero advirtió que la informalidad sigue siendo uno de los principales riesgos para la competitividad y la reputación exportadora del país.

En términos de impacto económico, la producción de semillas certificadas moviliza en promedio USD 70 millones anuales, sin incluir inversiones fijas de capital. De ese total, el 81 % corresponde a soja y el 19 % a trigo, a partir de la comercialización de 2.518.844 bolsas, volumen que cubre entre el 35 a 40 % de la demanda nacional de semillas para estos rubros.

Estructura del gremio y cultivos líderes

Actualmente, Aprosemp cuenta con 38 miembros activos, de los cuales 22 empresas y cooperativas participan directamente en la producción de semillas de soja y trigo. La soja lidera ampliamente la producción nacional de semillas, seguida por el trigo y, en menor escala, avena, arroz, canola, nabo forrajero, sésamo, algodón y especies forrajeras.

La contribución del sector va más allá del volumen, ya que la semilla certificada garantiza calidad genética y fisiológica, trazabilidad, cumplimiento de normas de campo y laboratorio, facturación legal y aporte tributario. Además, cada bolsa comercializada financia investigación y desarrollo (I+D), clave para generar nuevas variedades y mejorar la productividad a largo plazo.

Mercado interno y exportaciones puntuales

La comercialización es mayoritariamente interna, aunque existen exportaciones puntuales cuando países vecinos enfrentan problemas climáticos. En la última zafra, por ejemplo, se exportaron 2.000 bolsas de soja (40 kg) a Brasil. También se registran envíos con fines de investigación y desarrollo en cultivos como maíz, avena, canola y trigo.

La semilla de soja lidera la producción nacional. Foto: Gentileza

Inversión, innovación y adaptación climática

Un caso reciente es el de Agrofertil, que en 2024 invirtió USD 14 millones en una planta semillera con capacidad para producir 500.000 bolsas anuales, ilustrando la escala de capital requerida.

En paralelo, el sector avanza en un escenario dinámico de mejoramiento genético. Cada año se incorporan nuevos materiales con mejores rendimientos y adaptación a las condiciones locales. El gran desafío es desarrollar variedades capaces de producir eficientemente en el Chaco, dadas sus particularidades de suelo y clima.

Informalidad: un riesgo económico

Aprosemp advierte que la semilla informal o ilegal sigue siendo el principal escollo del sector. Aunque el circuito legal cubre hasta el 40 % de la necesidad de semillas de soja, el resto proviene de orígenes no controlados que no tributan, no aportan a I+D y compiten de forma desleal. El riesgo no es menor, pues sembrar semillas de procedencia desconocida puede comprometer la aceptación internacional de los productos derivados en mercados que exigen tecnologías aprobadas, y dañar la reputación exportadora del país.

Dra. Ing. Agr. Dólia Garcete, gerente general de la Asociación de Productores de Semillas del Paraguay (Aprosemp). Foto: Gentileza

“La semilla define el futuro de la cosecha”, subraya el gremio. La producción de semillas certificadas es una actividad lícita, regulada, exigente y estratégica, que tributa al fisco, impulsa la innovación y protege la competitividad de la agricultura paraguaya, concluyó Garcete.

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