Paraguay se consolida como el país con el menor precio de la energía eléctrica, tanto para el sector industrial como para el residencial en la región, según datos comparativos de Argentina en Datos (AED), en base a estimaciones de SEG Ingeniería. Esta ventaja competitiva vuelve a poner en el centro del debate el rol estratégico de nuestro país como proveedor de energía limpia, abundante y de bajo costo.

De acuerdo con el relevamiento, el precio de la energía eléctrica para el sector industrial en Paraguay se ubica en USD 41 por MWh, muy por debajo de países vecinos como Chile (USD 175), Uruguay (USD 142), Brasil (USD 117) y Argentina (USD 92). En el segmento residencial, Paraguay también lidera con un costo de USD 72 por MWh, frente a valores que superan ampliamente los USD 200 en Chile, Uruguay y Brasil.

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Ventaja estructural

Estos números reflejan una de las principales fortalezas estructurales de la economía paraguaya, su matriz energética basada casi exclusivamente en fuentes hidroeléctricas, con centrales binacionales que generan excedentes de energía limpia y renovable. Este factor permite mantener tarifas significativamente más bajas que el promedio regional, con impactos directos en la competitividad del país.

Para el sector productivo, el bajo costo de la electricidad es un insumo clave. Industrias electrointensivas, como las vinculadas a la manufactura, agroindustria, logística y servicios, encuentran en Paraguay un entorno atractivo para invertir y expandirse. En términos macroeconómicos, la energía barata actúa como un ancla de costos que contribuye a contener presiones inflacionarias y mejorar la productividad.

En el ámbito residencial, las tarifas eléctricas reducidas alivian el gasto mensual de los hogares paraguayos y mejoran el acceso a un servicio esencial. Mientras en otros países de la región el costo de la energía representa una carga creciente para las familias, en Paraguay se mantiene como uno de los componentes más bajos dentro de la canasta de servicios básicos.

Desafíos

No obstante, especialistas advierten que esta ventaja debe ser acompañada por mayores inversiones en infraestructura, transmisión y distribución, para garantizar la calidad del servicio y acompañar el crecimiento de la demanda. Además, se plantea el desafío de agregar mayor valor a la energía, promoviendo su uso en procesos industriales, tecnología y desarrollo productivo, en lugar de limitarse a la exportación de excedentes.

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