El crecimiento de la agroindustria paraguaya en los últimos años está generando un “efecto dominó” positivo en otros sectores productivos, especialmente en la cría de aves y cerdos. Este dinamismo no solo amplió la actividad primaria, sino que también abrió más puestos de trabajo, fortaleció polos de desarrollo y mejoró el ingreso de divisas y la recaudación fiscal.

La disponibilidad de harina de soja, subproducto clave de la industria aceitera y base para la elaboración de balanceados, fue el combustible que aceleró el crecimiento de la producción porcina, avícola y de otros rubros de ganado menor.

Según datos de la Cámara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (CAPPRO), el impacto económico es concreto, ya que en 2024, las exportaciones de carne porcina y aviar sumaron más de USD 47 millones. De ese total, USD 14 millones correspondieron al envío de 11.760 toneladas de carne de pollo, mientras que USD 33,5 millones provinieron de 11.960 toneladas de carne porcina enviadas al exterior.

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Diez años después de la instalación de nuevas industrias aceiteras en el país, los resultados son visibles. Hoy, el stock avícola alcanza los 31.375.000 ejemplares, entre pollos parrilleros, ponedoras, recría, reproductoras y plantas de incubación. En paralelo, el hato porcino se elevó a 1.890.000 cabezas, según datos del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).

La CAPPRO enfatiza que la harina de soja, por su alto valor proteico y su uso transversal en la nutrición animal, es un pilar para el desarrollo de industrias conexas, al igual que el aceite de soja, que continúa ganando terreno en sectores como biocombustibles, cosméticos y otros derivados industriales.

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