La creación de nuevas micro y pequeñas empresas (Mipymes) sigue creciendo en Paraguay, especialmente en el interior del país, donde abrir un negocio continúa siendo un proceso rápido y con escasas barreras burocráticas.

Sin embargo, esa facilidad inicial esconde un desafío mayor: la sostenibilidad. Así lo explicó a La Nación, Guillermina Imlach, presidenta de Asomipymes, al analizar la realidad de los emprendedores y los factores que explican por qué muchos proyectos no logran consolidarse en el tiempo.

Imlach expuso que, en el interior, la apertura de un emprendimiento suele depender prácticamente de la municipalidad. “Vos abrís y ya está. Después te vas formalizando por el camino”, señaló. Esta flexibilidad convierte al interior en un terreno fértil para iniciar un pequeño negocio, pero también en un entorno donde falta acompañamiento técnico, controles y mecanismos que incentiven la permanencia.

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De acuerdo con la titular de Asomipymes, los emprendimientos en el interior enfrentan un denominador común: son más sencillos de iniciar pero más difíciles de sostener durante el ciclo de vida empresarial, que idealmente debería ser de 99 años para una sociedad.

Sin embargo, la realidad muestra otra cosa. “Veo negocios que se abren cuando llega una industria cerca, el pueblo se mueve, pero dos o tres años después ya no están. No se sostienen”, dijo.

Las razones son múltiples y van desde la falta de planificación hasta factores personales que afectan directamente la continuidad. “Muchas veces se hace el emprendimiento solo por hacer, no porque realmente va a ganar plata. No se piensa en que debe ser sustentable, formalizarse o estructurarse como empresa”, sostuvo. Incluso sucesos familiares, como la enfermedad o el fallecimiento de un miembro clave, pueden hacer que un negocio cierre abruptamente.

En el área metropolitana, en cambio, la dinámica es distinta. Asunción y Central ofrecen mayor versatilidad, demanda más constante y un mercado más amplio para vender. Pero allí aparece otro problema estructural: la falta de capacidades comerciales. “Sabemos producir, sabemos administrar, pero no sabemos vender. Es una carencia nuestra”, afirmó Imlach. Esa debilidad impacta directamente en la sostenibilidad, incluso en zonas con más oportunidades.

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