Los factores climáticos de los últimos años, sumado a las fluctuaciones de precios, generaron un escenario de muchos desafíos para los productores, que desencadena en la disminución sucesiva del hato ganadero en el país. Ramiro Maluff, presidente de la Asociación Paraguaya de Productores y Exportadores de Carne (Appec), explicó que hay eslabones de la cadena cárnica, como la industria, que tuvieron un buen año con altos niveles de faena y buena exportación.
Sin embargo, los criadores fueron afectados por las fluctuaciones de precios, altos costos de reposición y estrés hídrico. En su informe semanal, la Unión de Gremios de la Producción (UGP) menciona una entrevista que dio Maluff en la que habla sobre lo que atravesó el sector en 2024 y lo que se espera para este año.
“Esto se dio a consecuencia de dos situaciones claras: El productor promedio ha tenido que vender mucho ganado, más de lo que debería, porque no le alcanza el dinero para cubrir costos a fin de mes, y tuvo que descargar el campo por las condiciones climáticas, ya que es el cuarto año con un déficit de agua muy importante”, manifestó el titular del gremio.
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Mencionó también que el sector inició el 2024 con buenas perspectivas, precios que ayudaban a cubrir los costos de producción, pero luego fueron bajando, por lo se debió vender el ganado por debajo de su costo de producción, se modificaron la programación de los criadores y subieron costos de la reposición del ternero.
“El criador fue el más afectado, y sin buena producción de terneros se podría generar una crisis a mediano plazo. Esta es una realidad que venimos alertando desde hace mucho y este año se espera otra caída del rebaño”, resaltó. Con relación a las expectativas para este 2025, indicó que el productor puede tener un año más razonable si se estabilizan las lluvias a partir de febrero, y los valores pueden ser mejores con un mayor mercado internacional y consumo interno demandante.
Según las perspectivas del Banco Central del Paraguay (BCP), la baja en los envíos de harina de soja y la caída de los precios de los granos de soja influyeron en la reducción de ingreso de las exportaciones generales a nivel país.
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Investigar para crecer: el desafío de la ciencia paraguaya
- Jimmi Peralta
- Fotos: Gentileza
A quince años de la primera categorización de investigadores del país, Paraguay cuenta con más de 700 científicos reconocidos en distintas áreas del conocimiento. Aunque el desarrollo de la investigación todavía enfrenta desafíos de financiamiento, infraestructura y formación, una nueva generación de profesionales comienza a consolidar capacidades propias y a generar conocimientos vinculados con las necesidades del país.
Hoy 8 de noviembre se celebra del Día del Investigador Paraguayo, establecido en 2011 en conmemoración de la aprobación de la primera promoción de investigadores categorizados en el PRONII (Programa Nacional de Incentivo a los Investigadores) por parte del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) un año antes.
Quince años después, existen 730 investigadores paraguayos categorizados, la mayoría de ellos activos en diversas áreas de la ciencia, lo que sin dudas representa un avance significativo. Aunque los pasos no fueron a un ritmo constante, ya se dio un salto alentador y transformador en la historia de la academia local.
Paraguay está en muchos aspectos técnicos atrás respecto a los países de la región, algo que grandes inversiones pueden acortar muchas veces, pero fundamentalmente el paso del tiempo será central para la especialización en saberes y prácticas que requieren años para que el recurso humano nacional logre niveles internacionales y de características propias.
El modelo de universidad, que en la práctica se restringió a ser un centro de formación profesional con repetición de conocimientos externos y en muchos casos anacrónicos, confronta hoy con una nueva generación de investigadores, que aportan con sus publicaciones en revistas indexadas las raíces firmes para el desarrollo de la ciencia en país.
EL SISTEMA DE INVESTIGADORES
El Sistema Nacional de Investigadores (SISNI), sucesor del PRONII, establecido mediante la Ley n.º 7064/2023, tiene como objetivo fortalecer, consolidar y expandir la comunidad científica del Paraguay mediante el reconocimiento y la categorización de investigadores a través de evaluaciones periódicas. El sistema valora la trayectoria, producción científica, desempeño en investigación y contribución a la formación de nuevos investigadores.
Este desarrollo de la investigación actualmente se da a través de organismos del Estado que otorgan el financiamiento. PROCIENCIA I sentó las bases históricas, aprobado en 2014 por el Consejo de Administración del Fondo para la Excelencia de la Educación y la Investigación (FEEI) y se ejecutó a través del Conacyt.
Actualmente está vigente PROCIENCIA II, la segunda fase del Programa Paraguayo para el Desarrollo de la Ciencia y Tecnología, que tiene como objetivo general fortalecer las capacidades nacionales para la investigación científica y el desarrollo tecnológico (I+D) con el fin de impulsar la productividad, la competitividad económica y la mejora de la calidad de vida en el país.
Los jóvenes investigadores paraguayos con proyectos activos Jorge Daniel Jara, Ivana Preciosa Fernández y Natalia Paniagua hablaron con La Nación/Nación Media sobre su experiencia vinculada a la ciencia, su mirada del escenario académico y sus trabajos actuales.
“LA INVESTIGACIÓN NECESITA CONDICIONES SOSTENIDAS PARA CRECER”
“Creo que es fundamental acercar la ciencia a los jóvenes de manera práctica y cotidiana. Las ferias científicas, las visitas a laboratorios, los talleres y las charlas con investigadores pueden mostrarles que la ciencia no es algo lejano: también se hace aquí y puede responder a problemas de nuestra sociedad”, comenta la investigadora Ivana Preciosa Fernández Jara, biotecnóloga y máster en Ciencias Biomédicas, quien participa del proyecto denominado Biotecnología va al Cole, que se propone llevar ciencia a escuelas del interior del país.
En el marco de su doctorado en Biotecnología aplicada a la salud en la Universitat Politècnica de València, Fernández realiza un estudio que durará cuatro años con actividades y colaboración entre España y Paraguay.
“Mi proyecto se centra en buscar nuevas posibilidades de tratamiento para el cáncer de pulmón. El objetivo es aportar conocimiento que, a largo plazo, pueda contribuir al desarrollo de tratamientos, no ofrecer una solución inmediata”, explica.
Su interés por la investigación nació cuando se incorporó a las actividades de iniciación científica en el Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Salud - UNA. “La investigación necesita condiciones sostenidas para crecer. Entre los desafíos están contar con financiamiento continuo, equipamiento e insumos, tiempo destinado a investigar y más oportunidades de formación y desarrollo profesional para quienes eligen la carrera científica. En áreas experimentales como la biotecnología, estos recursos son especialmente importantes”, agregó.
“ME INTERESABA ESTUDIAR LOS COMPUESTOS QUÍMICOS DEL CANNABIS”
“El cannabis es una línea de investigación con la que vengo trabajando desde la maestría y continúo ahora en el marco del doctorado. Con los cambios normativos a nivel mundial, existe un boom de investigaciones en diversas áreas. Veo que hay un aumento de publicaciones, proyectos, grupos de investigación y sociedades respecto al tema, buscando abarcar varios tópicos, desde la parte productiva y de calidad hasta su potencial médico y terapéutico en diversas fases”, explica Jorge Daniel Jara, joven investigador paraguayo formado en biotecnología y química.
Actualmente forma parte del proyecto liderado por la Dra. Andrea Arrúa, que se denomina ‘Creación de un sistema nacional integrado para la detección y monitoreo de micotoxinas en alimentos y forrajes’, mejor conocido como Myconect, cuyo objetivo principal se centra en desarrollar capacidades científicas, de bioseguridad y de innovación para detectar y monitorear micotoxinas y hongos toxicogénicos en productos agrícolas y ganaderos.
Esta iniciativa facilitará a estudiantes de diferentes niveles la posibilidad de formarse en distintos ámbitos, tanto en cursos de posgrado, especializaciones, actividades de laboratorio, ya sea a nivel nacional e internacional.
Jara, al analizar el ámbito de relación entre lo productivo y la producción de conocimientos, observa que Paraguay, siendo un país de gran dependencia en la agricultura y la ganadería, realiza inversiones en investigación que pueden no ser suficientes en ese rubro. Lo mismo estaría ocurriendo con las investigaciones sobre el cannabis.
“En ambos casos, debido a la escasez de fondos nacionales para investigación, el investigador puede buscar fondos privados, donde priman los intereses de los inversores más que la generación del conocimiento libre de conflictos de interés”, comentó.
“ES FUNDAMENTAL FORTALECER LA FORMACIÓN DE RECURSOS HUMANOS PARA LA INVESTIGACIÓN”
La ingeniera ambiental Natalia Paniagua investiga sobre la optimización de la producción semiindustrial del hongo Trichoderma spp. “Mi acercamiento a la investigación comenzó hace algunos años, cuando todavía era estudiante universitaria. En ese momento, tuve la oportunidad de ingresar a un equipo de investigación de calidad de agua con la doctora Mónica Albrech”, comenta Paniagua, que actualmente viene desarrollando un proyecto sobre cepas nativas de trichoderma para desarrollar un bioinsumo.
“El objetivo principal de nuestro proyecto es la optimización de la producción semiindustrial del hongo trichoderma spp. para la aplicación en fincas de pequeños y medianos productores del departamento de Itapúa”, comentó. Este proyecto surgió de la necesidad de ofrecer alternativas más sostenibles al uso de productos químicos en la agricultura, especialmente para aquellos pequeños y medianos productores hortícolas.
“Nosotros, como equipo de trabajo, consideramos que es fundamental fortalecer la formación de recursos humanos para la investigación. Es por ello que siempre hacemos hincapié en lo que es la contribución a la formación de nuevos investigadores para que podamos ser capaces de transferir todos estos conocimientos que estamos generando en la academia y que estos se vuelvan resultados para el sector productivo”, explicó la profesional.
La investigadora considera que una de las oportunidades más importantes en la actualidad es la posibilidad de acceder a los programas de financiamiento impulsados por el Conacyt, que permiten el desarrollo de proyectos de investigación.
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Appec reafirma su apuesta por la producción
El sector cárnico reafirmó su compromiso con la producción y la generación de empleo, pese al escenario por el que atraviesa el país. A través de un comunicado, la Asociación Paraguaya de Productores y Exportadores de Carne (Appec) señaló que continuará enfocada en su actividad, con el objetivo de garantizar la producción de alimentos, sostener los puestos de trabajo y contribuir al desarrollo nacional.
El gremio manifestó que Paraguay enfrenta una crisis de confianza, vinculada a factores políticos y económicos, cuyas repercusiones alcanzan al conjunto de la economía. Ante este panorama, expresó su respaldo a las medidas que sean necesarias para preservar la estabilidad del sistema financiero, recuperar la credibilidad y fortalecer la seguridad jurídica.
Asimismo, la asociación depositó su expectativa en las nuevas autoridades, de quienes espera respuestas y acciones concretas para revertir la situación actual, recuperar la confianza y restablecer las condiciones necesarias para el funcionamiento de la economía. En ese sentido, consideró fundamental contar con instituciones sólidas y reglas claras que permitan generar previsibilidad para los distintos sectores.
Finalmente, APPEC sostuvo que el sector productivo mantendrá su apuesta por el país, con la mirada puesta en la inversión, el crecimiento y la generación de oportunidades. El gremio remarcó que, pese a las dificultades, continuará trabajando con firmeza y esperanza, al considerar que el desarrollo de Paraguay requiere un entorno de estabilidad que permita a las empresas seguir produciendo y aportando a la economía.
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Biotecnología, una herramienta estratégica para la competitividad del agro paraguayo
La incorporación de cultivos genéticamente modificados posicionó a Paraguay entre los principales países del mundo en adopción de biotecnología agrícola. Santiago Bertoni, asesor de la UGP, analiza su evolución, los beneficios para la producción y las oportunidades para fortalecer la investigación nacional.
La agricultura paraguaya encontró en la biotecnología una herramienta clave para mejorar sus sistemas productivos y responder a los desafíos del sector. Desde la incorporación de semillas genéticamente modificadas hasta los avances en investigación local.
“Estas tecnologías ampliaron las posibilidades de manejo de malezas, plagas y aprovechamiento de los recursos”, señaló Santiago Bertoni, asesor de la Unión de Gremios de la Producción (UGP).
Asimismo, sostuvo que la biotecnología representa una evolución de los conocimientos que los agricultores aplican desde hace generaciones mediante la observación y selección de plantas y animales. Su desarrollo permitió comprender y utilizar los procesos biológicos con mayor precisión.
Una adopción que transformó la producción. La incorporación formal de la biotecnología moderna a la agricultura paraguaya comenzó en 2004, con la autorización comercial de la soja genéticamente modificada tolerante al glifosato. Posteriormente se sumaron tecnologías para maíz y algodón, mientras que en 2013 se incorporaron nuevas características de resistencia a determinados insectos en soja.
Actualmente, Paraguay cuenta con 49 eventos transgénicos autorizados en soja, maíz y algodón. “Prácticamente el 100 % de la superficie cultivada con estos rubros corresponde a variedades genéticamente modificadas”, explicó Bertoni.
Esta adopción también posiciona al país en el escenario internacional. De acuerdo con AgbioInvestor GM Monitor, en 2025 Paraguay ocupó el séptimo lugar mundial y el tercero en América Latina por superficie sembrada con cultivos genéticamente modificados, con aproximadamente 4,5 millones de hectáreas.
Productividad y sostenibilidad. Entre los principales beneficios se encuentran la reducción de pérdidas ocasionadas por determinadas plagas y malezas, así como la disminución de aplicaciones de insecticidas y herbicidas, con resultados económicos favorables para los productores.
Sin embargo, Bertoni destaca la importancia de integrar estas herramientas con buenas prácticas agronómicas. “La biotecnología alcanza su mayor potencial cuando se combina con variedades adaptadas, manejo adecuado de los suelos, nutrición equilibrada y decisiones basadas en información”, resaltó Bertoni.
Investigación y oportunidades locales
Paraguay también avanzó en el desarrollo de capacidades propias. Un ejemplo fue el trabajo conjunto entre el IPTA y el Inbio, que dio origen a las variedades Sojapar. Además, existen líneas de investigación orientadas a mejorar la respuesta de la soja a las sequías y desarrollar materiales con resistencia a enfermedades.
En este proceso, la próxima inauguración del Parque Tecnológico Inbiotec representa una nueva oportunidad para impulsar la investigación y el desarrollo nacional.
Para Bertoni, el desafío es aprovechar el conocimiento disponible y fortalecer la cooperación entre instituciones públicas, universidades y empresas. “La apuesta, debe ir más allá de incorporar tecnologías extranjeras y avanzar hacia soluciones adaptadas a las condiciones productivas del país, con cosechas más estables y un uso eficiente de los recursos”, concluye Bertoni.
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Agrotec premió a productores que superaron los 15.000 kilos por hectárea
La iniciativa Élite del Rinde reconoció a ocho agricultores de siete regiones del país por sus resultados en soja y maíz.
La productividad agrícola fue protagonista de la primera etapa de Élite del Rinde, iniciativa impulsada por Agrotec S.A., que reconoció a ocho productores nacionales por sus resultados en soja y maíz. Tres de ellos superaron incluso los 15.000 kilogramos por hectárea, reflejando el impacto del conocimiento técnico, la dedicación y las decisiones de manejo agronómico.
El programa plantea como desafío alcanzar una producción conjunta de 15.000 kg/ha, considerando las zafras de soja y maíz. Esta meta supera el promedio nacional de referencia, establecido en 10.160 kg/ha.
En esta primera etapa, el promedio de Élite del Rinde llegó a 12.740 kg/ha, un incremento del 25,4 % frente a la referencia nacional. Los resultados también evidenciaron las particularidades de cada región, donde las condiciones agronómicas y ambientales influyen en la productividad.
Fazenda Almeida, de Santa Rita, se consagró campeón nacional Élite del Rinde 2026, con 15.783 kg/ha. También superaron los 15.000 kg/ha Agro Campo, con 15.482,68 kg/ha, e IMAPO SRL, con 15.387,10 kg/ha.
Conocimiento técnico y acompañamiento. Alex Román, director ejecutivo de Agrotec, destacó que uno de los principales logros fue superar la producción media mediante la participación de las distintas áreas de la compañía, con conocimiento técnico, experiencia e información específica, aplicados a una metodología sustentable.
“Comprobamos en la finalización de la primera etapa de la iniciativa que estamos en el camino correcto, ya que por cada dólar de inversión se logró un retorno de 3,3 dólares”, señaló.
El ejecutivo también destacó el desafío de estar cada vez más cerca del cliente, siguiendo la filosofía de la compañía desde su llegada a Paraguay, en 1990, con asistencia técnica y atención a las necesidades de los productores. “No se trata solo de una relación comercial, sino más bien de confianza”, sintetizó.
Reconocimiento a las regiones. Además de Fazenda Almeida, fueron distinguidos Agro Silo Santo Angelo SA, de Santa Rita; IMAPO SRL, de Nueva Esperanza; Cristian Lorenz, de Bella Vista; Mauricio Ghellere, de San Alberto; Agro Campo SA, de Pedro Juan Caballero; Agro Ganadera 43 SA, de San Pedro; y Willfarm SA, de Campo 9.
La iniciativa busca destacar la planificación, el manejo eficiente de los recursos y la incorporación de tecnologías y prácticas adaptadas a cada zona, como factores para mejorar la productividad y fortalecer la competitividad agrícola.