El economista argentino Marcelo Giugale, exdirectivo del Banco Mundial (BM), considera a Paraguay como la próxima “estrella económica” de América Latina en este año, según manifestó en una entrevista exclusiva para el programa “Oppenheimer Presenta” de la cadena CNN en Español, conducido por el reconocido periodista Andrés Oppenheimer.
“El país de América Latina que el mercado todavía no ha descubierto es Paraguay, y Paraguay va en camino a tener todo lo que tiene Uruguay, en cuanto a institución económica, financieramente y posibilidades productivas, pero el mercado todavía no lo ha descubierto”, expresó Giugale, quien fue director del Departamento de Asesoría Financiera y Servicios Bancarios del Banco Mundial.
El experto internacional comentó que los inversionistas buscan países que no hayan sido descubiertos aún, y no se trata de que no estén seguros si les va ir bien, sino que nadie sepa que les va ir bien. Punto en el que ejemplificó a Uruguay, país al que Giugale catalogó como ya “descubierto”, pues “todo el mundo sabe que es un país bien manejado, con buenas instituciones, cuenta pública muy sólida, situación financiera también muy sólida”.
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De acuerdo a la opinión del ahora consultor independiente, lo que va empezar a pasar, es que los grandes inversionistas van a descubrir a Paraguay en muy poco tiempo, desembarcarán en el país para apostar a sus bonos y demás, porque el mercado todavía no opera en este terreno venturoso, subrayó el economista.
A lo que invita a responder la interrogante de cuál es la próxima historia de éxito, y no simplemente cuál es la exitosa actualmente. Es así que, Uruguay es un país consolidado financiera y económicamente, pero el próximo país estrella podría llegar a ser Paraguay, remarcó Oppenheimer. Entrevista completa: https://www.youtube.com/watch?v=9Wd7dJpxH6U.
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Paraguay y EE.UU.: una alianza renovada basada en valores democráticos y seguridad hemisférica
El presidente de la República, Santiago Peña, destacó la importancia de una alianza renovada con Estados Unidos, impulsada en valores compartidos como la democracia, la seguridad y la cooperación en el hemisferio sur.
En una entrevista con Bloomberg Televisión en Washington, el mandatario afirmó que el mayor involucramiento del presidente estadounidense, Donald Trump, en los asuntos de América Latina representa una oportunidad para fortalecer la estabilidad regional y consolidar una asociación estratégica sólida entre ambos países.
“Somos completamente diferentes, y el tipo de alianza que hemos construido es distinto ahora, es más fuerte y nos vemos como aliados. Así que no es que Estados Unidos vaya a colonizar a los países del hemisferio occidental”, dijo Peña.
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En cuanto a lo acontecido en Venezuela con la salida de Nicolás Maduro de la presidencia, el jefe de Estado paraguayo consideró que fue la mejor opción y ahora se inició un proceso que llevará su tiempo para retomar el camino de la democracia en el país caribeño.
“Si vemos mi propia experiencia en Paraguay, tomó alrededor de tres a cuatro años, así que espero que sea antes, pero será más o menos en ese tiempo”, expresó el titular del Poder Ejecutivo en la entrevista.
Relaciones con Taiwán
Peña reafirmó que Paraguay mantendrá sus lazos diplomáticos con la República de China (Taiwán). “Somos el único país en Sudamérica que aún mantiene una relación con Taiwán. Esto no es un tema menor cuando se piensa en la influencia de China en el hemisferio occidental”, expresó.
En ese sentido, añadió que la relación entre Paraguay y Taiwán no sufrirá cambios. “No bajo mi mandato”, afirmó.
Visita oficial
Durante su visita oficial a Estados Unidos, en el marco de la reunión inaugural de la Junta de Paz, Peña mantuvo un encuentro con el secretario de Estado del país norteamericano, Marco Rubio, con quien conversó sobre los principales desafíos de la región.
También se reunió con el ex primer ministro del Reino Unido, Tony Blair. En la ocasión, abordó sobre las iniciativas que impulsa el bloque internacional encabezado por Donald Trump. Otro encuentro fue con miembros de la organización Americas Society, a quienes presentó las bondades del Paraguay como destino confiable para la inversión y el desarrollo.
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¿Qué es Beta en el Mercado Internacional?
Elisa Ferreira Da Costa Perán
Trust Family Office
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En la columna del día de hoy haremos una explicación interesante y necesaria para quienes invierten, o desean invertir, en los mercados. Escuchamos con frecuencia términos como inversiones, bolsa, mercado, riesgo, volatilidad, ganancias o pérdidas. Son palabras habituales, pero no siempre se comprenden de la misma manera ni se utilizan con el mismo significado.
Hoy conversaremos especialmente sobre el mercado internacional. Esta aclaración es importante porque Paraguay es un mercado joven y, como inversionistas, aún no estamos del todo acostumbrados a ver reflejado de forma diaria el precio real de mercado de nuestras inversiones. En el mercado internacional, en cambio, los precios se mueven constantemente, y eso puede generar inquietud, dudas e incluso ciertas decisiones apresuradas. Por ello, además me parece importante aclarar una confusión muy común respecto a riesgo y volatilidad, que no son lo mismo, aunque muchas veces algunas personas confunden y utilizan como sinónimos.
El riesgo es lo que realmente estamos asumiendo. Al momento de invertir, una de las primeras preguntas que deberíamos hacernos es: ¿qué riesgo estoy asumiendo con esta inversión? El riesgo está relacionado con la posibilidad de que una empresa o un activo no cumpla con lo esperado, que tenga dificultades financieras, que no genere los ingresos proyectados o, en el peor de los casos, entrar en default.
Existen distintos tipos de riesgo. A modo de ejemplo, podemos mencionar el riesgo país, el riesgo de liquidez, el sobreendeudamiento, la gestión de costos, entre otros. Muchos de estos riesgos pueden analizarse a través de ratios financieros, calculados a partir de los estados contables de las empresas. Este análisis permite evaluar la solidez de un negocio y determinar si se ajusta a los objetivos y al perfil del inversionista.
La volatilidad es el movimiento del precio. Este concepto suele generar confusión. La volatilidad se refiere a los movimientos del precio de un activo en el mercado. Es decir, cuánto y con qué frecuencia sube o baja su cotización en un período determinado. Un activo puede ser muy volátil, con subas y bajas frecuentes, sin que eso implique necesariamente que sea una mala inversión o que la empresa sea débil. La volatilidad describe el comportamiento del precio, no la calidad del negocio que está detrás. Y el precio lo define el mercado.
Una de las herramientas más utilizadas para medir la volatilidad es un indicador llamado Beta. La Beta compara y nos cuenta a través de su resultado numérico el movimiento de un activo con relación al movimiento del mercado en general, para que podamos tener una idea de qué tan volátil será la inversión. Una Beta igual a 1 indica que el activo tiende a estar en línea con el mercado, es igual al mercado. Una Beta mayor a 1 significa que el activo suele moverse mucho más que el mercado, tanto al alza como a la baja, por ende, es un activo con alta volatilidad. Una Beta menor a 1 indica que el activo se mueve menos que el mercado, se dice que tiene menor volatilidad. Es importante aclarar que la Beta no mide el riesgo total de una empresa, sino únicamente cómo se mueve su precio en relación con el mercado.
Comprender la diferencia entre riesgo y volatilidad no elimina la incertidumbre que se tiene referente a la inversión, pero sí nos permite tomar decisiones con mayor criterio, menos ansiedad y con una mirada de largo plazo. Y, en definitiva, invertir no se trata de evitar los movimientos del mercado, sino de entender qué estamos comprando y por qué estamos dispuestos a mantener esa inversión.
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EE. UU. niega que acuerdos sobre tierras raras sean una represalia contra China
Las alianzas de Estados Unidos para desarrollar la explotación de tierras raras en América Latina “no son una represalia” contra China, que cuenta con grandes inversiones en la región con el mismo objetivo, declaró este miércoles el subsecretario de Estado para Asuntos Energéticos, Caleb Orr. Estados Unidos reunió a 54 países la semana pasada para una conferencia ministerial sobre tierras raras, uno de los recursos naturales más apreciados en el mundo por su papel clave en diversos sectores.
Argentina, Brasil, Bolivia, Canadá, República Dominicana, Ecuador, México, Paraguay y Perú participaron en la cita. Washington anunció al término del encuentro alianzas estratégicas con Argentina, Ecuador, México, Paraguay y Perú, así como con la Unión Europea y Japón. “No se trata de una represalia contra China”, aseguró Orr en una teleconferencia de prensa.
El objetivo es “la diversificación y la reducción de riesgos para nuestras cadenas de suministro”, dijo. Las tierras raras, 17 metales difíciles de extraer de la corteza terrestre, tienen multitud de aplicaciones: desde vehículos eléctricos hasta discos duros, turbinas eólicas y misiles. Las empresas chinas son las principales inversoras en proyectos de litio en Argentina, y de otros minerales “críticos” en Ecuador y Perú.
Frente a la estrategia paraestatal de China, con recursos de empresas públicas o estrechamente vinculadas al régimen comunista, Estados Unidos ofrece “una zona comercial preferencial para los países que quieran adherirse a altos estándares de libre mercado”, añadió Orr.
Consultado sobre si Estados Unidos negocia con Venezuela, un país que pasó de estar sometido a sanciones a ser un socio petrolero, el subsecretario contestó que ese país cuenta con yacimientos de “bauxita, níquel, oro o tierras raras que suponen una gran oportunidad para el pueblo venezolano”. Estados Unidos espera aliarse con Caracas para explotar esos recursos y encaminar los beneficios “al pueblo, y no a grupos ilícitos”, afirmó.
Fuente: AFP.
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India: una oportunidad estratégica para América Latina
Rafael Pampillón Profesor de Economía del IE Business School
Durante años, el mapa económico mundial giró alrededor de los mismos puntos cardinales: Estados Unidos, Europa y, más recientemente, China. El debate parecía condenado a moverse dentro de ese triángulo, como si no existieran otros polos capaces de alterar el equilibrio mundial. Y, sin embargo, mientras las grandes potencias intentaban resolver sus propios problemas —deuda, estancamiento, envejecimiento—, una economía fue acelerando silenciosamente, sin hacer demasiado ruido, hasta que ya resultó imposible no verla. India que se ha convertido en una realidad contundente, llamada a situarse como la cuarta economía del planeta en 2026.
Su ascenso no solo reordena el tablero mundial, también abre una ventana de oportunidad para regiones que necesitan diversificar sus estrategias de inserción internacional. América Latina, en particular, tiene ante sí un socio potencial que puede abrir nuevos caminos en un contexto global crecientemente fragmentado.
La historia reciente ayuda a comprender por qué India se ha vuelto tan relevante. Mientras Japón, la economía a la que está a punto de adelantar, apenas crece alrededor del 1 %, India lleva años moviéndose alrededor del 7 % anual, y las previsiones apuntan a que mantendrá ese ritmo. Lo extraordinario es que no lo hace impulsada por un boom manufacturero clásico, sino por un sector de servicios sofisticado, donde conviven centros de datos, servicios financieros, consultorías globales y un ecosistema tecnológico que ha sobrevivido y prosperado en medio de las turbulencias internacionales.
Pero más allá del dinamismo económico, India juega con una ventaja difícil de replicar: la escala. Con más de 1.400 millones de habitantes, cualquier innovación, cualquier avance productivo, cualquier aumento de la demanda interna tiene una magnitud continental. Esa dimensión funciona como un blindaje frente a los vaivenes externos: cuando el comercio mundial se ralentiza, su impresionante mercado doméstico sostiene el crecimiento. Es una diferencia crucial con respecto a Europa o Japón, cuyas poblaciones envejecen. India, por el contrario, es joven, urbana, con un sistema político democrático y angloparlante.
Diversificar: una lección para América Latina
Este escenario se vuelve especialmente relevante para América Latina, una región que en los últimos veinte años apostó casi todo al mismo socio: China. Esa relación, sin duda, permitió a América Latina aprovechar el ciclo alcista de las materias primas, pero dejó al continente expuesto a una dependencia que hoy se percibe con mucho riesgo. India aparece, entonces, no como sustituto, sino como contrapeso, como un destino alternativo que permite diversificar geográficamente sus exportaciones.
Las afinidades no terminan ahí. Aunque la distancia geográfica sea considerable, India y América Latina comparten desafíos estructurales: economías grandes pero desiguales, infraestructuras que necesitan modernización y la aspiración de crecer sin perder autonomía política. Esa coincidencia de trayectorias crea un terreno fértil para relaciones más profundas.
Oportunidades para América Latina
Y las oportunidades, vistas desde la región, tienen nombres concretos. La primera, inevitable, es la alimentación. India necesita importar aceites vegetales, legumbres, frutas, carne procesada y otros productos agroindustriales. Es una demanda estructural, no coyuntural. América Latina, con su capacidad de producción y su competitividad, puede situarse como proveedor estratégico de una clase media india que crece a gran velocidad.
La segunda oportunidad se abre en sectores vinculados a la transición energética. El litio, del que la región posee algunas de las mayores reservas mundiales, se ha vuelto pieza crítica en la electrificación del transporte. India, en plena expansión de su sector automotriz eléctrico y de servicios tecnológicos necesita asegurar suministros estables.
Incluso el turismo podría convertirse en un sector atractivo. A medida que la renta per cápita india aumenta, también lo hace el número de viajeros internacionales. Hoy, Europa y el sudeste asiático absorben la mayor parte, pero nada impide a América Latina posicionarse como destino emergente si trabaja en conectividad y promoción.
No obstante, sería ingenuo imaginar que el desembarco en India será sencillo. El país sigue marcado por un proteccionismo selectivo y un entramado regulatorio que puede desconcertar incluso a empresas experimentadas. Exportar a India requiere paciencia.
El auge indio también se explica desde la política. El Estado ha invertido de forma masiva en infraestructuras —puertos, carreteras, ferrocarriles— y, quizá más importante aún, en arquitectura digital: identidad biométrica, pagos electrónicos instantáneos, plataformas gubernamentales simplificadas. Es un salto silencioso, pero transformador.
En este escenario, América Latina tiene la oportunidad de mirar hacia Nueva Delhi con una estrategia más clara. No se trata solo de vender más productos, sino de construir una relación estable, de largo plazo, que combine comercio, inversión y cooperación tecnológica. La diplomacia económica y los acuerdos bilaterales pueden desempeñar un papel decisivo.
India no solucionará los problemas estructurales de América Latina. Pero sí puede ayudar a equilibrar dependencias, ampliar mercados y ofrecer una alternativa en un mundo donde la globalización se está fragmentando. Y en ese nuevo mapa, mirar hacia India no es una moda pasajera: es una decisión estratégica cuyo momento parece haber llegado.