Esperan que heladas no impacten a gran parte de la producción del maíz
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Teniendo en cuenta el pronóstico de heladas agronómicas para los campos principalmenteen el sur de la región Oriental, desde la Unión de Gremios de la Producción (UGP) explicaron que este evento climático sería muy inoportuno, puesto que gran parte de la siembra de maíz todavía está en franja de riesgo. En caso de que llegue a impactar, alrededor del 50 % de la producción del grano podría verse afectado.
Así lo indicó Héctor Cristaldo, titular del gremio, quien en contacto con La Nación/Nación Media comentó que las bajas temperaturas ya se sintieron en el Chaco paraguayo en cultivos que están en proceso y pasturas. “Todavía no tenemos una evaluación de la intensidad del daño, en la región Oriental por suerte estaba nublado y esperemos que no llegue, si viene en julio ya es la temporada normal”, sostuvo.
Añadió que de darse la ocurrencia del fenómeno podría impactar en la zafra que el año pasado registró una producción récord y que ayudó a generar flujo de caja para el productor que arrancaba la campaña siguiente. “Esperemos que no afecte porque tenemos necesidad tanto para nuestro consumo interno como para la exportación que trae el ingreso de divisas. Si aguantamos 15 días sin heladas vamos a salir bien”, agregó.
Con relación a algunos preparativos para hacer frente al ingreso del frío extremo, refirió que es muy difícil hacerlo en cultivos grandes, pero lo que se hace es ajustar la época de siembra para escapar del riesgo. Además, subrayó que una helada temprana suele ocurrir, pero no es la más frecuente y por eso se trata de que para fines de junio la cosecha se sitúe en una etapa avanzada. Sin embargo, para este año se avanzó un poco más tarde debido a los retrasos que se presentaron con la soja.
La producción de maíz durante el año anterior llegó a las 6,4 millones de toneladas, mientras que los envíos del cereal entre julio 2022 y marzo de este año superaron los 4,5 millones de toneladas. Para este 2023 se espera una disminución porque justamente se plantó tarde y, según la Cámara Paraguaya de Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), se estima que el volumen llegue a 4 a 4,5 millones de toneladas.
En Itapúa aprovechan la humedad del suelo para iniciar la siembra de soja
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La Unión de Gremios de la Producción (UGP), informó que productores de Itapúa ya se encuentran en plena siembra de soja. La campaña fue lanzada unos días atrás y se espera llegar a las 11,5 millones de toneladas de granos. Los trabajadores del campo se encuentran aprovechando las últimas lluvias que dejaron buenas condiciones de humedad en los suelos del sur del país, dio a conocer la UGP a través de su boletín semanal.
Con las máquinas nuevamente en las parcelas, el sector encara el inicio de la campaña con optimismo y buenas perspectivas productivas. Si bien, el temporal y la caída de granizos ocasionaron daños puntuales en cultivos de hortalizas y trigo, las precipitaciones favorecieron el inicio de la siembra de soja y girasol, cita el texto.
“El clima está súper bien y con mucha humedad en la tierra. Nos adelantamos al inicio de siembra porque aprovechamos las lluvias”, manifestó Blanca Saiki, representante de la Coordinadora Agrícola del Paraguay (CAP), Itapúa.
Por su parte, el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), a través de la Dirección de Meteorología e Hidrología y la Unidad de Gestión de Riesgos (UGR), emitió un Boletín de Pronóstico de Lluvia para los días miércoles 09, jueves 10 y viernes 11 de setiembre de 2026.
Sobre las condiciones para la siembra de soja, el reporte señala que existen condiciones favorables de humedad en el suelo y temperaturas óptimas para la germinación. Se aconseja aprovechar las ventanas de buen tiempo, especialmente el sábado 12, debido a una menor probabilidad de lluvias intensas hacia el viernes en algunas zonas.
De la soja a la carne: el desafío de integrar toda la cadena productiva
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Hugo Pastore, director ejecutivo de Capeco, destacó el potencial de la soja y el maíz para impulsar la producción de proteína animal y planteó la necesidad de fortalecer la infraestructura y el acceso a tecnología.
El desafío de la industrialización. La soja paraguaya tiene un desafío que va más allá de las toneladas cosechadas, y es la transformación de su producción en mayor valor dentro del país. Para Hugo Pastore, director ejecutivo de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), el camino también pasa por una mayor integración entre la producción agrícola y las cadenas de proteína animal.
El desarrollo de la actividad agropecuaria en el Chaco abre nuevas oportunidades en este sentido. Hugo destacó la habilitación de la planta de Industria Pioneros en la región y señaló que, en una zona donde la ganadería tiene un peso importante, existe espacio para conectar la producción de proteína vegetal, como la soja, con la producción de proteína animal, incluyendo carne porcina, aviar y vacuna.
Hugo Pastore, director ejecutivo de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco). Foto: Mariana Díaz
A su criterio, es justamente en esa integración donde se encuentra una de las principales oportunidades de agregación de valor para Paraguay. Sostuvo que el pequeño y mediano productor cuenta con conocimiento y capacidad para desarrollar actividades vinculadas a la producción de carne, pero requiere condiciones que faciliten su incorporación a las cadenas productivas.
Logros y la inversión en la infraestructura. El movimiento también está acompañado por inversiones internacionales. Hugo mencionó la llegada de grupos como JBS y de inversores españoles vinculados a la producción de carne, como parte de un proceso que, según sostuvo, debe seguir consolidándose.
Desde Capeco, la meta trazada es llevar la producción de soja hasta 15 millones de toneladas y la de maíz hasta 10 millones de toneladas. En el caso del maíz, además, observa un crecimiento de la demanda interna, impulsada por la producción de carne y una industria de etanol que suma nuevas plantas a su capacidad instalada.
Pero para que el campo siga creciendo, la infraestructura deberá acompañar el ritmo. Sobre el punto, señaló como desafíos el fortalecimiento de la logística, el mantenimiento de la hidrovía y una navegación eficiente para las exportaciones, además de mejorar las conexiones terrestres con Brasil.
También recalcó la importancia de completar la habilitación del Puente de la Integración, junto con la circunvalación sur de Ciudad del Este y el segundo puente sobre el Monday. Foto: Gentileza
También indicó que la incorporación de tecnología a los pequeños productores es otro desafío, en esa línea destacó que la integración mediante cooperativas puede facilitar el acceso a asistencia técnica, innovación y mejores condiciones de comercialización, permitiendo que el crecimiento de la agricultura se traduzca también en oportunidades para los productores de menor escala.
Genética y adaptación: la apuesta del IPTA para la soja paraguaya
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El Instituto Paraguayo de Tecnología Agraria (IPTA) trabaja en investigación y mejoramiento genético para el desarrollo de variedades de soja adaptadas a las condiciones climáticas del país.
Investigación y adaptación pensadas en el clima. En un escenario en el que las condiciones climáticas están cambiando, la genética gana protagonismo en la agricultura. Para el Instituto Paraguayo de Tecnología Agraria (IPTA), contar con un banco de germoplasma y avanzar en el desarrollo de variedades adaptadas constituye una de las principales herramientas para acompañar al productor.
Así lo explicó Crisanta Rodas, ingeniera agrónoma y directora de Transferencia de Tecnología del IPTA, durante el lanzamiento de la siembra de soja 2026 organizado por la UGP. La institución es la encargada oficial de realizar investigaciones para los sectores agropecuario y forestal, con el objetivo de proveer soluciones tecnológicas al sector productivo.
Crisanta Rodas, ingeniera agrónoma y directora de Transferencia de Tecnología del IPTA. Foto: Mariana Díaz
En el caso de la soja, las investigaciones se desarrollan principalmente en el Centro de Investigación de Capitán Miranda, además de experimentaciones realizadas en las distintas zonas agroecológicas del país. El objetivo es evaluar el comportamiento de diferentes materiales y proveer variedades que respondan mejor a las condiciones de cada región.
Las líneas centrales de trabajo es la genética. El IPTA cuenta con un banco de germoplasma que comenzó a conformarse con materiales provenientes de distintas variedades. En este proceso tuvo un papel importante la cooperación de Japón, considerando que la soja no es originaria de la región, sino de Asia.
A partir de estos materiales se realizan evaluaciones y cruzamientos dentro de los programas de mejoramiento genético. La búsqueda apunta a obtener variedades adaptadas a las condiciones climáticas, con tolerancia a enfermedades y capacidad de enfrentar ataques de insectos, siempre acompañadas por las medidas de protección correspondientes.
El objetivo es evaluar las distintas materias y adaptarlas a las necesidades. Foto: Gentileza
Pero el desafío va más allá del rendimiento actual. La adaptación adquiere especial relevancia ante el cambio en las condiciones climáticas. Según Crisanta, el banco de germoplasma permite conocer la variabilidad disponible y evaluar cuáles materiales pueden presentar un mejor comportamiento frente a escenarios de incremento de temperatura.
De esta manera, la investigación busca anticiparse a los cambios y poner a disposición del productor herramientas genéticas que permitan sostener la productividad de la soja en diferentes escenarios.
La cosecha de mandioca prevista para octubre de 2026 ya tiene pedidos anticipados entre la comunidad migrante, que busca conservar en la mesa los sabores de su tierra. Foto: Gentileza
De la tierra paraguaya a las mesas de Japón: cultivan mandioca y maíz para mantener vivo el sabor de casa
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A más de 18.000 kilómetros de Paraguay, compatriotas radicados en Japón cultivan mandioca y maíz, producen almidón y hasta elaboran queso paraguayo. La cosecha de mandioca prevista para octubre de 2026 ya tiene pedidos anticipados entre la comunidad migrante, que busca conservar en la mesa los sabores de su tierra.
La distancia no logró borrar el sabor de Paraguay. En distintas regiones de Japón, compatriotas encontraron una manera de mantener cerca las comidas con las que crecieron: sembrando, cosechando y elaborando en suelo japonés algunos de los ingredientes que sostienen la gastronomía paraguaya.
Mandioca, maíz, almidón y queso paraguayo forman parte de una producción que nació de una necesidad concreta de la colectividad: conseguir los productos necesarios para preparar sopa paraguaya, chipa, mbejú y otras comidas tradicionales lejos del país.
La historia fue recogida por Miryan Megumi Kumagai Yamashita, dirigente de la colectividad paraguaya en Japón y autora del libro “Paraguay, sabor de mis recuerdos, aromas que llegan al corazón”, escrito íntegramente en japonés.
Durante la investigación para su obra, Megumi descubrió que detrás de muchos de los alimentos que llegan a las mesas paraguayas en Japón existe el trabajo de compatriotas que decidieron producirlos allí. “Muchos paraguayos no quieren perder las costumbres ni los sabores con los que crecieron. Por eso se fueron desarrollando emprendimientos para cultivar y producir alimentos típicos”, relató durante una entrevista concedida a los medios del Estado desde Tokio.
La mandioca que viaja de Itapúa a Japón
Uno de los productos más buscados es la mandioca. La cosecha se concentra tradicionalmente en octubre y la demanda de la comunidad paraguaya es tal que los productores ya comenzaron a recibir reservas para la próxima temporada.
La comercialización se realiza principalmente a través de redes sociales y grupos de compatriotas. Uno de los anuncios difundidos recientemente ofrece mandioca “de Itapúa, fresca en Japón, cosechada en octubre de 2026” y resume el recorrido del producto con una frase: “Directo de la tierra a tu mesa”. La disponibilidad es limitada y los pedidos se realizan con anticipación para asegurar una parte de la cosecha.
El producto tiene además un valor considerable en el mercado japonés. De acuerdo con Megumi, el precio ronda los US$ 5 por kilogramo, unos G. 30.000, aunque para los compradores paraguayos el costo no necesariamente es el principal factor.
La mandioca permite volver a preparar en familia una comida conocida, recuperar sabores de la infancia y, especialmente para quienes nacieron en Japón, mantener un vínculo con una cultura que conocen muchas veces a través de la cocina.
Paraguayos radicados en diferentes zonas de Japón también cultivan maíz utilizado en preparaciones tradicionales. Foto: Gentileza
La producción tampoco se limita a la mandioca. Paraguayos radicados en diferentes zonas de Japón también cultivan maíz utilizado en preparaciones tradicionales. Parte de la mandioca, además, es procesada para obtener almidón, uno de los ingredientes fundamentales de la chipa y el mbejú.
Así, una cadena que comienza en los cultivos termina en las cocinas de las familias paraguayas. La producción local permite acceder a ingredientes que durante años fueron difíciles de conseguir y reduce la dependencia de productos enviados desde Paraguay.
Del cuajo al queso paraguayo
Uno de los mayores desafíos fue reproducir el queso paraguayo, indispensable para varias de las recetas más tradicionales. La solución también llegó de la mano de los propios compatriotas. Según relató Megumi, algunos emprendedores llegaron a llevar cuajo para intentar reproducir el proceso tradicional y obtener un queso con características similares al que se consume en Paraguay.
“Llegaron incluso a llevar el cuajo para poder hacer el queso con las mismas características que conocemos en Paraguay”, contó.
Actualmente, algunos productores elaboran queso paraguayo por encargo y lo ofrecen a través de redes sociales y grupos de la colectividad. De esta manera, las familias pueden preparar sopa paraguaya, chipa o mbejú utilizando productos elaborados en Japón, pero siguiendo recetas y métodos heredados de Paraguay.
Una cocina que también conserva identidad
La investigación de Megumi comenzó con el objetivo de acercar la gastronomía paraguaya al público japonés, pero terminó revelando una historia más amplia: la manera en que los migrantes utilizan la comida para conservar su identidad.
La primera edición de “Paraguay, sabor de mis recuerdos, aromas que llegan al corazón”, con 850 ejemplares, se agotó por completo. Detrás de las recetas quedaron también las historias de agricultores, cocineros y emprendedores paraguayos que encontraron en Japón una nueva tierra para sembrar productos de su país.
Mandioca que vuelve a crecer en suelo japonés, maizales cultivados por compatriotas, almidón producido para preparar chipa y queso elaborado artesanalmente forman parte de una pequeña cadena que mantiene conectado a un país con su comunidad migrante. A miles de kilómetros de Paraguay, la identidad también se cultiva. Y muchas veces, llega a la mesa.