Por: Alba Delvalle
El Sello Integridad propicia un destino atractivo y ético, una cultura que aspira permear en todos los niveles. En el contexto global, genera confianza para la inversión y los negocios, nos comenta Clara Aquino, directora general de Integridad y Transparencia de la Contraloría General de la República (CGR).
Cuando hacer lo correcto se convierte en una ventaja competitiva para el país, de eso se trata el Sello Integridad, una iniciativa que Paraguay impulsa desde 2020 para consolidar una cultura empresarial basada en la transparencia, la ética y la prevención de la corrupción.
Sobre los avances de este proceso conversamos con Clara Susana Aquino Biscotti, directora general de Integridad y Transparencia de la Contraloría General de la República (CGR), quien destacó que el sello se consolidó como una herramienta clave para alinear al sector privado paraguayo con estándares internacionales.
La iniciativa surge en el marco de la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción, que pone el foco en el rol del sector privado como actor fundamental en la construcción de economías más íntegras. Paraguay inició una cooperación con la Contraloría General de la Unión de Brasil y la Cooperación Alemana para el Desarrollo (GIZ), a través del proyecto triangular “Fortaleciendo la integridad para superar tiempos de crisis”, lanzado durante la pandemia.
En 2022 se realizó la primera edición del premio Sello Integridad, inspirado en el programa brasileño Empresa Pro-Ética y adaptado a la realidad local. “Más que un reconocimiento, el sello busca incentivar la implementación real de programas de integridad en las empresas paraguayas y promover buenas prácticas que impacten positivamente en toda la sociedad”, subrayó Aquino Biscotti.
El programa está dirigido principalmente a empresas del sector privado, aunque también pueden postularse cooperativas y fundaciones, siempre que adecúen su estructura a los criterios establecidos para mipymes o grandes empresas. Esta flexibilidad amplía el alcance del sello y refuerza su carácter inclusivo dentro del ecosistema económico.
Para acceder al reconocimiento, las organizaciones deben cumplir con los requisitos formales establecidos por la normativa paraguaya, como obligaciones tributarias y previsionales, además de demostrar la existencia y aplicación efectiva de un programa de integridad. Entre los elementos evaluados figuran códigos de ética vigentes, capacitaciones internas, canales de denuncia y evidencias concretas de implementación.
Los criterios se ajustan según el tamaño de la empresa, con exigencias diferenciadas para las mipymes, que además cuentan con apoyo técnico a través de la cooperación con Alliance for Integrity, facilitando su participación y fortalecimiento institucional.
El reconocimiento tiene una vigencia de dos años. En la edición 2025–2027 se otorgaron 39 sellos, y en 2027 las empresas deberán volver a postularse para renovar su compromiso, promoviendo así un proceso de mejora continua.
En la segunda edición, el programa registró un aumento significativo en el interés empresarial, con más postulaciones y reconocimientos otorgados. Un dato relevante es que la participación es voluntaria, lo que refleja la confianza del sector privado en la transparencia del mecanismo. La selección está a cargo de un comité plural integrado por representantes del sector público, privado, la academia, la sociedad civil y organismos internacionales, todos trabajando de manera ad honorem.
El impacto del sello trasciende a las empresas reconocidas: al visibilizar buenas prácticas, genera un efecto multiplicador sobre el tejido económico y posiciona a Paraguay como un país alineado con las tendencias globales en integridad corporativa. La iniciativa ya fue presentada en foros internacionales como una buena práctica paraguaya, reforzando la imagen del país como un destino atractivo y ético para las inversiones.
La visión a mediano y largo plazo es clara: seguir elevando estándares y consolidar una cultura donde la integridad se convierta en un valor estratégico. “Cuando las empresas lideran con integridad, inspiran confianza, atraen inversiones y ayudan a pavimentar el camino hacia un desarrollo sostenible. Hacer lo correcto, en Paraguay, también es un buen negocio”, concluyó.