Impacto SA cumple 40 años de trayectoria como empresa dedicada a la fabricación de colchones y muebles residenciales y corporativos.
Desde sus comienzos apostó a la calidad, en todo lo que hacen, no solamente a nivel de fabricación, sino también en todo lo que se refiere a procedimientos y servicios.
Inicialmente la firma estuvo abocada a la fabricación de espuma de poliuretano y colchones, pero posteriormente fue diversificándose con el tiempo y hoy la empresa cuenta con cinco divisiones de negocios: División Home, en donde los clientes pueden encontrar mobiliario integral para sus hogares; División Corporativa, donde se desarrollan proyectos de equipamientos para oficinas, locales comerciales, restaurantes, estaciones de servicios y otros; División Colchones, con una amplia línea de sommiers, colchones y todo lo que se necesite para lograr el mejor descanso; División Industrial, en donde otros fabricantes pueden encontrar materia prima para la fabricación de sus productos, y por último la División Obras Civiles, en donde da vida a proyectos de construcciones civiles.
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“Somos una marca que se renueva y se reposiciona con los años. Un continuo plan de innovación y adaptación a las últimas tendencias hace que siempre tengamos algo atractivo para ofrecer a nuestros clientes”, resaltó Blas Martín Robertti, gerente general de Impacto SA.
Con una fábrica de 18.000 m2, más de 350 colaboradores, 6 sucursales y el nuevo showroom con una ubicación estratégica en Asunción, Impacto SA continúa impulsando su crecimiento siguiendo las últimas tendencias a nivel mundial.
Una de las planificaciones a ser desarrolladas próximamente como parte del continuo plan de crecimiento es la de implementar el plan de reforestación de eucaliptos, materia prima muy importante para la industria, lo que genera una responsabilidad como empresa, en el uso correcto y cuidado de los recursos naturales.
“La satisfacción de nuestros clientes al momento de elegir nuestros productos y/o servicios, con responsabilidad social y bajo el compromiso de más de 350 colaboradores es lo que nos empuja a mantenernos a la vanguardia”, destacó Robertti.
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Hospitales públicos realizarán mamografías sin receta previa para mayores de 40 años
En el marco del “Octubre Rosa” el Ministerio de Salud recordó este jueves que las mamografías para las personas desde los 40 años se realizarán en los hospitales públicos sin orden médica, para agilizar la detección oportuna del cáncer de mama.
La red pública dispone de 56 equipos operativos en todo el país y el estudio es totalmente gratuito.
Este año bajo el lema “Hagamos de la prevención una tradición”, las autoridades sanitarias instan a las mujeres a realizarse el control anual preventivo, aun sin presentar síntomas. El estudio es gratuito y busca garantizar una detección oportuna en todo el territorio nacional.
“Como parte de las acciones implementadas para facilitar el acceso a los estudios de detección, las mujeres de 40 años o más pueden realizarse la mamografía en los servicios del Ministerio de Salud sin necesidad de presentar una orden médica. La medida busca reducir barreras administrativas y facilitar que más mujeres incorporen este estudio a sus controles”, expresaron.
Los estudios permiten identificar alteraciones que pueden requerir una evaluación médica complementaria y puede detectar lesiones que todavía no generan síntomas.
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Deben realizarse
- Mujeres de 40 años en adelante: realizarse una mamografía anual, aun sin presentar síntomas.
- Mujeres con antecedentes familiares directos o consideradas de alto riesgo: consultar con un profesional de salud para determinar el momento de inicio y la frecuencia de los controles.
- Ante cualquier cambio o signo de alarma: acudir a un establecimiento de salud para la evaluación correspondiente.
Desde el Ministerio de Salud, a través del Programa Nacional de Prevención, Detección Precoz y Tratamiento del Cáncer de Mama (PNPCACUM), refuerza el llamado a las mujeres a priorizar la prevención y los controles periódicos para la detección temprana del cáncer de mama.
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Condenan a 40 años de cárcel a sicarios que asesinaron a hija de exgobernador de Amambay
Un Tribunal de Sentencia condenó a 30 años de cárcel más 10 años de medidas de seguridad, totalizando así 40 años de pena privativa de libertad, a Julio César Centurión Cantaluppi y Diego Alexi Vázquez Martínez, por el cuádruple homicidio ocurrido en octubre de 2021 en Pedro Juan Caballero, donde también fue asesinada Haylee Acevedo, hija del exgobernador de Amambay, Ronald Acevedo.
Asimismo, fue sentenciado a 23 años de cárcel más 6 de medidas de seguridad, sumando un total de 29 años, Derlis Javier López Arce. Los dos primeros fueron encontrados culpables de ejecutar, junto con Edson Vargas (actualmente prófugo), el ataque en el que murieron Haylee Acevedo, su pareja -el presunto narcotraficante Osmar Vicente Álvarez, alias “Bebeto”- y las estudiantes de Medicina Rhannye Jamilly Borges de Oliveira y Kaline Reinoso de Oliveira.
El terrible suceso se registró el 9 de octubre de 2021 y, según el fallo de primera instancia, estuvo relacionado con una disputa de territorio para el tráfico de drogas entre el grupo de Marcio Ariel Sánchez, alias “Aguacate” y “Bebeto”. El colegiado encontró culpables a los procesados por homicidio doloso, asociación criminal, detentación ilegal de armas y lesión grave, esta última respecto a tres víctimas colaterales.
Durante el ataque se realizaron más de 100 disparos con armas largas que también alcanzaron a Bruno Elías Pereira Sánchez, Iris Esiely Molinari Villasboa y a la brasileña Rhafaelli Alves do Nascimento, quienes resultaron heridos.
Los jueces de sentencia Federico Rojas, María Luz Martínez y Dina Marchuck tuvieron en cuenta imágenes de circuito cerrado y declaraciones de agentes policiales. Las grabaciones muestran a las víctimas dentro del vehículo en el momento en que fueron atacadas. El Tribunal concluyó que los condenados formaban parte de la estructura criminal de “Aguacate”, cuyo objetivo incluía la ejecución de personas por encargo (sicariato).
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Chernóbil: Zelenski acusa a Rusia de “terrorismo nuclear” en aniversario de catástrofe
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, acusó ayer domingo a Moscú de “terrorismo nuclear”, en el 40º aniversario de la explosión en la planta de Chernóbil, que se cumple en plena invasión rusa. En un mensaje en redes sociales con motivo del aniversario de la catástrofe de Chernóbil, ocurrida en la era soviética, Zelenski dijo que, con su invasión lanzada en 2022, Rusia está “una vez más llevando al mundo al filo de un desastre provocado por el hombre”.
"El mundo no puede permitir que continúe este terrorismo nuclear, y la mejor manera es obligar a Rusia a que detenga sus temerarios ataques", añadió. El presidente ucraniano hizo hincapié en que los drones rusos sobrevuelan regularmente Chernóbil. Uno de ellos incluso impactó contra su cubierta protectora el año pasado.
La explosión de 1986 en la central de Chernóbil fue el peor desastre nuclear civil de la historia, y cambió la percepción global sobre la energía nuclear. El papa León XIV pidió ayer domingo que la energía atómica sólo se utilice con fines pacíficos. El desastre “marcó la conciencia de la humanidad” y “sigue siendo una advertencia de los riesgos inherentes al uso de tecnologías cada vez más poderosas”, dijo en el Vaticano.
“Al servicio de la vida”
“Espero que en todos los niveles de toma de decisiones prevalezcan siempre el discernimiento y la responsabilidad, para que cada uso de la energía atómica esté al servicio de la vida y la paz”, añadió. Se estima que miles de personas murieron como resultado de la exposición a la radiación. La cifra exacta de víctimas varía. Unas 600.000 personas involucradas en la operación de limpieza, conocidas como “liquidadores”, estuvieron expuestas a altos niveles de radiación.
Un informe de la ONU de 2005 situó el número de víctimas mortales confirmadas y previstas en 4.000 en los tres países más afectados. Greenpeace estimó en 2006 que el desastre había causado cerca de 100.000 muertes. La mayor parte de los trabajadores de la central vivían en la localidad de Prípiat pero fueron desplazados a Slavútich, donde cientos de personas se congregaron ayer domingo de madrugada a la hora en que se produjo la explosión del reactor. “Todos los residentes mayores de 39 años son desplazados internos”, declaró a AFP el alcalde de Slavútich, Yurii Fomichev.
Ataques nocturnos
La conmemoración de Chernóbil tiene lugar en plena guerra entre Rusia y Ucrania. Tres personas murieron y otras cuatro resultaron heridas en territorio ucraniano después de que Moscú lanzara más de cien drones durante la noche, según las autoridades locales. En Sumi, una región fronteriza del noreste, un ataque con drones rusos mató a dos civiles, según el jefe de la administración militar regional.
“El enemigo atacó a civiles en el territorio de la comunidad de Bilopilia (...) a menos de cinco km de la frontera estatal con la Federación Rusa”, con un saldo de dos muertos, un hombre de 48 años y otro de 72, dijo Oleg Grigorov en Telegram. Los ataques con drones y artillería en la ciudad de Dnipró (centroeste) mataron a una persona e hirieron a cuatro más, informó Oleksandr Ganzha, jefe de la administración militar regional. Varias casas y vehículos sufrieron destrozos, añadió.
La fuerza aérea ucraniana afirma que Rusia ha disparado 144 drones durante la noche, de los cuales 124 fueron repelidos. Por otro lado, el gobernador de Sebastopol, en la península de Crimea anexionada por Rusia desde 2014, dio cuenta de un muerto en un vehículo durante un ataque con drones ucranianos que dañó varias casas y una escuela en diferentes barrios de esta ciudad portuaria.
Según el gobernador, Rusia derribó 43 drones. La guerra se desborda más allá de las fronteras ucranianas y rusas. Rumanía anunció que un dron ruso se estrelló en su territorio el sábado, lo que le obligó a evacuar a más de 200 habitantes. Reunidos en Chipre, los dirigentes europeos aprobaron el jueves un vigésimo paquete de sanciones contra Rusia.
El papa aboga por la paz
El papa León XIV pidió que la energía atómica sólo se utilice con fines pacíficos, al conmemorar ayer domingo el 40º aniversario de la explosión en la central nuclear de Chernóbil, en Ucrania. El desastre “marcó la conciencia de la humanidad” y “sigue siendo una advertencia de los riesgos inherentes al uso de tecnologías cada vez más poderosas”, dijo el sumo pontífice estadounidense y peruano al final de la oración del Regina Coeli en el Vaticano.
“Espero que en todos los niveles de toma de decisiones prevalezcan siempre el discernimiento y la responsabilidad, para que cada uso de la energía atómica esté al servicio de la vida y la paz”, añadió. La explosión de 1986 en la central nuclear de Chernóbil en Ucrania fue el peor desastre nuclear civil de la historia. Se estima que miles de personas murieron como resultado de la exposición a la radiación. La cifra exacta de víctimas varía.
Unas 600.000 personas involucradas en la operación de limpieza, conocidas como “liquidadores”, estuvieron expuestas a altos niveles de radiación. Un informe de la ONU de 2005 situó el número de víctimas mortales confirmadas y previstas en 4.000 en los tres países más afectados. Greenpeace estimó en 2006 que el desastre había causado cerca de 100.000 muertes.
Fuente: AFP.
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Chernóbil: las “dos guerras” de un ingeniero después de 40 años
Nikolái Soloviov libró su “primera guerra”, contra la radiación, en 1986 en la central nuclear de Chernóbil. Cuatro décadas más tarde, “la otra guerra”, esta vez contra la invasión rusa de Ucrania, le arrebató a un hijo. Este aficionado al rock duro conserva de su juventud el pelo largo, ahora canoso. La noche del peor accidente nuclear de la historia, el 26 de abril de 1986, Soloviov era “mecánico de turbinas” en la unidad 2, a unos cientos de metros del reactor 4, que explotó durante una prueba, cuenta con precisión a la AFP.
“Sentí como un terremoto. Las turbinas seguían girando, un ruido muy fuerte, y no oí la explosión”, describe este hombre corpulento de 67 años. Las alarmas sonaron. Entonces se dirigió hacia el reactor número 4. De camino se cruzó con un compañero irradiado que vomitaba, con otro que transportaban en una camilla y otro más desplomado sobre su ordenador, con la cabeza entre los brazos. Todos murieron poco después.
La magnitud de la catástrofe saltaba a la vista. Vio “el cielo” a través del agujero causado por la explosión. En los pasillos, torrentes de agua emanaban de las tuberías rotas. Los bomberos intervinieron en el reactor humeante. “No dejaron que el fuego se propagara”, cuenta Soloviov. Casi todos esos socorristas fallecieron, quemados por la radiación. Al amanecer habló con sus compañeros del tiempo que les quedaba de vida. “Dos semanas”, dijo uno. Entonces Nikolái Soloviov volvió a fumar: “un cigarro cubano”. Lo había dejado cinco meses antes, pero “mejor morir joven y guapo”, bromea ahora.
Ávidos de elogios
La mañana del 26 de abril de 1986, terminó su turno. El equipo de día tomó el relevo. Se fue en autobús a Pripiat, la ciudad donde se alojaban los empleados, a tres kilómetros de la central. En las calles, la gente seguía con su rutina. Lo único diferente eran los camiones que rociaban las aceras con un “detergente” espumoso. Al llegar a casa, le dijo a su mujer que se atrincherara.
Durante días, las autoridades soviéticas ocultaron la catástrofe que debilitó a la URSS más de lo que ya lo estaba. Nikolái Soloviov permaneció en la central durante la “liquidación”, la construcción del primer sarcófago y, posteriormente, del segundo, dañado en 2025 por un ataque con un dron ruso.
También estuvo en 1991 durante un grave incendio en la unidad 2. La central produjo electricidad hasta el año 2000 y desde entonces varios equipos trabajan en su interior para garantizar la seguridad. Soloviov se convirtió en ingeniero. Se quedó porque el trabajo era “interesante”, con salarios altos y “muchas vacaciones”.
En su opinión, la prueba de 1986 era “peligrosa”, pero la dirección insistió en llevarla a cabo para ganarse la simpatía de las autoridades soviéticas. Considera que “sólo la URSS” tenía los medios para llevar a cabo las operaciones de “liquidación”, en las que participaron cientos de miles de personas y otras tantas fueron evacuadas. Soloviov vio a decenas de conocidos suyos morir de cáncer.
De su equipo de noche, solo cuatro empleados, de un total de 22, siguen vivos. En 2005, un polémico informe de la ONU estimó en 4.000 el número de muertos confirmados o futuros en Rusia, Ucrania y Bielorrusia. Un año más tarde la oenegé Greenpeace calculó que fallecieron 100.000 personas.
“Guerra atómica”
Nikolái estuvo expuesto a fuertes dosis de radiación. Atribuye su supervivencia a “su buena salud”, la práctica de deporte, su carácter sereno y sus genes. “Hay que dar gracias a Dios y a mis padres por haberme dado buenos genes”, declara. Vive en su casa de campo cerca de Slavútich, una ciudad fundada en 1986, a 120 km al norte de Kiev, para acoger a los desplazados. En el museo local dedicado a Chernóbil ahora se exponen restos de drones rusos derribados. “Eso es la otra guerra”, comenta Nikolái Soloviov.
En la plaza central de Slavútich habla de su primera guerra “atómica” contra el veneno invisible e inodoro de la radiación. “Aquí, la gente dice ‘antes o después de la guerra’ al referirse al 26 de abril de 1986. Y ahora se dice que ya estamos viviendo la segunda guerra de nuestra generación”, explica.
La noche del 23 al 24 de febrero de 2022 partió hacia la central. Nunca llegó porque los dos puentes que conducían a ella estaban destruidos. El ejército ruso tomó Chernóbil y la ocupó durante un mes. El hijo menor de Nikolái Soloviov se alistó en las fuerzas ucranianas. En septiembre de 2023 fue dado por desaparecido en el frente. Esta desgracia dejó a Soloviov sin fuerzas para trabajar y se jubiló.
Fuente: AFP.