Ante la posibilidad de volver a una nueva cuarentena total, debido a los aumentos de casos positivos de COVID 19 y los altos números de fallecidos, la Cámara de Anunciantes del Paraguay considera catastrófico llegar a una situación más severa. Fue mediante un comunicado que publicó en la tarde de este martes.
En el documento señalan que desde hace más de un año se viene respetando irrestrictamente los protocolos de seguridad sanitaria buscando incansablemente no afectar el trabajo de las familias.
“Nos ha tocado cerrar empresas y quedarnos en nuestras casas pensando cómo minimizar en lo posible despidos o suspensiones de empleos, con grandes sacrificios económicos, emocionales y mentales”, señala el comunicado emitido por la CAP.
Te puede interesar: Paraguay dispone US$ 2.800 millones en créditos con multilaterales para ejecutar
El texto explica que pensar en una posible cuarentena total podría ser catastrófica para la economía, porque solo se aplica a los mismos de siempre, el sector privado formal que ya viene cumpliendo estrictamente. Además, se ha comprobado que este tipo de medidas no trae ningún beneficio a nivel sanitario; todo lo contrario, genera daños económicos y sociales.
Desde la CAP instan a las autoridades responsables hacer cumplir todos los protocolos de seguridad sanitaria. Así mismo exigen una mejor gestión para el suministro de vacunas de forma eficaz y eficiente para toda la población.
“Más que nunca, todos los paraguayos debemos unirnos y cuidarnos entre todos, por eso instamos a la ciudadanía en general que actué responsablemente, evitando que se tenga que retroceder en fases de cuarentena. La conciencia ciudadana y la responsabilidad personal deben primar en estos momentos para sobrellevar esta pandemia”, enfatiza el comunicado.
Lee también: Navegabilidad en crisis: “No habrá otra ventana de agua”, advierten
Dejanos tu comentario
Piden transparentar el comercio sojero
Los productores asociados de la Coordinadora Agrícola del Paraguay (CAP) manifestaron su preocupación y malestar en torno al valor del premio, más conocido como descuento del precio de Chicago, en el marco de la cosecha de la campaña 2025-26.
“A medida que sube el precio de la soja en Chicago, el productor paraguayo recibe menos retribución por tonelada debido al aumento del ‘premio’ que se le descuenta”, indicaron en un comunicado. Agrega que esto genera entre los productores la percepción de un manejo especulativo por parte de las multinacionales.
Las empresas deben topear lo que va a recibir el productor, independientemente de las subas en el mercado internacional que sirve de referencia. “Exigimos la transparencia en la comercialización de la soja, con información clara y coherente”, mencionaron.
Dijeron que las empresas deben aclarar la situación con los premios “antes de que se genere un daño mayor” en el relacionamiento entre actores de la cadena de la soja por la pérdida de confianza en las empresas y en el sistema de negociación y venta de la soja. “Como integrantes de la cadena de valor de la soja exigimos respeto y trato digno”, explicaron.
El premio es la diferencia entre el precio internacional de referencia y el valor que finalmente recibe el agricultor. Este descuento se aplica en concepto de costos operativos como el procesamiento en silo, fletes terrestres y fluviales, puertos y otros gastos logísticos. Similar situación se había registrado el año pasado cuando los representantes recalcaron que el productor ya no está en condiciones de asumir descuentos tan elevados y esto que se suma a los efectos de las sequías recurrentes, los bajos precios y la suba generalizada de insumos.
Dejanos tu comentario
Producción de trigo se expande en superficie, pero enfrenta presión de costos y precios
La producción de trigo en Paraguay mantiene su capacidad de autoabastecimiento y genera excedentes para la exportación, principalmente al Brasil, aunque el cultivo continúa condicionado por factores climáticos, sanitarios y de rentabilidad, explicó Rubén Sanabria, productor y vicepresidente de la Coordinadora Agrícola del Paraguay (CAP), en conversación con La Nación/Nación Media.
Asimismo, recordó que el impulso inicial del trigo se dio con el Programa Nacional del Trigo, durante la gestión del exministro Hernando Bertoni, logrando adaptar un cultivo propio de climas templados a condiciones tropicales y subtropicales, con fuerte apoyo tecnológico regional, especialmente de Brasil. Este proceso permitió el desarrollo de variedades nacionales, como las originadas en Itapúa y Canindeyú, y sentó las bases del crecimiento del rubro.
Actualmente, la producción nacional oscila entre 1 y 1,3 millones de toneladas, volumen que permite cubrir el consumo interno estimado entre 800.000 y 1 millón de toneladas y exportar el excedente al mercado brasileño. Este escenario contrasta con décadas anteriores, cuando el país dependía de importaciones de trigo y harina.
Superficie triguera creció 3,9 % en la campaña 2025
De acuerdo con datos del Instituto de Biotecnología Agrícola (Inbio), la superficie cultivada de trigo en la Región Oriental alcanzó 392.890 hectáreas en la campaña 2025, lo que representa un aumento de 14.687 hectáreas respecto a 2024, cuando se habían sembrado 378.203 hectáreas.
El crecimiento estuvo impulsado principalmente por departamentos como Caazapá, que registró un incremento de 11.579 hectáreas, Amambay con 5.332 hectáreas adicionales, Caaguazú con 3.350 hectáreas e Itapúa, que sumó 3.797 hectáreas. También se observaron avances en San Pedro y Misiones.
En contrapartida, se registraron reducciones en Alto Paraná, que sigue siendo el principal productor del país pero recortó 5.686 hectáreas, así como en Canindeyú, con una caída de 7.667 hectáreas, reflejando la cautela de algunos productores ante los riesgos climáticos y económicos.
Costos elevados y precios desincentiva al productor
El vicepresidente de la CAP advirtió que, pese a su importancia, el trigo es un cultivo altamente vulnerable a heladas y enfermedades, debido a las altas temperaturas y humedad del clima subtropical, lo que eleva los costos de producción por el mayor uso de tecnología y control sanitario.
Asimismo, señaló que uno de los principales reclamos del sector está vinculado a los precios que reciben los productores. Indicó que los molinos suelen ajustar los valores a la baja cuando cuentan con elevados stocks, una práctica que desincentiva la expansión del cultivo y afecta la rentabilidad, situación comparable a lo que ocurre en la cadena cárnica.
Finalmente, resaltó que el trigo no solo cumple un rol económico, sino también estratégico dentro del sistema productivo, al ser un cultivo clave para la rotación agrícola y para el desarrollo industrial de varias localidades del interior, donde la actividad molinera se convirtió en motor de crecimiento y empleo.
Dejanos tu comentario
Volver de la Antártida
- Ricardo Rivas
- Periodista – Enviado especial
El Hércules C130 TC 64 sobrevoló el aeródromo de Marambio lenta y pesadamente. Lo escuchamos claramente. No conseguimos verlo. Cerca de un centenar y medio de ojos lo buscaron en el cielo gris muy oscuro.
“Nubosidad baja”, desde un par de días atrás anuncian las plataformas meteorológicas globales. Pronóstico cumplido. La invisibilidad de aquella máquina transformó el ánimo colectivo. Pero no fue suficiente para abandonar la esperanza, aunque la misma expectativa construimos justamente un día atrás cuando un intento de regreso se frustró. Pienso en ayer.
Que fue tan raro como este hoy porque en ningún momento fue de noche. ¡Qué extraño es todo esto! Decir que es como “un atardecer permanente” –como poéticamente lo describe Juan Gómez, vicecomodoro de la Fuerza Aérea Argentina, jefe de la Base Marambio– no parece suficiente para bajar el telón de cada día. Los motores de la enorme aeronave vuelven a escucharse.
El rugido mecánico parece llegar desde el invisible Mar de Weddel oculto por debajo del “mar de nubes”, como aquí se llama a esta condición climática. Una vez más el centenar y medio de ojos se clavan en el cielo. Lo patrullan. Silencio. Parece eterno. “Allá viene... lo veo!”. Parece suspendido en el aire.
Una estela de humo negro se desprende de cada uno de sus motores. La imagen crece vertiginosamente. Casi a ras del piso sobrevuela los primeros 400 metros de la pista cubierta por una fina capa de hielo y unos 4 centímetros de nieve. En el mismo tiempo que se posa sus motores rebajan al máximo sus revoluciones.
El comandante lo deja correr hasta cerca de los 900 metros. Se detiene. Advierto que detrás de mí, bajo la Bandera, al pie del mástil que la sostiene y le permite flamear, un grupo de jóvenes que finalizan la “invernada” se empujan y revuelcan sobre la nieve como algunos años antes lo habrán hecho en el momento en que finalizaron sus viajes cuando egresaron de la secundaria. Los percibo alegres, aunque no me parece que esa presunta alegría sea por partir. Son y se sienten antárticos y antárticas.
La aeronave no se mueve. El comandante procura saber si puede girar y transitar sobre piso firme. Con cuidado extremo gira para llegar hasta donde se detendrá para que desciendan algunas personas y subamos otras. Debemos hacerlo con rapidez.
La compuerta trasera se abre. Nos acomodamos lo mejor posible en el interior de un avión carguero. Los motores continúan encendidos. Silencio profundo. Respiraciones lentas. Ritmos cardíacos acelerados y ruidosos. Las pibas y los pibes se recuestan (acurrucan) sobre sus mamis. Miro y me pregunto... ¿por qué los traen para invernar en la Antártida en familia?.
EN VUELO
Los cuatro motores turbohélices aceleran al mango. El fuselaje vibra intensamente. Los SKUAS (como apodan a la y los pilotos de helicópteros con los que almorcé y cené cada uno de mis días siempre diurnos en la Base Marambio) me enseñaron que “cuando el vuelo se inicia todo está chequeado varias veces”.
También me aseguraron que “en 800 metros” el avión ganará altura “para volver a casa”. Cierro los ojos. Daniel Bertagno –hermano amigo, colega periodista y académico– gran compañero de viaje me codea. Hace un par de selfies.
El comandante suelta los frenos. Por las pequeñas ventanillas solo se ve el gris oscuro del cielo. Se escucha claramente cuando el hielo en la pista se quiebra y vuela en pedazos. Algo de nieve, también. Silencio extremo. La nariz del Hércules C130 TC 64 le apunta de lleno al cielo. Comienza a ganar altura. Estable. Solemne. Épico.
El piberío estalla en ovación. Alguna mamá lagrimea. Un chiquilín de 11 años deja su lugar. Me invita a choca puñitos. “¿Lo voy a volver a ver señor?”, me pregunta mirándome fijamente. Creo que la Antártida, tal vez, comienza a quedar atrás. ¿Será así?
En las entrañas de Heracles (Hércules) hijo de Zeus –dios supremo de los dioses el Olimpo, senior del cielo, del trueno y la justicia, también llamado “Padre de dioses y hombres”– regresa el silencio. Los cuatro motores ronronean parejos. Adormezco. En alguna dimensión transito la Antigua Grecia. Valoro a Hércules. Lo asumo como un rescatista de altísima gama como los que seguramente impulsan a los que vi entrenando en Marambio con clima extremo.
Tengo la convicción de que el nieto de Cronos y Rea nos llevará hasta Río Grande, donde el 15 de noviembre comenzó esta misión académica que devino en aventura tan inesperada como inevitable. T
al vez de eso también se trate vivir. Hasta unas pocas horas atrás los interrogantes iban por otros senderos. ¿Con quiénes y dónde brindaremos en las medianoches del 24 y el 31 de diciembre próximos? Sé que muchos y muchas de aquellas y aquellos que nos vieron partir porque finalizaron sus invernadas todavía piensan en ello.
Gera Gómez –el YD (yanki delta, en código de la Organización de Aviación Civil Internacional-OASI)–, jefe del aeródromo Marambio, deberá esperar para desayunar con su hija en Córdoba, Argentina. La niña y su papá entristecerán. Otros muchos y muchas también tendrán que esperar.
Las proyecciones climáticas pronostican que “no serán posibles las operaciones aéreas” por varios días. ¡Qué bajón! Daniel me despierta. Poco más de tres horas estuve en situación de ausencia. Llueve cadenciosamente en Río Grande. Una brisa helada obliga a recordar la Antártida. Aun así, nos reciben calidez.
“Bienvenidos, antárticos”, nos dice el comodoro Rober Romero. Nos abraza y ofrece acompañarlo con café caliente recién hecho. Se agradece y disfruta. Todavía deberemos volar unos 3 mil kilómetros para llegar a El Palomar (un aeropuerto militar en los alrededores de Buenos Aires) a bordo de otro Hércules.
LOS REGRESOS
Los regresos –vaya a saber por qué– siempre me parecen mucho más largos que los viajes de ida. Volver, siempre es incierto. Vivir es un viaje de ida permanente. El profe don Édgar Morin –palabra más, palabra menos– suele reivindicar la incertidumbre como una suerte de motor vital. Lo pienso y re-pienso.
Llega Maximiliano Magiaterra, el comandante conjunto antártico a bordo de otro Hércules. Nos abraza después de recibir los honores protocolares que corresponden a su cargo y jerarquía militar. “¡Bienvenidos, antárticos!”, repite como momentos antes lo hiciera su camarada dirigiéndose a nosotros.
Nos despedimos con el compromiso de reunirnos para cenar “el año que viene”. De nuevo estamos en la panza del Hércules. Nos sorprende que avanza la nocturnidad. En treinta y cinco días cerca del Polo Sur nos desacostumbramos a la noche que sigue a cada día. Ganamos altura. Entrecierro los ojos. Vuelvo a la Antigua Grecia.
El hijo de Hipnos y Pasitea –corporizado– avanza sobre mí irremediablemente. Morfeo se me acerca. Me atrapa. No resisto. Sé que cuenta con el respaldo de los Oneiros que obedecían fielmente a su madre.
Tal vez hayan pasado casi cinco horas de vuelo suave. En el momento que bajé del TC 66, es noche cerrada. Puse mis ojos en el cielo. Después de 36 días volví a la nocturnidad. Caminamos juntos hasta un recinto desprovisto de toda comodidad. Solo lo justo. Austero. Militares –hombres y mujeres– compañeros de viaje y de muchos de nuestros 35 días en la Antártida esperan órdenes. Un niño de unos 11 años se me acerca.
“Lo voy a extrañar, señor”, me dice mientras me abraza con fuerza. Me hace lagrimear. No puedo pensar con claridad. Mucho para recordar. Mucho para procesar… Para revisar. En el Cabify viajo en silencio. Mañana temprano avisaré a La Nación que estoy de regreso.
Es tarde. Cerca del mediodía más próximo volaré a nuestra casa... Hoy hace ocho días que regresé. La inmanencia antártica me invade. Las noches me quedan largas. Muy largas. No consigo dormir con continuidad. Con cada insomnio los recuerdos recientes me atropellan. Las consultas médicas, varias, solo tienen una respuesta coincidente. “Síndrome posantártico”, diagnostican. Es demoledor. Cansa. Confunde. Agobia.
Tengo la convicción y la necesidad de llamar a mi querido amigo-hermano, colega periodista y maestro Augusto dos Santos. Debo advertirle que muchas de las respuestas que le di cuando me entrevistó a distancia para “Expresso” no fueron las más adecuadas. Carecieron de precisión. Vestir de antártico como lo estaba entonces no fue suficiente para contestar con suficiencia.
No pocas veces la ignorancia nos induce a creer que sabemos de aquello que desconocemos. También quiero que sepa que hasta el pasado 15 de noviembre –cuando llegué a la Antártida– aquel continente para mí era un sueño más entre muchos que, como tantos otros, ya lo tenía en el largo listado de los incumplidos.
Por esa razón, querido Augusto, siento que antes de responderte debiera haberte advertido que como dicen que alguna vez dijo Woody Allen, “si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”.
Es posible también que Woody nunca lo haya dicho. Pese a todo, para este caso siento que con esa frase podría haber respondido a todas tus preguntas cuando quisiste saber qué hacía allí. Espero sepas comprender que, como vos y tu curiosidad natural devenida en oficio, tampoco lo tenía claro.
Dejanos tu comentario
Gremios rechazan cláusula unilateral de la UE y alertan sobre su impacto en negocios del Mercosur
A escasos cuatro días de la firma del Acuerdo UE-Mercosur, los principales gremios productivos del país manifestaron su firme rechazo a la cláusula de salvaguardia bilateral aprobada de manera unilateral por la Unión Europea, al considerar que altera el equilibrio negociado y genera incertidumbre para el comercio y las inversiones.
Desde el sector empresarial advierten que la medida compromete la previsibilidad del acceso al mercado europeo, al permitir la suspensión de preferencias comerciales ante fluctuaciones normales de precios o volúmenes. Esto, sostienen, reduce en la práctica las concesiones otorgadas al Mercosur, especialmente en los principales productos exportables, y neutraliza beneficios clave del acuerdo.
Asimismo, cuestionan el carácter asimétrico de la cláusula, que otorga amplias facultades discrecionales a la Comisión Europea sin mecanismos efectivos de consulta con los Estados Parte del Mercosur, desnaturalizando el uso excepcional de las salvaguardias y debilitando las reglas del comercio internacional.
Leé también: Giménez destaca gestión del Gobierno para obtención del segundo grado de inversión
Los gremios recuerdan que no se trata de un hecho aislado, ya que la UE ya había reabierto unilateralmente la negociación al incorporar un anexo de sostenibilidad no previsto originalmente. En este contexto, solicitan que Paraguay a través del canciller Rubén Ramírez Lezcano, titular del Ministerio de Relaciones Exteriores sostenga una posición firme y activa en los ámbitos diplomáticos, defendiendo reglas claras y estables como condición básica para una asociación estratégica genuina.
El pronunciamiento lleva la firma de Daniel Prieto, presidente de la Asociación Rural Paraguaya (ARP), José Borea, presidente de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), Héctor Cristaldo, presidente de la Coordinadora Agrícola del Paraguay (CAP) y de la Unión de Gremios de la Producción (UGP), y por último Alfred Fast, presidente de la Federación de Cooperativas de Producción Ltda (Fecoprod).