Según el informe del Centro de Estudios Económicos de la Unión Industrial Paraguaya (UIP) y la Cámara Paraguaya de la Industria Naval (CINAVAL), el 90% del comercio paraguayo va por agua. Activar la industria naval con financiamiento inyectará hasta USD 1.000 millones a la economía.
A veces olvidamos que Paraguay es el país comercialmente más abierto de la región. Vivimos de lo que vendemos y compramos al mundo, pero hay un dato contundente que define nuestra suerte: más del 90 % de las exportaciones y el 85 % de las importaciones del país se mueven por la Hidrovía Paraguay-Paraná.
Este imponente canal de agua es nuestra principal arteria vital. Por eso, cada barcaza que surca el río no es solo acero flotando; es empleo paraguayo, inversión, alimentos, tecnología y crecimiento económico en movimiento.
Un revelador informe del Centro de Estudios Económicos de la Unión Industrial Paraguaya (UIP) y la Cámara Paraguaya de la Industria Naval (CINAVAL) enciende las alarmas y expone una oportunidad histórica: la industria naval es la llave para dar el gran salto al desarrollo.
Necesitaremos el doble de barcazas. El comercio fluvial paraguayo está a punto de experimentar una explosión de carga. Gracias a las mega inversiones estratégicas en sectores clave como las plantas de celulosa y la industria cementera, el panorama va a cambiar por completo.
Para el año 2041, se proyecta que la carga fluvial total alcanzará la impresionante cifra de 41.370.000 toneladas.
¿Qué significa esto en el día a día? Significa que para mover semejante montaña de productos vamos a necesitar 2.425 barcazas adicionales conectadas a nuestro stock actual. El mercado va a devorar un promedio de 268 barcazas nuevas por año. La demanda está asegurada,
Astilleros al 50 %. La pregunta del millón es: ¿vamos a fabricar nosotros esas barcazas o vamos a dejar que los dólares se vayan a astilleros extranjeros?
Paraguay tiene el know-how y la capacidad instalada, pero hoy sufre un freno invisible. 1)
El presente: Actualmente el sector opera con una capacidad ociosa mayor al 50%, fabricando apenas 40 barcazas al año bajo pedido. 2) El potencial: Si los astilleros paraguayos encendieran todas sus máquinas al 100 %, podrían fabricar 150 barcazas anuales de inmediato y superar las 170 a corto plazo. 3) El enemigo a vencer: La falta de financiamiento accesible y a largo plazo (pp. 2-3). Sin créditos competitivos, el gigante del río sigue dormido.
Lluvia de dólares para el país. ¿Vale la pena meterle fichas y financiar este sector? Los números de la UIP demuestran que apoyar a la industria naval derrama dinero en toda la sociedad paraguaya, no solo en los ríos.
Este es el impacto económico si logramos activar el financiamiento para dos escenarios reales: Escenario 1: Producir 200 barcazas al año con una inversión de USD 233 millones para reactivar el sector al 100 %, el impacto es inmediato. Se tendrían 2.034 empleos directos generados o protegidos para técnicos y obreros, iría USD 58,9 millones directo al bolsillo de la gente en salarios y aguinaldos, se lograría USD 22,7 millones en recaudación de impuestos para el Estado. Por el efecto multiplicador en la economía, esa inversión inicial se transformaría en USD 793 millones de impacto total en 20 años.
Escenario 2: Producir 350 barcazas al año. Si se redobla la apuesta e invierte USD 407 millones para ampliar los astilleros, se rompería el tablero. Se tendrían 3.560 empleos directos y dignos, más de USD 103 millones en salarios directo a las familias, el Valor Agregado Bruto (PIB) del sector metalúrgico se dispararía un 29% por lo que el impacto económico total en el país supera los USD 1.000 millones.
La receta ya existe. Paraguay no tiene que experimentar a ciegas. Brasil entendió perfectamente este juego y acaba de lanzar un fondo imponente de USD 1.700 millones a través de su Fondo de la Marina Mercante. Ofrecen líneas de crédito con hasta 4 años de gracia y 20 años para pagar, asegurándose de que sus barcos se construyan en astilleros nacionales.
Si Paraguay copia este modelo de financiamiento adaptado a su realidad, equilibrará la cancha regional, atraerá inversionistas y encenderá un motor industrial sin precedentes.