Referentes internacionales de UNIAPAC fueron parte del Congreso de RSE y Sostenibilidad de la ADEC con una premisa clara, de que las empresas no solo deben generar riqueza, sino también desarrollo humano. En un contexto de oportunidades históricas para el país, el desafío es construir negocios con propósito, capaces de impactar positivamente en las personas y en la sociedad.
Cuando se habla de sostenibilidad, la conversación suele girar alrededor de indicadores ambientales, reportes corporativos o estándares internacionales. Sin embargo, el mensaje que dejaron los líderes de la Unión Internacional Cristiana de Ejecutivos Empresariales (UNIAPAC) durante el XVII Congreso Internacional de RSE y Sostenibilidad de la ADEC fue mucho más profundo.
La pregunta central no fue cómo hacer empresas más rentables, sino cómo hacer empresas más humanas. Durante su paso por Asunción, la presidenta de UNIAPAC Internacional, Sigrid Marz; el secretario general de la organización, Rodrigo Whitelaw; y el presidente de la Asociación de Empresarios Cristianos (ADEC), Jorge Figueredo, en charla con FOCO, coincidieron en una idea que atraviesa hoy al empresariado global: el éxito económico ya no puede medirse únicamente por las utilidades.
“La sostenibilidad del negocio es el aspecto más importante de nuestro tiempo”, inició Sigrid, con esta reflexión que llega un momento particular para Paraguay. El país atraviesa una etapa de creciente protagonismo internacional, con nuevas oportunidades de integración comercial, inversiones y expansión de mercados.
Pero para los referentes de UNIAPAC, el verdadero desafío consiste en que ese crecimiento esté acompañado de una visión de desarrollo humano integral. “La rentabilidad sigue siendo necesaria porque es el oxígeno de cualquier empresa. Pero si ese crecimiento no es sostenible para las personas, termina perdiendo sentido”, sostuvo la dirigente europea.
Personas antes que indicadores. En una época donde la productividad parece imponerse sobre cualquier otra variable, UNIAPAC plantea una mirada diferente: la persona humana debe seguir siendo el principal indicador del éxito empresarial. La preocupación por la salud mental, el agotamiento laboral y la pérdida de sentido en el trabajo aparecen hoy entre los desafíos más relevantes para las organizaciones alrededor del mundo.
Según la titular de la organización, muchas veces las empresas llevan tanto a las personas como a los recursos naturales hasta sus límites, una situación que tarde o temprano termina generando consecuencias. La sostenibilidad, sostiene, no puede limitarse al cuidado ambiental.
También implica preservar la dignidad humana dentro de las organizaciones. Esa visión se resume en tres conceptos que UNIAPAC promueve a nivel global: buenos bienes, buen trabajo y buena riqueza.
Los buenos bienes son aquellos productos y servicios que responden genuinamente a las necesidades de las personas. El buen trabajo es aquel que permite desarrollar talentos, crecer y proyectarse. Y la buena riqueza es la que se crea con valores y genera impacto positivo más allá de los balances financieros. “La creación de riqueza sigue siendo una misión fundamental de la empresa, pero debe estar orientada al bien común”, explicó Rodrigo.
La ética cuando nadie mira. Uno de los mensajes más potentes que dejó el encuentro fue que la ética empresarial no se encuentra en los manuales corporativos. Se encuentra en las decisiones, especialmente en aquellas que se toman cuando nadie está observando.
Para los referentes de UNIAPAC, el liderazgo ético no depende únicamente del director general o del propietario de una compañía. Es una construcción colectiva que involucra a toda la organización. Se refleja en cómo se contrata a las personas, cómo se gestionan los errores, cómo se distribuyen las oportunidades de crecimiento y cómo se escuchan las distintas voces dentro de una empresa.
“La ética es un sistema vivo”, resumió Rodrigo. Y justamente allí radica uno de los mayores desafíos para las organizaciones modernas, el de transformar los valores corporativos en prácticas cotidianas.
Paraguay ante una oportunidad histórica. Durante la conversación también apareció un tema inevitable, el escenario que se abre para Paraguay con los nuevos acuerdos comerciales y el creciente interés internacional por la región.
Para UNIAPAC, el país tiene una oportunidad extraordinaria de posicionarse en el mundo. Pero el desafío será lograr que ese crecimiento beneficie tanto a las grandes empresas como a los pequeños productores, emprendedores y actores locales. Sigrid puso énfasis en que la integración económica solo genera verdadero desarrollo cuando existen reglas que permitan que los beneficios lleguen a todos los sectores.
El crecimiento económico, señaló, debe ir acompañado de responsabilidad social, inclusión y oportunidades. “No se trata únicamente de que ganen los más grandes. También deben prosperar quienes forman parte de la base productiva de una sociedad”, enfatizó.
Quizás el concepto más inspirador que atravesó toda la entrevista fue el de la esperanza. No como una idea abstracta o un discurso motivacional. Sino como una fuerza capaz de transformar la realidad.
Rodrigo recordó una reflexión compartida recientemente en el Vaticano: la esperanza es aquello que permite traer el futuro al presente. Es lo que impulsa a crear, innovar, invertir y construir. Desde esa perspectiva, el empresario deja de ser únicamente un generador de riqueza para convertirse en un actor de transformación social.
Una visión que también rescata el propio legado de UNIAPAC, organización nacida hace casi un siglo con la convicción de que la propiedad privada y la actividad económica tienen sentido cuando están al servicio de las personas.
En esa misma línea, Jorge Figueredo destaca que la conexión entre ADEC y UNIAPAC permite que Paraguay no solo reciba experiencias internacionales, sino que también comparta con el mundo sus propias buenas prácticas.
Con más de 475 asociados, programas de formación, mentorías, premios empresariales y espacios de reflexión ética, la ADEC se ha convertido en una plataforma desde la cual el empresariado paraguayo demuestra que es posible competir, crecer y generar impacto positivo al mismo tiempo.
Quizás ese sea el principal legado del Congreso Internacional de RSE y Sostenibilidad 2026. La convicción de que las empresas más sólidas del futuro no serán necesariamente las más grandes. Serán aquellas capaces de poner a las personas en el centro de sus decisiones y entender que la rentabilidad y el bien común no son objetivos opuestos, sino parte de una misma construcción.