La Cámara Paraguaya del Gas (Capagas) se encuentra analizando un posible reajuste del precio del gas licuado de petróleo (GLP) y que para las próximas semanas podría haber novedades, señaló el presidente del gremio, Pedro Balotta.
El referente explicó que existen factores externo, como el dólar, flete, que influyen en el precio final de venta en el mercado local y que ante el repunte de la moneda americana no se descarte ninguna posibilidad de hacer aumento el precio del GLP.
“No se te analizó aun cuanto puede ser el aumento en el precio, para eso se deben analizar varios factores y cada empresa o emblema lo realizara seguramente en su debido momento”, explicó de presidente de la Capagas.
Agregó que hace dos años aproximadamente fue la última vez que se tocó el valor del GLP en el mercado local. En aquella oportunidad significó una baja, sin embargo, los valores tanto del petróleo como del dólar ha crecido y ese es motivo del estudio de un posible reajuste tanto para el uso doméstico como para el vehicular. El precio se encuentra entre G. 2.600 y G. 3.000 por litro y aproximadamente G. 6.500 por kilo.
Mercado local
El referente del sector explicó que el Paraguay, como país importador, adquiere el GLP, aproximadamente el 80% de Bolivia y un 20% de la Argentina.
Pedro Balotta explicó que el promedio de consumo del gas en el país es de aproximadamente 7.500 toneladas de manera mensual, pero la cifra crece cada año debido al crecimiento vegetativo.
“En el caso del uso doméstico, manejamos datos que existen aproximadamente 2 millones garrafas en todo el país”, explicó el titular de la Capagas.
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Latorre destaca que el crecimiento económico debe reflejarse en los ingresos familiares
El presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Latorre, se refirió esta mañana respecto al salario mínimo vigente, afirmando que ya no se ajusta a las necesidades de las familias paraguayas, por lo que manifestó su postura sobre la necesidad de cambiar e impulsar políticas públicas que promuevan el crecimiento y la prosperidad del sector privado, porque es allí donde se generan oportunidades, empleo y desarrollo.
Durante una charla con varios medios de prensa, esta mañana el legislador oficialista señaló que actualmente, gracias a la gestión del Gobierno se está observando un momento de mucha prosperidad a nivel macroeconómico. Además de que existen muchas oportunidades para capitalizar, pero que debe llevar a un crecimiento de la sociedad para que todos puedan disfrutar de esa prosperidad.
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“Es fundamental que los beneficios de este momento de crecimiento lleguen a todos los paraguayos. La prosperidad debe ir acompañada de solidaridad y responsabilidad social. Solo así construiremos un Paraguay más justo, con más oportunidades y una mejor calidad de vida para todos”, expresó igualmente el diputado Latorre a través de sus redes sociales.
El legislador insistió en que para lograr ese desarrollo de la población en general, necesariamente se tendrá que reajustar el salario mínimo.
“El salario mínimo actual, no condice con las necesidades de las familias. Nosotros tenemos que buscar el equilibrio, yo creo que la economía, habla de la distribución de la riqueza, para que exista esas riquezas que distribuir, la riqueza se tiene que producir; ¿y quién es el que produce las riquezas? es el sector privado. Entonces, tenemos que tener políticas públicas que fortalezcan las capacidades del sector privada, de prosperar", remarcó.
Agregó que todo ese esfuerzo luego tiene profundas consecuencias económicas, para el sector. Pero el desafío para el sector empresarial es la solidaridad, y que toda la ciudadanía sienta, que todo el pueblo sienta a la vez el crecimiento que se está dando en este momento de prosperidad en el Paraguay.
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Salario mínimo: IPC no captura el peso de los alimentos
Mientras avanza el análisis del aumento salarial que regirá desde julio, economistas advierten que el IPC utilizado para calcular el ajuste no captura el peso que tienen los alimentos en el presupuesto de las familias de menores ingresos.
A pocas semanas de definirse el reajuste del salario mínimo que entrará en vigencia desde julio, el debate ya no gira solamente en torno al porcentaje de aumento, sino también sobre si el mecanismo utilizado para calcularlo refleja realmente el costo de vida de los trabajadores paraguayos.
Actualmente, el ajuste se determina en función de la inflación acumulada entre junio de 2025 y mayo de 2026, medida a través del Índice de Precios al Consumidor (IPC) elaborado por el Banco Central del Paraguay (BCP).
Sin embargo, para el economista Rodrigo Ibarrola, investigador asociado del Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (CADEP), ese indicador presenta una limitación importante cuando se lo utiliza para definir salarios.
“Si se aplica únicamente la inflación observada, el ajuste sería muy exiguo”, sostiene. Punto en el que recuerda que el IPC es un indicador agregado que mide el comportamiento promedio de precios de cientos de bienes y servicios.
El problema con esto es que no necesariamente representa el patrón de consumo de los trabajadores que perciben el salario mínimo, explica el especialista.
Según indicó, una familia típica destina más de la mitad de sus ingresos a la compra de alimentos, mientras que dentro de la estructura del IPC este rubro tiene una ponderación cercana al 25 %.
“El ajuste por IPC siempre será insuficiente. El trabajador siente mucho más el aumento de los alimentos porque es ahí donde concentra gran parte de sus gastos”, remarcó Rodrigo.
Esta diferencia ayuda a explicar por qué muchas familias perciben una pérdida de poder adquisitivo incluso en períodos de inflación moderada. Mientras el índice refleja el comportamiento promedio de toda la economía, los hogares de menores ingresos enfrentan una realidad distinta, marcada por el peso que tienen los alimentos dentro de su presupuesto mensual.
El economista hizo hincapié en que el propio Banco Central ha señalado en varias ocasiones que el IPC fue diseñado como una herramienta de política monetaria, y no como un instrumento específico para la política salarial.
En este contexto, señaló que existen indicios de que el Gobierno estaría evaluando un incremento superior al porcentaje que arroja estrictamente el IPC, ante el estancamiento del salario real observado en los últimos años.
No obstante, advirtió que aún falta información clave para determinar si el eventual reajuste será suficiente para recuperar capacidad de compra. “Hoy no contamos con una canasta específica que refleje el consumo típico de un trabajador asalariado. Lo único que sabemos es que ajustar exclusivamente por IPC resulta insuficiente”, concluyó.
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El dilema del salario mínimo: lo que más golpea al bolsillo no siempre define el ajuste
En Paraguay, cada año el salario mínimo enfrenta una paradoja, pues los combustibles y alimentos que son los que más afectan a los trabajadores, son los que más suben, aunque el ajuste sigue otra lógica.
Mientras el país espera la definición del reajuste del salario mínimo, el economista Wildo González advierte que el debate suele concentrarse en cuánto debe subir, pero deja de lado factores estructurales como la informalidad laboral y la baja productividad. Él señala que estos factores terminan condicionando los ingresos de miles de trabajadores.
Según el especialista, aunque alimentos y combustibles son los rubros que más impactan en el presupuesto de quienes perciben el salario mínimo, utilizar exclusivamente esos componentes para determinar los ajustes también podría generar distorsiones y abrir discusiones complejas en el futuro.
“La productividad es el principal determinante de los salarios”, sostuvo, al señalar que los bajos niveles de inversión en capital humano explican en gran medida por qué una parte importante de los trabajadores paraguayos continúa percibiendo ingresos reducidos.
¿El problema es el ajuste o la productividad? Porque esa es, en esencia, la reflexión que Wildo está poniendo sobre la mesa, y la interrogante que se desprende es por qué Paraguay sigue discutiendo el salario mínimo todos los años sin resolver los factores que mantienen bajos los salarios.
Un punto importante, relacionado con los ajustes del salario mínimo, está vinculado a los altos niveles de informalidad del mercado laboral, explica Wildo, y, como nota incómoda que rara vez se menciona, a la baja productividad del trabajador informal.
Esta baja productividad responde, en gran medida, a los bajos niveles de inversión en capital humano, que determinan que, en el largo plazo, los salarios sean bajos. “Recordemos que la productividad es el principal determinante de los salarios”, dijo.
Esto abre la discusión sobre cuál es el monto del salario mínimo que “alcanza” para sostener a una familia. Aquí surge otro aspecto crucial: el salario mínimo debe cumplir la función de puerta de entrada al mercado laboral, transmitiendo una señal sobre cómo valora el mercado la mano de obra de entrada con calificaciones mínimas.
De allí surge el debate sobre si el salario mínimo debe ajustarse o estar indexado a la inflación pasada, señala. En un contexto de inflación baja en general, pero no en alimentos y combustibles, sino en bienes y servicios core, los ajustes al salario mínimo tienden a reflejar una inflación total muy moderada, aunque desconectada de la inflación de estos esenciales.
Esto, más allá de que es la más cercana a los hogares receptores de salarios mínimos. Sin embargo, indexar el mínimo a componentes tan volátiles también genera debates incómodos, explica el especialista.
La situación actual es particularmente sensible, con inflación alta en alimentos y combustibles, el ajuste puede ser significativo. Pero existe alta probabilidad de que, por efecto base, la inflación de estos componentes sea baja o incluso negativa, generando presión para discutir una reducción del salario mínimo ante inflación negativa de alimentos y combustibles.
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Médicos piden reajuste salarial y evalúan posible huelga
Médicos dependientes del Ministerio de Salud piden ser incluidos en la discusión sobre el reajuste salarial, argumentando que el sector sufre un fuerte deterioro salarial que se fue acumulando en los años.
De no ser oído sus reclamos, analizan la posibilidad de una huelga general, anunció la doctora Rosana González, dirigente del Sindicato Nacional de Médicos (Sinamed), en declaraciones a la 680 AM. Mencionó desde el 2012 los profesionales de la salud perdieron cerca del 74,8 % de su poder adquisitivo, pasando de percibir el equivalente a 2,8 salarios mínimos a apenas 1,7 en muchos casos.
En ese sentido, indicó que los bajos salarios están generando una creciente migración de médicos especializados hacia el sector privado e incluso al exterior en busca de mejores condiciones laborales.
Afirman que el aumento del costo de vida y de la canasta básica no sea acompañado por una actualización salarial acorde para el personal médico. La representantes sindical apuntó que si no reciben respuestas concretas por parte del Ministerio de Salud y del Ministerio de Economía, el sector podría convocar a una huelga nacional de médicos a mediados de agosto como medida de presión.
La petición se realiza en coincidencia con el actual estudio del reajuste de salario mínimo legal. El reajuste se encuentra actualmente en fase de negociación. Los sindicatos exigen un aumento del 20 %, mientras el salario mínimo vigente se mantiene en G. 2.899.048. El nuevo monto oficial se hará efectivo a partir del 1 de julio de 2026.
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