En la sede de la Unión Industrial Paraguaya (UIP) tuvo lugar una intensa jornada de evaluación, que se prolongó por unas seis horas, en donde los 15 finalistas del Premio a la Innovación 2020 presentaron sus productos innovadores.
El primer premio, que consiste en US$ 2.500, fue adjudicado a la firma Vro Pardo, de Verónica Pardo, con su colección de prendas gastronómicas denominada “Pokoi”, que ha incorporado componentes de la artesanía Mbya Guaraní. Así la firma integró la cestería de los mbya, que se elabora con raíces de guembepi y las ramas del kurupika, en sombreros y detalles de diseño en las prendas gastronómicas de la marca.
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REDciclaje
El segundo lugar, que se lleva US$ 1.500, fue para REDciclaje, de Guillermo Russo, una start up que se propuso dar una nueva vida a los residuos plásticos, transformándolos en productos útiles, atractivos y duraderos. Esta vez presentó protectores faciales hechos totalmente en Paraguay a partir de plástico reciclado.
Tanto la vincha, la sujeción de la cabeza, como la lámina transparente se fabrican a partir de la transformación de la basura plástica. También son completamente modulares, pudiendo comprar repuestos de láminas, gomas y vinchas a voluntad, sin necesidad de desechar todo el producto.
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Tekove Green
El tercer premio, de US$ 1.000, quedó para la firma Tekove Green, de Luis Santacruz, que presentó la moringa orgánica paraguaya, un superalimento nutritivo y versátil, con trazabilidad e inocuidad desde la selección de la semilla hasta el envasado final. La firma está innovando con una presentación que ofrece dosificación y practicidad para el consumidor, utilizando material amigable con el medioambiente al hacer uso de cartón reciclado y sobres de papel, además de mano de obra 100% paraguaya.
El Premio a la Innovación forma parte de una de las actividades del Encuentro Mipymes 6ª edición, evento virtual que se llevará a cabo del 1 al 4 de diciembre, en el marco del programa Mipyme Compite, financiado por la Unión Europea. El acto de premiación se realizará el viernes 4 de diciembre del 2020, a las 9:00, en la sede de UIP Sacramento.
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¿Es posible una cuenta del tiempo más exacta?
- Gonzalo Cáceres
- Periodista
Científicos, empresarios y líderes de opinión entendían que los defectos estructurales del calendario gregoriano entorpecían la organización económica y administrativa del siglo XX. Consecuentemente, se gestó un proyecto de ajuste mundial para un calendario fijo de 13 meses, que fracasó ante la fuerza de la tradición.
Los seres humanos no percibimos el tiempo de forma puramente natural, sino también cultural. Y el calendario es una invención humana, una suerte de convenio social que experimentó múltiples reformas a través de los siglos.
ORÍGENES
La herencia romana perduró en el hemisferio occidental a través de los principios legales, la lengua, estructura jurídica, arquitectura e ingeniería, pero también en la percepción misma del tiempo.
“Calendario” viene del latín “calendarium” (entendido como libro de contabilidad, derivado de “kalendae”), que marcaba el primer día del mes en la antigua Roma, cuando las deudas y los intereses de los préstamos se registraban y pagaban.
Los romanos arrancaron el cómputo de los años con la fundación de Roma (1. u. C, urbe Condita, “año 1 desde la fundación de la ciudad”), que se corresponde con el 753 a. C. (antes de Cristo, que utilizamos hoy día), según los cálculos del monje Dionisio el Exiguo, a quien históricamente se reconoce como el gran compaginador de los tiempos (se pasó media vida ubicando las fechas de la Pascua y del nacimiento de Jesús de Nazareth).
Hoy sabemos que Dionisio se equivocó, pero su sistema (Anno Domini) perduró y se generalizó en la Europa Occidental después del Renacimiento (Gran Bretaña lo adoptó recién en 1752, Rusia en 1918 y Turquía en 1927).
Es así que en las Américas, gran parte de Europa y regiones de África nos ubicamos en el año 2026, pero para los chinos ya es el 4724, los judíos andan por el 5786, los musulmanes entre el 1447 y el 1448 y los budistas en el 2569. Toda esta disparidad llevó, en su momento, a una iniciativa por el establecimiento de un calendario único internacional.
EL PROBLEMA
El calendario de referencia a nivel global es el gregoriano. Instaurado en 1582 por el papa Gregorio XIII, fue concebido en un intento de corregir el desfase del antiguo calendario juliano (reforma de Julio César). De un plumazo, se perdieron 10 días en ese ajuste (se pasó del 4 al 15 de julio porque sí).
Aunque es preciso desde el punto de vista astronómico, el gregoriano se vale de varios puntos cuestionables: los meses tienen duraciones irregulares (28, 30 o 31 días), las fechas no coinciden con los mismos días de la semana cada año; lo que complica la planificación contable, económica o estadística por los trimestres (no tienen la misma duración).
A todo ello hay que sumarle que hay años en los que las fechas se desplazan de manera que los calendarios laborales o escolares deben reorganizarse constantemente.
UNIFICAR EL TIEMPO
En 1923, la entonces Liga de las Naciones convocó a la presentación de propuestas. En total, se recibieron unas 500, pero en 1931 solo se aceptaron tres para su análisis en plenaria.
La idea más sólida fue la del calendario internacional fijo, proyectado por el empresario Moses B. Cotsworth en 1902, cuando trabajaba en el sistema ferroviario británico.
Cotsworth observó que la contabilidad mensual era difícil de comparar porque cada mes tenía distinta duración. Pretendía crear un calendario perfectamente regular tomando como base un calendario de 13 meses compuesto por 28 días (364 días totales). Como 28 es divisible por 7, cada mes tendría exactamente 4 semanas. Esto produce una regularidad notable: cada mes comienza el mismo día de la semana, cada fecha cae siempre el mismo día, todos los meses son idénticos en duración. El mes adicional se llamaría “Sol” y se ubicaría entre junio y julio.
EL DÍA “FUERA DEL TIEMPO”
Un problema del calendario de Cotsworth se hizo notar por el año solar (que tiene 365 días), por lo que se propuso agregar un día especial al final del año, que no pertenecería a ninguna semana. Este día se llamaría “Year Day” (Día del Año), que no sería lunes, martes, etc.; sino una jornada festiva mundial. Así, el año siguiente comenzaría nuevamente un domingo (en los años bisiestos se agregaría otro día similar después de junio).
El calendario quedaría en 364 días estructurados (13x28), un día festivo mundial y un día adicional en año bisiesto.
Los defensores del calendario de 13 meses señalaban que, por la simetría perfecta (cada mes sería idéntico), se podrían comparar meses sin distorsiones estadísticas. También la simplificación contable haría que las empresas puedan planificar salarios, inventarios, impuestos y estadísticas sin sufrir las irregularidades actuales, entre otros.
EL CALENDARIO MAYA
El calendario de Cotsworth presentó grandes coincidencias con el calendario de las 13 lunas de la ancestral cultura maya, considerado uno de los sistemas más precisos de la antigüedad.
Esta reputación se debe, principalmente, por su exactitud astronómica, su estructura matemática compleja y la capacidad para integrar distintos ciclos de tiempo en un mismo sistema coherente (la combinación del Tzolk’in y el Haab generaba un ciclo mayor llamado rueda calendárica, que se repetía cada 52 años solares). No se trataba de un único calendario, sino de un conjunto de cuentas del tiempo que funcionaban simultáneamente.
El calendario maya es, ante todo, una propuesta “natural” (espiritual, astronómica y biológica) antes que económica.
APOYO EMPRESARIAL
En su momento, el calendario internacional fijo fue puesto a prueba por el industrial estadounidense George Eastman (fundador de Eastman Kodak), quien adoptó el calendario de 13 meses para uso interno de la empresa. Desde 1928 hasta 1989, Kodak utilizó este calendario en su contabilidad, lo que lo convirtió en el experimento práctico más duradero.
Sin embargo, el principal obstáculo vino de las instituciones religiosas, particularmente de las Iglesias católica, ortodoxa y comunidades judías. Las religiones con tradición sabática (judía y cristiana) sostienen que el ciclo semanal de siete días debe ser continuo e ininterrumpido desde la creación. Si se introducen días “sin semana”, el ciclo se rompe. Para los judíos esto afectaría la observancia del Shabat y, para muchos cristianos, afectaría la continuidad del domingo.
FRACASO
Debido a estas tensiones dogmáticas, la reforma nunca fue adoptada a escala mundial. Además, había otros problemas, porque cambiar todos los calendarios del mundo era extremadamente costoso y afectaría aniversarios históricos, lo que pudo haber requerido reformar leyes y tratados. La discusión fue zanjada en 1955 y el calendario gregoriano permaneció como estándar global.
Sin embargo, el calendario de 13 meses no fue el único intento. Otra propuesta famosa fue el calendario mundial de 12 meses, pero que reorganizaba los trimestres; o el calendario symmetry 454 y el calendario permanente Hanke-Henry. También se propusieron almanaques científicos, industriales y estadísticos, pero ninguno logró consenso.
Por ello, el calendario gregoriano sigue predominando porque es una herramienta técnica y también un sistema cultural profundamente arraigado en la civilización global; con varios errores y defectos, sí, pero que tiene a su favor la aceptación mayoritaria.
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El MIC apunta a impulsar marcas locales para que compitan en el extranjero
Durante un conversatorio con directivos del Centro de Regulación, Normas y Estudios de la Comunicación (Cerneco), autoridades del Ministerio de Industria y Comercio MIC) destacaron la importancia de vincular la capacidad local con los mercados globales para generar empleo, innovación y desarrollo económico en todo el país.
El titular del MIC, Marco Riquelme, subrayó que el objetivo central es vincular las capacidades locales con oportunidades de mercados globales, generando empleo, innovación y fortaleciendo la economía nacional.
“La revolución industrial que proponemos no es solo un concepto histórico; es un llamado a transformar el presente del Paraguay, impulsando la creación de marcas locales que compitan internacionalmente y asegurando oportunidades para nuestros jóvenes”, afirmó.
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Sostuvo que pese a los avances en atracción de inversiones extranjeras durante los primeros años de gestión, era necesario volcar la mirada hacia los emprendedores paraguayos, quienes trabajan silenciosamente desde hace décadas, muchas veces sin acceso a créditos ni herramientas tecnológicas.
“Nos encontramos con familias emprendedoras que desde temprano producen y sostienen la economía real del país. Nuestra prioridad es apoyarlas con asistencia técnica, financiamiento y capacitación para que sus empresas puedan crecer y proyectarse al mundo”, aseveró.
Así también, destacó que las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) son el motor de la economía paraguaya, con 476.000 empresas que representan el 90 % de la fuerza laboral del país y que generan empleo para más de un millón de paraguayos.
Por ello, reiteró que la revolución industrial también contempla la formalización y el acceso a créditos a tasas justas, combatiendo la usura y fortaleciendo la competitividad del sector.
Ejemplificó esta visión con casos concretos de innovación en la agricultura familiar campesina y el cooperativismo, donde pequeños productores pasaron de la subsistencia a generar ingresos sostenibles gracias a la vinculación con mercados globales y la industrialización de sus productos.
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Sector público y privado avanzan en la construcción de un ecosistema de innovación
Paraguay dio un paso estratégico hacia la consolidación de su ecosistema de innovación con la primera reunión bimensual del equipo impulsor, integrado por el Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicación (Mitic), el Ministerio de Industria y Comercio (MIC), el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), junto con representantes del sector privado y la academia.
El encuentro tuvo como eje principal la estructuración de una gobernanza sólida y consensuada bajo el modelo de la Triple Hélice, que busca articular esfuerzos entre el Estado, las empresas y las universidades para acelerar el desarrollo productivo con enfoque en innovación.
Tras un proceso de planificación iniciado en diciembre con apoyo técnico del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), durante la jornada se validó la hoja de ruta estratégica y se formalizó la creación de seis mesas de trabajo especializadas, encargadas de ejecutar acciones concretas durante el 2026.
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El objetivo central de esta iniciativa es diseñar e implementar un Ecosistema Nacional de Innovación orientado a fortalecer la competitividad internacional de Paraguay. En ese marco, los participantes definieron cinco actividades prioritarias por cada mesa de trabajo, con metas claras a ser alcanzadas en el corto plazo.
Las seis áreas de acción definidas incluyen la articulación eficiente entre instituciones, el fortalecimiento del ecosistema educativo y la inclusión digital, así como el impulso a la innovación mediante laboratorios territoriales enfocados en soluciones locales.
A esto se suman líneas estratégicas como el impulso al emprendimiento y startups de alto impacto, el desarrollo de infraestructura digital y plataformas inteligentes, y la internacionalización del talento y las empresas paraguayas en mercados globales.
La coordinación del equipo está liderada por el Gobierno, a través del Mitic, MIC y Conacyt, en un esquema de trabajo conjunto con gremios empresariales, universidades y otros actores clave del ecosistema, buscando generar sinergias que potencien la innovación.
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Agrotecnología gana terreno: lanzan aplicación que integra gestiones en el campo
En el marco de Innovar 2026, el sector agropecuario suma un nuevo impulso hacia la digitalización con el lanzamiento de “Agrofértil Digital”, una plataforma que centraliza información clave, gestión operativa y herramientas de análisis para productores, en línea con la creciente apuesta por una agricultura más eficiente y conectada.
Con la digitalización posicionándose como uno de los principales vectores de competitividad de distintos sectores, fue presentada una nueva plataforma de gestión integral orientada a simplificar las operaciones del productor y mejorar la toma de decisiones en el campo. La herramienta, desarrollada en alianza con un centro de innovación tecnológica, apunta a integrar en un solo entorno múltiples funcionalidades que hoy se encuentran dispersas.
El desarrollo se alinea con una tendencia global en la que el uso de datos, automatización y conectividad permite optimizar procesos productivos, reducir costos y mejorar la eficiencia en toda la cadena agrícola. En Paraguay, donde el agro representa uno de los pilares de la economía, este tipo de soluciones cobra cada vez mayor relevancia.
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La plataforma permite a los usuarios acceder a información financiera y comercial en tiempo real, como estados de cuenta y seguimiento de pedidos, además de consultar contratos de granos, cotizaciones internacionales, datos climáticos y herramientas de cálculo productivo.
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