Amenazas de desalojo, alquileres disparados o habitaciones que consumen buena parte del sueldo son algunas de las situaciones más denunciadas.

  • AFP

En las acampadas de protesta surgidas en Madrid y Barce­lona tras el desalojo de Mari­carmen Abascal, numerosas personas relatan sus dificul­tades para conservar o encon­trar una vivienda y reclaman soluciones. Tras el desahucio la semana pasada de Abas­cal, de 87 años, del piso en el que vivía desde hace siete décadas, cientos de activis­tas acampan desde el pasado fin de semana en la turística Puerta del Sol de Madrid. Las protestas se han extendido a otras ciudades, como Bar­celona, donde manifestan­tes han plantado tiendas de campaña en la céntrica plaza de Cataluña.

Rufina Parra, una ecuato­riana de 56 años que trabaja cuidando personas, llevaba una década viviendo con su familia de alquiler en Madrid cuando en 2023 el propietario los echó porque quería ven­der el apartamento. Con con­tratos precarios, no encontró “más que trabas” para conse­guir otra vivienda, una bús­queda que “afectó muchísimo [su] salud”.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

“Yo pago 500 euros por una habitación, cuando gano 1.000 euros”, cuenta Whal­fryd Cruz, un camarero de 30 años que lleva dos noches acampando en Sol para exigir “soluciones ya”. Se considera incluso afortunado: conoce gente que por ese precio solo consigue en Madrid una cama en “un salón reacondi­cionado, una buhardilla o en una habitación sin ventana, cosas que son inhumanas”.

Déjanos tus comentarios en Voiz