La estrategia que impulsa Nueva Delhi principalmente en la economía, la tecnología, la energía y cooperación es fundamental: expandir la influencia del gigante asiático a todo el globo.
- Por Richard Moreira
Hay países que crecen y hay países que, al crecer, modifican el equilibrio del mundo. India pertenece cada vez más a la segunda categoría. Con una población que ronda los 1.477 millones de habitantes y una economía que mantiene tasas de expansión muy elevadas, el gigante asiático está atravesando una transformación que combina mercado interno, infraestructura, industria, tecnología y una creciente vocación de presencia internacional. El FMI proyecta un crecimiento real de 6,4 % para 2026.
La dimensión de este milagro impresiona. El gigante asiático no es solamente el país más poblado del planeta: es también uno de los grandes motores de crecimiento de la economía mundial. Su producto interno bruto ya se encuentra entre los mayores del mundo y la apuesta de Nueva Delhi es seguir escalando posiciones mediante una estrategia que tiene como horizonte 2047, cuando el país aspira a celebrar el centenario de su independencia convertido en una economía desarrollada.
La fórmula combina inversión pública, infraestructura, manufactura y tecnología. India quiere producir más, exportar más y convertirse en un centro de fabricación para las cadenas globales. Programas de incentivos a la producción, proyectos de conectividad y desarrollo de infraestructura forman parte de esa estrategia. El desafío es transformar el enorme tamaño de su mercado interno en una plataforma de producción capaz de competir globalmente.
Durante décadas, India construyó una reputación de alcance global como potencia de servicios informáticos y de software. Ahora intenta dar un salto adicional: inteligencia artificial, semiconductores, computación avanzada, electrónica, automatización y una infraestructura digital que alcanza prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana.
Esa transformación se ve en algo tan sencillo como comprar un producto. Este país desarrolló UPI, su sistema de pagos instantáneos, que permite transferir dinero entre cuentas bancarias y realizar pagos mediante teléfonos móviles y códigos QR. Pero este salto digital no termina en los pagos. India está construyendo una infraestructura pública digital que conecta identidad, servicios financieros, comercio y salud. Ese modelo constituye también una de las cartas que India puede ofrecer al mundo: tecnología desarrollada a gran escala, soluciones digitales y capacidad para aplicarlas a poblaciones enormes y diversas.
ENERGÍA PARA EL PROGRESO
Pero toda revolución de este tipo necesita moverse, necesita energía, por eso los indios buscan ampliar y transformar su matriz porque el retorno es enorme: una economía que crece, una población gigantesca y una industria que necesita cada vez más requieren una expansión energética de dimensiones igualmente extraordinarias.
Es de esta forma que los minerales críticos adquieren una importancia estratégica. Litio, cobre, níquel, cobalto y otros minerales son indispensables para baterías, redes eléctricas, vehículos eléctricos, electrónica y tecnologías vinculadas a la transición energética. India reconoce que buena parte de estos recursos debe obtenerlos del exterior y está buscando asociaciones en América Latina. Ese interés modifica también la relación con Sudamérica en países como Chile, Perú o Argentina, o también otros como Paraguay. Tras la visita del presidente Santiago Peña en 2025, y mediante un memorándum de entendimiento, India y Paraguay buscan cooperación en la exploración, tecnología y valorización de minerales críticos y estratégicos.
Este creciente peso del gigante asiático no se expresa solo en cifras económicas, también se expresa en la cooperación. Nueva Delhi busca proyectar al país como capacitado para responder cuando otros enfrentan crisis. Su experiencia con terremotos, inundaciones, ciclones y otras catástrofes llevó al desarrollo de capacidades de asistencia humanitaria y respuesta ante desastres. En los últimos años desplegó ayuda en distintos países de Asia, con alimentos, medicamentos, equipos de emergencia, sistemas de purificación de agua y otros suministros. En setiembre de 2024, por ejemplo, mediante la operación Sadbhav, envió asistencia a Laos, Vietnam y Myanmar tras el tifón Yagi. Este año, nada más, esa solidaridad llegó a Venezuela, a través de la operación Amistad, que llevó asistencia médica tras el devastador sismo de junio pasado.
PRESENCIA INTERNACIONAL Y COOPERACIÓN
Esa capacidad de respuesta constituye una forma diferente de presencia internacional. No se trata solamente de comercio, inversiones o diplomacia, sino también de estar presente cuando un país necesita ayuda.
India está ampliando su mirada hacia la región y buscando una relación que combine comercio, inversiones, energía, tecnología, minería, medicamentos y cooperación. Para países como Paraguay, ese proceso abre una oportunidad que va mucho más allá de vender productos al gigantesco mercado indio.
Mientras la economía, la tecnología y la cooperación proyectan a la India hacia el futuro, existe otra faceta que sigue siendo una de las grandes puertas de entrada al colosal pasado. Templos milenarios, ciudades históricas, palacios, fuertes y una diversidad cultural difícil de encontrar en otro lugar conviven con autopistas, centros tecnológicos, parques solares, fábricas y gigantescas ciudades digitales.
En Nueva Delhi, Mumbai, Bengaluru o Chennai puede verse la India que quiere competir por el futuro. En lugares como Mahabalipuram, Agra o el complejo de Humayun aparece la civilización que construyó una de las historias más antiguas del planeta.
En Agra está el Taj Mahal, probablemente el símbolo más universal de esa herencia. El monumento de mármol blanco construido por el emperador Shah Jahan en memoria de Mumtaz Mahal sigue recibiendo millones de visitantes y representa una India capaz de convertir su historia en uno de sus grandes activos turísticos.
Economía, tecnología, energía y cooperación forman parte de una misma estrategia: convertir a la India en influencia global. El gigante ya no solamente está creciendo, está construyendo las herramientas para que su crecimiento tenga cada vez mayor impacto fuera de sus fronteras.

