• POR EL DR. LIN CHIA-LUNG
  • Ministro de Relaciones Exteriores de Taiwán

A medida que los Estados autorita­rios buscan debi­litar sus salvaguardias y remodelar las normas inter­nacionales para servir a sus propios intereses, el orden internacional basado en reglas se encuentra bajo una presión cada vez mayor. Incluso principios funda­mentales, como la solución pacífica de controversias y la prohibición de la ame­naza o del uso de la fuerza, consagrados en la Carta de las Naciones Unidas (ONU), han sido abiertamente desa­fiados y flagrantemente vul­nerados.

Hoy, la comunidad interna­cional se encuentra ante una encrucijada crítica. O actua­mos unidos para defender la justicia, proteger el Estado de derecho y preservar la paz y la seguridad, o permi­timos que el orden mundial se desmorone progresiva­mente, llevándose consigo valores fundamentales como la libertad, la auto­determinación y la demo­cracia.

La seguridad de la primera cadena de islas del Indo-Pa­cífico –Japón, Taiwán y Fili­pinas– se ha visto sometida a una creciente presión por parte de China, que conti­núa desplegando tácticas de “zona gris”, entre ellas la intimidación militar, las incursiones en aguas terri­toriales, los ciberataques y la coerción económica, con el objetivo de alterar unila­teralmente el statu quo y la estabilidad regional.

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¿Por qué es tan importante la paz en el estrecho de Tai­wán? Porque este estrecho constituye una de las rutas marítimas más transitadas del mundo y una arteria fun­damental para las cadenas de suministro internacio­nales. Al mismo tiempo, Taiwán es un líder mundial en semiconductores, inteli­gencia artificial y tecnolo­gías de vanguardia. La isla produce más del 60 % de los semiconductores del mundo y concentra alrededor del 90 % de la producción de los semiconductores más avanzados, además de des­empeñar un papel central en el desarrollo del hardware necesario para la inteligen­cia artificial.

Por ello, cualquier conflicto en esta zona provocaría, sin duda, una grave crisis eco­nómica global, afectando las cadenas de suministro, el desarrollo tecnológico y la economía mundial. No es de extrañar, por tanto, que en las declaraciones del G7, así como en otras cumbres y reuniones ministeriales entre países libres y demo­cráticos, se reitere constan­temente la importancia de preservar la paz y la estabili­dad en el estrecho de Taiwán.

A pesar de los esfuerzos de China por obstaculizar la participación internacio­nal de Taiwán, nuestro país continúa asumiendo su res­ponsabilidad como miem­bro comprometido de la comunidad internacional y compartiendo con el mundo su valiosa experiencia en áreas como la manufactura avanzada, la preparación y respuesta ante desastres, la salud pública y la innova­ción tecnológica.

En Paraguay, por ejemplo, apostamos firmemente por la formación de talen­tos tecnológicos mediante programas de becas y la Uni­versidad Politécnica Tai­wán-Paraguay (UPTP), así como por la transformación digital de la salud pública. El Sistema de Información en Salud (HIS) ya se encuen­tra implementado en más de 1.300 establecimientos de salud del país, contribu­yendo a mejorar la eficiencia y la calidad de los servicios sanitarios.

Agradecemos profunda­mente el sólido apoyo del gobierno y del pueblo para­guayo a Taiwán y su firme respaldo a nuestra sobera­nía y a nuestra participación significativa en la comuni­dad internacional.

Este mes de setiembre se cele­brará la Asamblea General de las Naciones Unidas. Como ha ocurrido durante muchos años, Taiwán no ha sido invi­tado a participar, debido a la interpretación distorsionada que hace China de la Resolu­ción 2758 de 1971 de la ONU. Dicha resolución aborda la cuestión de la representación de China en las Naciones Uni­das, pero no menciona a Tai­wán ni establece que Taiwán forme parte de la República Popular China, ni excluye su participación en el sistema de la ONU.

Creemos firmemente que los 23,5 millones de tai­waneses tienen el derecho de ser representados en la ONU. Como una economía dinámica y resiliente, con un sólido modelo democrá­tico y un profundo com­promiso con los derechos humanos, Taiwán cuenta con las capacidades y la experiencia necesarias para contribuir de manera sig­nificativa a los esfuerzos internacionales frente a los desafíos globales.

La participación de Taiwán contribuiría no solo a cons­truir cadenas de suminis­tro más confiables, seguras y resilientes, sino también a fortalecer la cooperación entre democracias. En un mundo en el que el autori­tarismo busca expandir su influencia y cuestionar las reglas que han sustentado la paz y la prosperidad durante décadas, el lugar de Taiwán está claramente junto a las democracias y al mundo libre.

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