El 10 de enero, Kiarash vio cómo un tirador cubierto con un gran chador disparaba a manifestantes en Teherán. Él se salvó de milagro; si hubiera girado la cabeza hacia el lado equivocado, habría muerto.
En cuanto se enteró de que un amigo suyo había muerto por disparos, acudió con su familia al cementerio Behesht-e Zahrah. Había bolsas mortuorias apiladas las unas sobre las otras. Una madre pedía ayuda para mover el cadáver de su hijo.
Había “más de 1.500, hasta 2.500 (muertos) en solo un almacén”, afirmó este exempleado de una empresa de logística que huyó a Alemania.
APAGÓN
Las autoridades impusieron un apagón de internet a nivel nacional el 8 de enero para precisamente impedir que circulen testimonios sobre lo que ocurre.
En un país donde internet está cortado, solo los testimonios de quienes han huido del país permiten levantar un poco el velo. Las conexiones telefónicas internacionales también fueron suspendidas, antes de ser restablecidas el martes, pero solo para llamadas desde Irán. Un fotoperiodista, Mohamad, cuenta haber tenido “miedo a una posible guerra civil” ante “el giro extremadamente violento que tomaron estas manifestaciones inicialmente pacíficas”.
La semana pasada se respiraba un ambiente enrarecido en Teherán, recuerda Kaveh (nombre modificado). Al caer la noche, las calles quedaban desiertas y las tiendas cerraban. Como en otras ciudades, los manifestantes levantaban barricadas y prendían fuego a cubos de la basura, cuenta el joven de 33 años, que se ha ido de su país y habla con la AFP desde el Reino Unido. El apagón privó al mundo de imágenes de la protesta e impidió que los manifestantes se organizaran.
ESTIMACIÓN DE VÍCTIMAS
Así, las autoridades ocultaron la magnitud de la represión, que causó miles de muertos según oenegés y expertos.
La organización Iran Human Rights (IHR), con sede en Noruega, afirma que según sus verificaciones al menos 3.428 manifestantes murieron a manos de las fuerzas de seguridad, pero cree que el balance real podría ser muy superior. Otras estimaciones hablan de más de 5.000 muertos, e incluso 20.000, pero el corte de internet hace muy difícil efectuar una verificación independiente, apunta IHR.

