Sin camisa y sudando sobre su cinta de correr, Lula se ejercita. A sus casi 81 años, quiere demostrar que tiene la energía suficiente para seguir al frente de Brasil. “No se puede impedir la rotación de la Tierra para evitar que pasen los años”, filosofa con su voz ronca Luiz Inácio Lula da Silva en uno de los videos que publica en redes sociales para mostrar sus rutinas de ejercicio.
Tras acumular 12 años en el poder, el hombre del pueblo convertido en estadista busca un cuarto y último mandato. Ha sobrevivido a derrotas electorales, a la cárcel (580 días entre 2018 y 2019) y a una condena por corrupción. Anulada por fallos de procedimiento y parcialidad del juez, está aún da pie a la derecha para llamarle “ladrón”.
El líder de la izquierda sobrevivió también a problemas de salud. Según su médico, escapó a “lo peor” a fines de 2024 tras una hemorragia cerca del cerebro, consecuencia de una caída. Tras un cáncer de piel, usa desde hace meses un sombrero panamá sobre su cabello, antes negro y abundante, hoy gris y ralo, al igual que su característica barba. Pero él insiste: se siente en mejor forma que nunca. Y quiere “vivir hasta los 120 años”.
“Épica”
Lanzado a su última batalla, no pierde ocasión para repasar su biografía, su “trayectoria épica”, en palabras de su amigo y exministro Fernando Haddad. Lula nació el 27 de octubre de 1945 en el seno de una familia pobre campesina de Pernambuco, en el nordeste del país. Para huir del hambre, su familia se instaló en la región de Sao Paulo. Obrero desde los 14 años -perdió un dedo en la fábrica-, se convirtió en líder sindicalista y encabezó las grandes huelgas de la década de 1970, en plena dictadura militar.
Después de tres candidaturas infructuosas, este exmetalúrgico entró en 2003 al palacio presidencial de Planalto en Brasilia. Reelecto en 2006, dejó el poder con una popularidad récord, impulsada por programas sociales financiados gracias al boom de las materias primas. Y en el plano internacional, envuelto en un aura de líder del Sur Global y defensor del multilateralismo. Pero los enormes escándalos de corrupción que salpicaron a su campo político dejaron marcas profundas, y alimentaron la polarización del escenario político.
Sin celular
En 2022, Lula derrotó por un estrecho margen al entonces presidente Jair Bolsonaro. El líder de extrema derecha fue posteriormente condenado a prisión por intentar un golpe de Estado contra su sucesor. De vuelta en el gobierno, el eterno líder del Partido de los Trabajadores pareció al principio desfasado de un Brasil que parecía estar redescubriendo: ultrapolarizado y saturado de desinformación.
Símbolo de ese desfase, él insiste en vivir sin celular, mientras que sus 213 millones de compatriotas están masivamente conectados. Se jacta de haber recuperado las políticas sociales debilitadas por su antecesor y de frenar la destrucción de la Amazonía. Su tercer mandato, sin embargo, tiene aires de ‘remake’, con pocas ideas nuevas, al igual que su campaña para un cuarto mandato.
Como si lo admitiera, este padre de cinco hijos declaró recientemente que no quiere “ser solo el presidente de Bolsa Familia”. Este programa de asistencia social para los hogares más pobres sigue siendo su legado más significativo, pero tiene más de 20 años.
¿Una batalla de más?
¿Por qué el ícono de la izquierda se arriesga a librar una batalla de más? Lula, que se cuidó de impulsar a un heredero político, sostiene que quiere impedir que la extrema derecha vuelva a “destruir” la principal potencia de América Latina. El hijo de su archienemigo, su rival Flávio Bolsonaro, está ansioso por pasar página: “Cuando ves a Lula, no ves futuro”.
“Está en plena forma”, declaró sin embargo un diplomático a la AFP bajo condición de anonimato, impresionado por la vitalidad del mandatario. Según el propio Lula, su tercera esposa, Rosángela da Silva, “Janja”, tiene mucho que ver con ello. Esta feminista de 60 años es omnipresente y tiene una gran resonancia en el sector progresista.
Si pierde en octubre, Lula saldrá del cargo por la puerta pequeña. Pero su lugar en la historia está asegurado: ningún otro presidente elegido democráticamente ha gobernado Brasil durante tanto tiempo. Lo dijo con tranquila seguridad en 2024 ante medios de comunicación extranjeros, entre ellos la AFP, en su residencia de Alvorada: “No hay nadie en este país con más experiencia como presidente que yo”.
Los momentos que marcaron la vida de Lula
La carrera política del izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva ha sido tan intensa como su vida personal. Estos son algunos momentos que marcaron la trayectoria del presidente brasileño.
Infancia pobre: Nació el 27 de octubre de 1945 en el estado de Pernambuco (noreste). Fue el séptimo de ocho hijos de una familia pobre de agricultores.
Éxodo rural: En 1952, abandonada por su marido, la madre de Lula se mudó con sus hijos a la región de Sao Paulo para huir del hambre.
Nueve dedos: En 1964, Lula perdió un meñique cuando manipulaba una máquina en la fábrica en la que trabajaba como tornero industrial.
Líder sindical: Tras ser elegido presidente de un sindicato metalúrgico, en 1979 lideró una histórica huelga contra la dictadura militar apoyada por 170.000 obreros.
Un partido de trabajadores: El 10 de febrero de 1980, cofundó el Partido de los Trabajadores, que lidera hasta ahora.
Electo: Tras varias derrotas electorales, Lula se convirtió en 2002 en el primer presidente brasileño surgido de la clase obrera. Fue reelecto triunfalmente en 2006.
Cáncer: Tras su salida del poder, en 2011 le diagnosticaron un cáncer de laringe. Un tratamiento intensivo le permitió superarlo en algunos meses.
Duelo: En 2017, falleció Marisa Letícia, su esposa durante 43 años y madre de cuatro de sus cinco hijos.
Cárcel: Una condena por corrupción lo envió a la cárcel en 2018. Su prisión le impidió ser candidato presidencial para enfrentar al ultraderechista Jair Bolsonaro.
Resurrección política: Lula recuperó la libertad, después de 580 días tras las rejas. En 2021, la corte suprema anuló sus condenas por errores de procedimiento y rehabilitó sus derechos políticos.
Tercer mandato: En 2022, Lula ganó un tercer mandato tras imponerse al presidente Jair Bolsonaro en una ajustada segunda vuelta.
Caída: En diciembre de 2024, Lula fue operado de urgencia por una hemorragia cerca del cerebro, provocada por una caída.
Reunión con Trump: En octubre de 2025, Lula se reunió con el presidente estadounidense Donald Trump en Malasia. La reunión permitió reducir las tensiones comerciales y diplomáticas entre ambos países, aunque solo por unos meses.
Última batalla: Desde Sao Paulo, el 2 de agosto de 2026, Lula anunció oficialmente que aspiraba a un cuarto mandato. Declaró sentirse “en plena forma”.
Fuente: AFP.