Reunidos en el patio, los alumnos del instituto Maurice Ravel de París escuchan este martes a su directora recordar la novedad del inicio del nuevo curso: la prohibición de los celulares, incluso en los pasillos y en el comedor. “El objetivo es que dejen de estar centrados en sus celulares (...) que a veces son casi una prolongación de sus manos”, explica Julie Bouvry, que empezará a recordar el reglamento apenas minutos después de anunciar la nueva norma.

El Parlamento francés aprobó en julio la prohibición de los celulares en los liceos, así como la prohibición de las redes sociales para los menores de 15 años, pero esta última norma la tumbó el Consejo Constitucional francés. El presidente francés, Emmanuel Macron, quiere convertir la regulación del tiempo de los menores ante las pantallas en uno de los hitos de su segundo mandato, que termina en mayo de 2027, y ya anunció que estudian una nueva ley sobre las redes sociales.

Ante alumnos de liceo en Mende, en el sureste de Francia, Macron recordó este martes que los celulares los alejan del objetivo de “aprender contenidos” y “desarrollar el espíritu crítico”. Pero, en el liceo de París, la nueva norma no acaba de asimilarse. “No queremos que esto sea un motivo de tensiones”, agrega Bouvry, quien reconoce no obstante que “desengancharse puede ser complicado” y “difícil”.

Delante de ella, unas cuantas decenas de alumnos la escuchan. Y sobre todo, la miran. Los celulares están guardados en las mochilas o sobresalen del bolsillo trasero de los vaqueros. Los alumnos de liceo, en su mayoría de entre 15 y 18 años, ya no podrán, en teoría, sacarlos en los pasillos, en el patio principal ni en el comedor. Tendrán que ir a un patio secundario para consultarlo.

“En contra al 100 %”

“Estoy en contra al 100 %”, suelta Idrissa, sentado en un banco mientras espera para recoger sus libros de texto. Mecánicamente, lo saca del bolsillo y mira sus mensajes. “¡No ha sido aposta!”, asegura cuando la directora le llama la atención. Otros alumnos, que han terminado su jornada de presentación, bajan al patio y se dirigen hacia la salida. “¡Eh, señor! ¡Señoritas! ¿Qué llevan en la mano?”, les grita la jefa de centro.

El centro cuenta con una quincena de vigilantes. “Hace falta que todo el mundo se implique”, considera Océanne Thouret, una de las cuatro responsables de convivencia, que quiere primero “sensibilizar” a los alumnos sobre la nueva norma, pero prevé tensiones. Según Thouret, “algunos padres reclamaban” esta prohibición, ya que “intentan prohibir el celular en casa y no entendían que estuviera permitido” en la escuela.

Pauline, de 16 años, está completamente en contra: “Nos infantiliza muchísimo”, protesta.

“No sirve de nada, en el primer ciclo de secundaria [donde la prohibición en los espacios comunes ya era la norma] nos íbamos al baño y lo mirábamos a escondidas”, abunda Magda.

Del lado del profesorado, Romain Labrousse confiesa “un cierto alivio” con la ampliación de la prohibición. Para evitar que los alumnos saquen el celular para consultar los horarios, va a “anticipar los cambios”. “Espero el retorno triunfal de la agenda en papel”, comenta.

Fuente: AFP.

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