El balance oficial y provisional de muertos en Nepal por el alud del miércoles subió a 675, según un nuevo balance facilitado este sábado por la autoridad de gestión de desastres. El balance anterior, del lado nepalí, era de 633 fallecidos. En la vecina China, las autoridades dieron cuenta por el momento de siete muertos en la región del Tíbet, con lo que el total sumando ambos países es de 682 muertos. Cerca de 3.000 personas están desaparecidas en los dos países, de las cuales al menos 2.426 en Nepal.

Rishi Shrestha revisa la lista una y otra vez, pero termina aceptando la realidad: el nombre de su primo no figura entre los sobrevivientes de la potente riada que devastó el norte de Nepal. Ya casi no alberga esperanzas de volverlo a ver. “Han pasado más de tres días”, dice con un suspiro. “Hay un 99 % de probabilidades de que ya no esté vivo”.

Su primo, Rajan Shrestha, de 35 años, viajaba el miércoles hacia la vecina China cuando la gigantesca avalancha de agua y escombros, provocada por el colapso de un glaciar aguas arriba, sepultó la carretera por la que circulaba. “Hablé con él esa mañana, cuando se detuvo a tomar un té justo antes de pasar la frontera”, relata Rishi. “El ejército nos dice que está rescatando a las personas que puede localizar, es decir, a quienes lograron refugiarse en zonas elevadas. Parece que él quedó sepultado...”

Decenas de padres, hijos y amigos acudieron este sábado al cuartel militar de la ciudad de Bidur, donde los equipos de rescate han instalado su centro de operaciones, en busca de noticias sobre algún ser querido. Frente a las instalaciones, las autoridades colgaron en la cabina de un cajero automático una lista de varias páginas con los nombres de las personas que los rescatistas han logrado localizar y evacuar.

“Poder hacer nuestro duelo”

Kalka Sharda tampoco tiene suerte. “El nombre de mi hijo no está”, lamenta. El joven, de apenas 18 años, trabajaba en la central hidroeléctrica de Trishuli, que quedó completamente devastada. No ha tenido noticias de él desde la catástrofe ocurrida el miércoles. “Ya casi no tengo esperanzas”, añade la mujer, abatida. “Si siguiera vivo, seguramente habría encontrado una forma de ponerse en contacto conmigo”.

Junto a ella, Pasang Sherpa busca desesperadamente a su hermano, Chiring Tamang, de 40 años. Desde hace tres días acampa frente al cuartel de Bidur a la espera de noticias de su familiar que, tras regresar de China en su camión, pasó la noche del martes en la localidad nepalí de Timure.

Pasang Sherpa cree que se encontraba en la carretera cuando la ola destructiva arrasó todo a su paso. “Las posibilidades de que siga vivo son cada vez menores”, admite. “Si al menos pudiéramos recuperar su cuerpo y hacer nuestro duelo...”, añade. “En casa, mis padres siguen llorando mientras esperan a su hijo”.

A diferencia de muchos otros, Dil Tamang se niega a aceptar la posibilidad de que su padre haya muerto. Este último, un agricultor, cruzó el miércoles por la mañana la frontera para acudir a un mercado en la región autónoma china del Tíbet. En su teléfono, Dil recibió una lista en chino con nombres de posibles sobrevivientes y cree haber identificado el de su padre entre ellos. Pero necesita confirmarlo.

Fuente: AFP.

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