Tras semanas de fuertes roces entre Brasil y Estados Unidos, los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Donald Trump volvieron a abrir un canal directo de diálogo. Ambos mandatarios mantuvieron este viernes una conversación telefónica de más de una hora, calificada de cordial por el Gobierno brasileño, en la que discutieron asuntos comerciales, seguridad y conflictos internacionales.
Uno de los principales puntos de la conversación fueron los aranceles impuestos por Washington a productos brasileños. Lula defendió ante Trump la necesidad de retomar las negociaciones y cuestionó los fundamentos utilizados por Estados Unidos para aplicar las nuevas tarifas, al considerar que las medidas terminan perjudicando a las economías de ambos países.
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La administración estadounidense impuso un arancel del 25 % a determinados productos brasileños por supuestas prácticas comerciales desleales, al que se sumó otro gravamen del 12,5 % vinculado a acusaciones sobre la falta de acciones suficientes contra bienes producidos mediante trabajo forzado.
En este escenario, Trump coincidió con Lula en la conveniencia de mantener una relación comercial sólida y planteó que representantes de ambos gobiernos vuelvan a sentarse a negociar en el menor tiempo posible.
La seguridad también ocupó un lugar central en la conversación. Lula marcó distancia entre las organizaciones criminales que operan en Brasil y los grupos considerados terroristas, luego de que Estados Unidos incluyera al Comando Vermelho y al Primer Comando Capital (PCC) en esa categoría.
El mandatario brasileño sostuvo que su país cuenta con mecanismos propios para combatir a estas organizaciones y que no resulta necesaria una clasificación especial para enfrentarlas.
La guerra
La conversación también se extendió al escenario internacional. Lula y Trump coincidieron en la urgencia de buscar una salida negociada a la guerra entre Rusia y Ucrania, mientras que el presidente brasileño propuso convocar a una reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para analizar vías diplomáticas frente a este y otros conflictos, incluida la crisis con Irán.
El contacto entre ambos líderes representa así un intento por reducir la tensión bilateral y reactivar las negociaciones en momentos en que las diferencias comerciales y políticas habían elevado la temperatura de la relación entre Brasilia y Washington.

