Centro de datos de la empresa tecnológica china Tencent en la Nueva Área de Guian, en Guiyang, provincia de Guizhou, al suroeste de China, el 24 de julio de 2026. Foto: Jade Gao/AFP
China expande centros de datos para la IA en zonas rurales y menos pobladas
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En la montañosa provincia china de Guizhou, un conjunto de edificios de estilo europeo, con una torre de reloj y un puente de múltiples arcos, emite un zumbido bajo y constante, una pista de su inesperada identidad como el centro de datos más grande del gigante tecnológico Huawei. El complejo, que parece una pequeña ciudad, es único en su diseño, pero no en su ubicación. En los últimos años se han construido docenas de centros de datos en esta provincia del suroeste.
Forman parte de una estrategia gubernamental que ha llevado a que gran parte de la infraestructura digital necesaria para el vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial a lo largo de la costa este de China se establezca en el oeste del país, una zona rural y menos poblada. La expansión continúa. China va camino de casi duplicar la capacidad de sus centros de datos en los próximos cinco años, a medida que se intensifica la competencia tecnológica con Estados Unidos y otros países tratan de evitar una crisis informática que podría frenar la expansión de la IA.
Los proyectos han transformado algunos lugares, como la Nueva Área de Guian, donde se ubican el centro de datos de Huawei y otros. “Solía ser una montaña árida, pero desde que la zona se ha desarrollado, el transporte se ha vuelto más conveniente, el comercio se ha reactivado y han surgido oportunidades de negocio”, dijo Shu Peihua, un comerciante local.
Cuando la AFP visitó el lugar el mes pasado, los vendedores ambulantes atendían a los trabajadores de los centros de datos durante su hora de almuerzo cerca de una pancarta que pedía “promover un desarrollo de alta calidad”, eslogan de la política tecnológica del gobierno.
En Europa y Estados Unidos, la construcción de centros de datos a menudo ha encontrado resistencia por parte de las comunidades locales, que expresan preocupaciones en torno a los precios de la energía, así como a cuestiones ambientales como el consumo de agua y el ruido.
Sin embargo, en China la disidencia está estrictamente controlada, especialmente en lo que respecta a la política del gobierno central.
Aun así, los residentes de Guian que hablaron con la AFP se mostraron positivos respecto a los cambios en su zona.
Un vendedor de tortitas saladas, que no quiso dar su nombre, dijo que ya se habían fundado dos universidades.
“Todos los habitantes de nuestro barrio ahora encuentran trabajo cerca, a diferencia de antes, cuando tenían que irse a otros lugares”, destacó Li Xixiu, otro vecino.
De este a oeste
En 2021, el gobierno le dio un nombre a su estrategia: “Datos del Este, Computación del Oeste”.
La lógica de construir en lugares como Guizhou, con su clima más fresco, abundante energía renovable y espacios disponibles, responde a varios frentes.
El procesamiento de IA consume muchísima energía, y China ha exigido que los centros de datos obtengan el 80 % de su electricidad de fuentes renovables para finales de esta década.
Eso hace que regiones como Guizhou y Mongolia Interior, que han ampliado enormemente su capacidad de energía renovable, como la solar y la eólica, sean ideales para los operadores, dijo Simeng Deng, analista sénior de Rystad Energy.
El desarrollo de zonas rurales anteriormente desatendidas es otro beneficio potencial.
Sin embargo, a pesar del entusiasmo de los lugareños con los que se reunió la AFP, algunos investigadores cuestionan los réditos económicos generales para las regiones anfitrionas.
Los centros de datos no generan necesariamente un “enorme efecto de propagación” en el empleo local, señaló Andrew Stokols, de la Universidad de Administración de Singapur.
“La esperanza es que se puedan utilizar los centros de datos como motor para un desarrollo digital más amplio (...) atrayendo industrias que se instalarán en torno a ellos”, explicó.
Impulso económico “limitado”
Guizhou ha registrado una tasa de crecimiento anual promedio del PIB del 7,4 % durante la última década, pero su evolución salarial durante el mismo período fue la penúltima a nivel nacional, según el Instituto de Investigación para la Democracia, la Sociedad y las Tecnologías Emergentes (DSET), con sede en Taiwán.
“Este contraste sugiere que, si bien los centros de datos generan una fuerte inversión en terrenos y equipos, su impacto en el aumento de los ingresos per cápita locales sigue siendo limitado”, explicaron a la AFP por correo electrónico los investigadores del DSET Cartus Bo-Xiang You y Angela Glowacki.
Esta inversión masiva en infraestructura, junto con los incentivos políticos para atraer a constructores, ha llevado a Guizhou a tener una de las cargas de deuda más altas del país.
Sin embargo, la demanda de capacidad de procesamiento de datos, a medida que los países compiten por la supremacía tecnológica, significa que la construcción continuará.
Incluso antes de que ChatGPT anunciara el inicio del auge de la IA, los documentos de política china ya “hablaban de la idea de que el poder computacional está correlacionado con el poder nacional”, señaló Stokols.
Esta imagen publicada en abril de 2026 por Animal Antics, se grabó supuestamente en la Estación 7 del Área de Conservación del Valle de Danum en Sabah, Borneo malasio. Foto: Facebook
Imágenes de animales salvajes creadas con IA suponen una amenaza para la conservación
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Un elefante escalador, un delfín rosa o un leopardo cariñoso son parte de la gama de imágenes falsas creadas por la IA capaces de alterar la percepción de la fauna y modificar comportamientos, un peligro potencial tanto para los animales como para los humanos, advierten los expertos. Estas creaciones, a menudo acompañadas de anécdotas enternecedoras, circulan ampliamente en varios idiomas en plataformas como Facebook, TikTok y X.
Los periodistas de verificación digital de la AFP han analizado decenas de estas imágenes, entre ellas una en blanco y negro en la que se ve a un orangután meciendo a unos cachorros de leopardo en peligro de extinción, supuestamente en el corazón de la selva del estado malasio de Sabah.
Si bien el objetivo parece ser provocar una sonrisa más que desinformar conscientemente, los especialistas advierten de que estas representaciones tan realistas corren el riesgo de ofrecer al público una visión errónea de la fauna salvaje y de perjudicar los esfuerzos de conservación.
“Esta falta de comprensión puede llevar a que la gente se acerque demasiado a los animales o interactúe con ellos de forma peligrosa”, afirmó a la AFP José Guerrero Casado, profesor de zoología en la Universidad de Córdoba, en España. El académico citó el muy mediático ataque a una mujer que intentó acercarse a un leopardo de las nieves, un ejemplar poco común, para tomar una foto en la región china de Xinjiang. Posteriormente, el departamento chino de bosques reforzó las patrullas y alertó al público, instándolo a mantener una distancia de seguridad en caso de encuentro con animales salvajes.
“La gente puede resultar herida”
Para los expertos en conservación, las imágenes generadas por IA que representan a animales salvajes como adorables o afectuosos son además susceptibles de alimentar la explotación animal. Son productos visuales que responden a la demanda de ciertas especies “que serán utilizadas para el turismo como accesorios para fotos, explotadas para generar contenido para las redes sociales o mantenidas como animales de compañía”, enumera Chris Lewis, investigador de la organización benéfica de defensa de la vida salvaje Born Free.
Aunque algunas publicaciones puedan alentar a sumarse a la causa animal, “los impactos negativos superan por completo” a los positivos, asegura Jenny Roberts, del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), recordando que “la gente podría resultar herida” si incurre en comportamientos imprudentes con estos animales.
También lamenta que los contenidos falsos “desensibilizan” al público frente a las imágenes reales, incluso las más extraordinarias, al sembrar la duda.
“Cuando consigues algo extraordinario, la gente lo pone en duda”, deplora Roberts, que pone de ejemplo la ocasión en la que una cámara instalada por su organización captó a una tigresa con cinco crías en China.
Era algo inédito en el país y, aun así, “cuando publicamos el contenido, en las redes sociales nos preguntaron: ‘¿Está generado por IA?’”.
Un estudio para la revista Conservation Biology, coescrito por Guerrero Casado, calificó esta proliferación acelerada de contenidos falsos generados por IA como una “grave amenaza” para la sociedad.
Otro reto es “la capacidad de la gente para identificar correctamente las especies”, es decir, que las imágenes engañosas podrían llevar a errores sobre el número real de ejemplares y la verdadera área de distribución de los animales.
Además, los científicos suelen utilizar en sus investigaciones imágenes aportadas por particulares y previamente verificadas. Por ello, las creaciones generadas por IA podrían perjudicar la calidad de los estudios científicos, advirtieron recientemente varios expertos en la revista Nature.
Estos abogan por un proceso de autentificación más riguroso en las plataformas de intercambio y por una campaña de educación sobre los riesgos dirigida a sus miembros.
Meta, la empresa matriz de Facebook, y TikTok, que remuneran a la AFP en el marco de una colaboración para verificar publicaciones potencialmente engañosas, ya exigen a sus usuarios que indiquen claramente que un contenido ha sido creado mediante IA cuando es realista.
Estas redes también aseguran contar con herramientas que etiquetan automáticamente las creaciones generadas por IA.
Sin embargo, los periodistas de verificación digital de la AFP han detectado numerosas publicaciones basadas en IA que no estaban identificadas como tales, incluso cuando sus autores lo especificaban por escrito en el pie de foto.
“La conservación depende de una sociedad bien informada que comprenda las necesidades ecológicas de las especies salvajes”, resumió Guerrero Casado. “Los contenidos falsos generados por IA no sirven a ese objetivo”.
¿De qué nos hablan cuando nos hablan de inteligencia artificial? ¿Está preparada la humanidad para que las máquinas “piensen” y hablen como humanos para que nos digan qué, cómo, cuándo y dónde hacer? ¿Podemos dejar que la IA decida la guerra o la paz? ¿Es inteligente dejar hacer a la inteligencia artificial?
IA: “No hay que lograr que la máquina piense como un humano”
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¿Es inteligente la IA como lo somos las y los humanos? ¿Son inteligentes todas las inteligencias que nos ofrece el mercado?
Por Ricardo Rivas Periodista X: @RtrivasRivas
Fotos Gentileza
La noche se hizo larga unos pocos días atrás en un lugar donde un grupo de hombres y mujeres dialogábamos sobre inteligencia artificial (IA). No era nuestro propósito abordar ese tema. Pero con frecuencia nos reunimos para escucharnos y escuchar. Claramente varias de las personas que convergieron en esta tertulia me excedían en conocimientos y sabiduría. ¿Qué hago aquí?, me preguntaba en silencio.
Todos y todas sosteníamos cuidadosamente sendos copones cargados con un poético Gran Enemigo Gualtallary Single Vineyard Cabernet Franc 2023 que oxigenábamos con cuidados movimientos. Buenos amigos y amigas. Con algunos y algunas de ellas somos colegas en el periodismo o en la academia y, con un par, desde largo tiempo construimos relaciones más intensas, casi familiares.
Ninguno de quienes conmigo se encuentran me autorizaron para que publique sus nombres. De allí que, justamente, la preservación de estas fuentes será, más que nunca, una de las razones que coadyuvarán a la incertidumbre que siempre encierran estas historias. Por momentos las conversaciones se desordenan.
“La revolución de la inteligencia artificial apenas ha comenzado. Nos enfrentamos a cambios y disrupciones continuos durante las próximas décadas. ¿Cómo lidiarán la sociedad y los gobiernos con un mercado laboral en constante cambio? ¿Contamos con la resiliencia psicológica para el camino que tenemos por delante?”, interpela Yuval Noah Harari (50).
Dejé de leer en alta voz en la pantalla de mi terminal inteligente. Las miradas se amontonaron sobre mí.
“Elon Musk (55), uno de los hombres más ricos en este mundo, le dijo a The Economist que ‘la inteligencia artificial podrá hacer cualquier trabajo mejor que cualquier persona y eso ocurrirá muy rápidamente’”, apuntó –también en alta voz y leyendo en la pantalla de su celu– AC, un querido amigo-hermano altamente capacitado en desarrollos tecnológicos que, sin aguardar respuesta alguna, precisó que “no es prudente ni recomendable plantear situaciones contrafácticas o, más aún, imaginar lo que todavía no sucede, aunque tal vez sea posible”, añadió.
“No hay que lograr que la máquina piense como un humano (sino que) hay que construir la arquitectura correcta”, sostiene Hugo Miguel, uno de los expertos más importantes de la región especializado en IA y precisa que “no” le gusta “el marketing tecnológico porque se cuentan un montón de cosas que no son así en la práctica”
IMITACIÓN
En tono doctoral opinó luego que “no es razonable conceder ni otorgar entidad a la inteligencia artificial (IA) ni mencionarla como un genérico”. Inquietante, por cierto, pero acuerdo porque sé (y considero tener muy claro) que las inteligencias artificiales son, en verdad, múltiples sistemas que se construyen con grandes paquetes o modelos de lenguajes (LLM, por sus siglas en inglés) que debidamente entrenados con enormes volúmenes de textos parecen entender y generar respuestas con lenguajes de voz que sintetizados tecnológicamente imitan la forma de hablar de las y los humanos.
La voz de GAM también se hace oír. “Desarmar la tecnología, servir a la paz. La política como responsabilidad preventiva”, es la más reciente exhortación de León XIV, dice pausadamente. También tiene el móvil entre sus manos y el copón sobre una mesa ratona delante de sí. “El papa León exhorta en ese sentido”, agrega y comenta que aquel será el lema de la sexagésima Jornada Mundial de la Paz que se desarrollará el venidero 1 de enero de 2027.
Nos invadió el silencio. “León quiere llamar la atención sobre la responsabilidad moral de quienes están llamados a actuar en la esfera política e insta a toda la humanidad a promover la dignidad de la persona humana y a contribuir a la construcción de la paz, comenzando –justamente– por ‘desarmar la tecnología’”, reitera GAM, que asegura tener poca batería y por esa razón aleja su mirada de la pantalla del celu.
Inmediatamente, alguien recuerda que en la carta encíclica “Magnifica humanitas”, que el pontífice firmó el pasado 15 de mayo, sentenció que “no hay algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable” y advirtió sobre los riesgos de “confiar las decisiones militares a la inteligencia artificial”.
El jefe del Estado Vaticano añadió también que “al igual que la energía nuclear, (la IA) debe estar al servicio de todos y del bien común” y, desde esa perspectiva, enfatizó en que “las decisiones sobre la tecnología nunca deben separarse de la conciencia y la responsabilidad”. Acuerdo y me sumerjo en el pasado reciente. El 23 de agosto de 1983 el mundo –que todavía era mundial y para nada global– supo de la existencia del programa IDE (Iniciativa para la Defensa Estratégica, por su sigla en inglés) con el que los estrategas estadounidenses procuraban proveer de seguridad a su país.
“La inteligencia artificial podrá hacer cualquier trabajo mejor que cualquier persona y eso ocurrirá muy rápidamente”, sostiene Elon Musk, el hombre más rico del mundo según Forbes
GUERRA FRÍA
La Guerra Fría –una disputa política e ideológica entre el capitalismo y el comunismo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945– aún estaba en desarrollo. La tecnología junto con la investigación científica ocupaba un lugar relevante en el transcurso de aquel conflicto. Los Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas operaban intensamente. Las tensiones geopolíticas iban en aumento.
El cine, la tele, la radio, las revistas y los periódicos epocales daban cuenta de aquello y, al mismo tiempo, producían sentido para que unos 4.700 millones de habitantes supieran (e imaginaran) que un devastador holocausto nuclear –enormemente más destructivo que los bombardeos atómicos norteamericanos sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945– era inminente.
El fin de la vida –como posibilidad– sobrevolaba el mundo. La memoria de plazo medio nos ponía una y otra vez delante de nuestros ojos la llamada Crisis de los Misiles, en Cuba (octubre de 1962) cuando durante trece días los cuatro jinetes del Apocalipsis (capítulo seis de aquel libro bíblico que, en 1916, Vicente Blasco Ibáñez [1867-1928] lo creó novela que más tarde, adaptada por June Mathis [1887-1927], fue película en 1921) impiadosos se aprestaban sobre sus cabalgaduras.
El jinete que debía montar en el caballo blanco –alegoría de la conquista, del triunfo o del engaño– durante aquellos días de tensiones extremas, hasta entonces inimaginables y siempre indeseados, incansable preparó su arco y la corona que habría de llevar para imponerse. Quien debía montar el corcel rojo –alegoría de la guerra– afilaba su espada para destruir la paz como idea y realidad. El que montaba el equino negro –símbolo del hambre– aprestaba la balanza que lleva en una de sus manos para anunciar simbólicamente la inminente escasez de alimentos y la expansión de la desigualdad extrema.
La muerte, finalmente, montada en un caballo pálido al que Hades vigila muy de cerca simbolizaba el inevitable (y siempre posible) fin de la vida que llegaría con pestes, plagas y fieras. Eso es la guerra. Por entonces, Estados Unidos, Rusia, el Reino Unido, Francia y China guardaban en sus arsenales unas sesenta y cinco mil ojivas nucleares. “No sé qué armas habrá en la Tercera Guerra Mundial, pero la cuarta será con palos y piedras”, advirtió Albert Einstein (1879-1955) y su premonición (que parecía en desarrollo) retumbaba en todas partes.
Creador de la teoría de las inteligencias múltiples, Howard Earl Gardner (83), sostiene en su libro “Frames of mind” que existen numerosas inteligencias humanas que clasifica y caracteriza en su obra
OTRA GUERRA
La internet –heredera de la red Arpanet desarrollada como secreto militar y diseñada para la guerra, aunque con expresados sueños de masividad… y democratización– comenzaba a poblarse de violencias. Otra guerra estaba a la vuelta de la esquina. “Paren el mundo, me quiero bajar”, gritaba la pequeña Mafalda a voz en cuello.
“Alguna vez tendremos que sincerarnos en estas cuestiones de inteligencia artificial”, me dijo enfáticamente poco tiempo atrás Big Guy, como llamamos a un entrañable amigo desde varias décadas del que siempre aprendo y cuya lucidez y conocimientos tecnológicos me deslumbran, en un diálogo telefónico que sostuvimos cerca de una medianoche en que coincidimos en el disfrute del silencio reflexivo que la nocturnidad con frecuencia –en mi caso– suele arrasarme.
¿Entonces? “Es preciso saber y comprender cuando escuchamos hablar de IA qué es posible, qué es real, qué es marketing y qué es hasta el momento y en el estado actual de esos desarrollos mentira o verdad”. Sus palabras aún resuenan en mis oídos. En ese contexto interrogué a la teoría. “La inteligencia, claramente, es un concepto polisémico, a la vez que complejo y si se quiere, multifacético”, me explicó con enorme dedicación y vocación docente JCM, un querido amigo-hermano técnico electricista devenido en abogado y especialista en educación superior.
Con impostada entonación, durante una extensa sobremesa, definió: “Inteligencia es tener capacidad cognitiva general. Es ser habilidoso para aprender, comprender, razonar, comprehender, resolver situaciones problemáticas y adaptarse a ellas”. Con simpleza –y en ese contexto informal– JCM precisó que, en la inteligencia, como proceso, convergen e intervienen la memoria; el razonamiento lógico; la aptitud para resolver problemas; el pensamiento abstracto –“porque no todo es posible de vincular con la realidad física”–; y, la capacidad de adaptarse a lo nuevo, a lo inesperado y aprender en, de, desde y con ello.
Luego recordé que, en la Universidad de Salamanca, donde desde hace algunas semanas curso a distancia para obtener un diploma en IA (para abordar con responsabilidad estos desarrollos) que Howard Earl Gardner (83), en su libro titulado “Frames of mind”, en 1983, dio a conocer la teoría de las inteligencias múltiples que, en ese trabajo, las clasifica y caracteriza. En sus estudios distingue que las inteligencias “lingüista; lógico-matemática; espacial; musical; corporal-cinestésica; intrapersonal; interpersonal; naturalista; y, quizás, la existencial”. En 1990, otros dos académicos, Peter Salovey (68) y John Mayer (73), después de exhaustivos estudios dieron a conocer la “inteligencia emocional”.
EMULACIÓN FUNCIONAL
¡Joder! La reflexión se dispara. La misión esencial del periodista profesional es preguntar. Mientras las amigas y los amigos discurren consulto a Gemini: ¿La IA incorpora en sus procesos operativos las inteligencias múltiples de Gardner y la inteligencia emocional de Salovey y Mayer? La respuesta llega en menos de veinte segundos: “La relación entre la inteligencia artificial y los marcos teóricos de Howard Gardner (inteligencias múltiples) y Peter Salovey y John Mayer (inteligencia emocional) se basa en la emulación funcional y el procesamiento estadístico de patrones, más que en una réplica biológica o cognitiva de la mente humana”, responde y agrega: “ A nivel operativo, la IA no ‘posee’ estas inteligencias en el sentido ontológico o subjetivo, pero sí ha diseñado arquitecturas que modelan muchas de sus dimensiones”.
¿Es inteligente la IA como lo somos las y los humanos? ¿Son inteligentes todas las inteligencias que nos ofrece el mercado? Alguna vez me ofrecieron comprar una “almohada inteligente”. De solo pensarlo tengo la convicción de que me hubiese inducido al insomnio.
Alan Turing (1912-1954), matemático de élite que consiguió durante la Segunda Guerra Mundial descifrar el que históricamente se conoce como Código Enigma que aplicaban los ejércitos del Tercer Reich a sus comunicaciones más secretas, volvió con fuerza inusitada a mis pensamientos.
Aquella hazaña histórica –en 2014– llegó al cine con un título que –como significante oculto bien a la vista– lo dice todo: “The imitation game”. “No me gusta el marketing tecnológico porque se cuentan un montón de cosas que no son así en la práctica”, dijo el pasado miércoles el ingeniero Hugo Miguel –uno de los consultores más relevantes en tecnología en la región– a la colega periodista Patricia Fernández Mainardi que lo entrevistó para la revista DEF.
En ese mismo contexto, Miguel advirtió que “no hay que lograr que la máquina piense como un humano (sino que) hay que construir la arquitectura correcta” para las aplicaciones que se pretenden. (https://defonline.com.ar/defensa/hugo-miguel-en-la-undef-entre-la-defensa-y-la-inteligencia-artificial-el-soldado-galactico-dura-48-horas/#google_vignette).
La inteligencia artificial (IA) comienza a redefinir la forma en que las entidades financieras captan nuevos clientes, con la posibilidad de reducir costos y mejorar la experiencia de los clientes. Gonzalo Pastorino, CEO de Boomit by Domus Global, explicó cómo los bancos pueden aprovechar los algoritmos publicitarios de plataformas como Google, Meta y TikTok para optimizar sus campañas
Algoritmos publicitarios. El secreto, según planteó Gonzalo Pastorino, CEO de Boomit by Domus Global, está en alimentar a estos sistemas con información relevante del negocio, de modo que la IA no se limite a buscar personas que hagan clic o completen formularios, sino que identifique perfiles con mayor probabilidad de generar rentabilidad.
Un estudio sobre el mercado latinoamericano muestra que el costo de conseguir un primer contacto puede oscilar entre USD 0,20 y USD 3,75, mientras que llevarlo hasta una cuenta fondeada, es decir, un cliente activo, puede costar entre USD 11 y USD 145.
La diferencia evidencia el impacto que tiene la eficiencia de las estrategias de ventas digitales sobre los resultados de las entidades financieras.
Gonzalo Pastorino, CEO de Boomit by Domus Global. Foto: Jorge Jara
La detección de patrones. En el marco de la Segunda Convención Bancaria Paraguay 2026, Gonzalo explicó que las grandes plataformas digitales funcionan hoy como una enorme “sucursal de tráfico”, donde los algoritmos deciden a qué usuarios mostrar cada anuncio.
El proceso comienza con la llegada de las personas, continúa con la observación de sus interacciones y requiere que el banco devuelva información sobre qué acciones tienen verdadero valor para su negocio.
Con miles de repeticiones, el sistema puede detectar patrones y encontrar usuarios similares a quienes efectivamente se convirtieron en clientes.
En este punto aparece el concepto de “ingeniería de señales”, entendido como el diseño estratégico de los datos que las empresas envían a los algoritmos para entrenarlos.
No es lo mismo informar que una persona hizo clic, completó un formulario o descargó una aplicación que comunicar que abrió una cuenta por determinado monto y posee un perfil de riesgo específico. Cuanto más rica y útil sea la señal, mayor información tendrá la IA para optimizar la captación.
Sin embargo, no todas las señales sirven de la misma manera. Además de su valor, importa la frecuencia con la que se generan y el tiempo que transcurre hasta obtenerlas.
Según Pastorino, con miles de repeticiones, el sistema puede detectar patrones y encontrar usuarios similares. Foto: Gentileza
El desafío también es organizacional. Según Gonzalo, la evolución del marketing digital obliga a los bancos a pasar de considerar estas áreas como espacios vinculados principalmente a redes sociales y creatividad a tratarlas como verdaderas sucursales digitales, capaces de generar negocio.
Esto demanda integrar perfiles de marketing y comunicación con conocimientos de datos y estadística, una combinación que actualmente todavía queda en una zona gris entre las áreas de tecnología y marketing, señaló.
La música generada por inteligencia artificial representa un porcentaje estimado de alrededor del 5,1% del catálogo total en Spotify. Foto: Martin Bureau/AFP
Spotify aplicará nueva etiqueta en setiembre para música creada con IA
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El gigante del streaming Spotify anunció el martes que lanzará a mediados de septiembre una nueva etiqueta de “Persona IA” para identificar claramente a los creadores de contenido que no son personas reales, sino generados por inteligencia artificial. “Los oyentes nos han dicho claramente que no les gusta ver un perfil de artista que parece humano, para luego descubrir que la persona es generada por IA”, anunció la firma en un comunicado.
La medida constituye el más reciente esfuerzo de la empresa sueca por ser transparente acerca de cómo se produce la música en su plataforma, en medio de la creciente preocupación en la industria musical por el contenido generado por IA. En abril, la compañía lanzó su etiqueta “Verificado por Spotify”, que indica que un perfil ha sido revisado y cumple con el estándar de autenticidad.
“Además de los perfiles de artistas que se declaren como Personas IA, también empezaremos a aplicar esas insignias a los perfiles pertinentes”, señaló la empresa. Spotify añadió que no incluirá a las identificadas como “Personas IA” en recomendaciones editoriales ni personalizadas, a menos que un determinado usuario siga a una de esos creadores ficticios.