Durante años, la posibilidad de que la inteligencia artificial terminara desplazando a los trabajadores humanos parecía una amenaza distante, propia de películas futuristas o de escenarios que todavía estaban muy lejos. Pero aquello que alguna vez se temió comienza a adquirir una forma concreta. Una compañía japonesa acaba de crear una oficina en la que todos los puestos están ocupados por inteligencia artificial.
Según la información de la que se hizo eco la agencia RT este martes, la iniciativa fue puesta en marcha por NEC, corporación especializada en tecnologías de la información, telecomunicaciones y electrónica, que el 1 de agosto habilitó un nuevo departamento interno denominado “Corporate AI and Workforce”. La estructura no solo utiliza IA para realizar determinadas tareas: sus sistemas asumen funciones que van desde la dirección del área hasta los cargos operativos.
La imagen resulta inquietante: una oficina que puede funcionar sin empleados humanos en sus puestos habituales. Los agentes de inteligencia artificial ejecutan tareas de manera autónoma, mientras las personas mantienen por ahora las responsabilidades consideradas críticas, como la evaluación final, la toma de decisiones, el control de calidad y la gobernanza.
NEC, que cuenta con unos 100.000 trabajadores, asegura que el objetivo no es sustituir a las personas, sino estudiar cómo la inteligencia artificial puede ampliar sus capacidades y liberar tiempo para actividades que requieren mayor creatividad, análisis y complejidad. Sin embargo, el experimento abre una pregunta que hasta hace poco parecía pertenecer al futuro: ¿cuánto falta para que algunas oficinas ya no necesiten trabajadores humanos para funcionar?
La IA crea a sus propios trabajadores
El nuevo departamento está organizado en cuatro niveles: un director de IA, un consejo con responsabilidades ejecutivas, gerentes y empleados artificiales. Estos últimos pueden ser creados de acuerdo con las necesidades de cada tarea, recibir funciones concretas y adquirir nuevas habilidades de manera continua.
Las primeras pruebas realizadas durante julio muestran por qué este modelo puede resultar disruptivo. Los sistemas de IA fueron capaces de efectuar análisis de gestión, desarrollar simulaciones y anticipar posibles riesgos, reduciendo el tiempo requerido para completar esas labores a aproximadamente una séptima parte del que demandaban anteriormente.
El funcionamiento de estos agentes puede observarse en tiempo real mediante una plataforma basada en un gemelo digital. Además, cada semana los propios trabajadores artificiales recopilan problemas y plantean propuestas para mejorar sus procesos.
Cuando una situación puede solucionarse con los recursos disponibles, la propia organización de IA puede actuar de manera autónoma. Si, en cambio, necesita información adicional, permisos, conocimientos especializados o contexto humano, el asunto pasa a manos de las personas.
La experiencia plantea así un escenario tan fascinante como incómodo. La IA ya no aparece solamente como una herramienta que ayuda al trabajador a hacer más en menos tiempo: empieza a asumir estructuras, jerarquías y funciones que tradicionalmente pertenecían a una organización humana.
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El experimento deja flotando una inquietante reflexión: si una inteligencia artificial puede ser directora, gerente y empleada al mismo tiempo, aprender nuevas habilidades y resolver problemas por sí misma, la pregunta ya no es si las máquinas podrán ocupar puestos humanos, sino cuántos de esos puestos terminarán necesitando realmente de una persona.