El presidente de Argentina, Javier Milei, aseguró que aspira a pasar a la historia como el mandatario que logró revertir el proceso de decadencia del país y sentó las bases para una nueva etapa de crecimiento. Durante una entrevista televisiva, el jefe de Estado sostuvo que su principal objetivo es consolidar un cambio estructural que permita devolver competitividad y estabilidad a la economía argentina.
En declaraciones al programa A la Barbarossa, emitido por Telefé y reproducidas por la agencia RT, Milei repasó las principales medidas impulsadas desde el inicio de su administración y defendió el programa de reformas económicas implementado por su Gobierno. En ese contexto, afirmó que la dirección adoptada “no se negocia” y reiteró que su administración mantendrá el mismo rumbo.
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Severo ajuste del gasto estatal
El mandatario destacó entre los avances de su gestión la fuerte desaceleración de la inflación, uno de los principales problemas que heredó la economía argentina, así como el ordenamiento de las cuentas públicas mediante un severo ajuste del gasto estatal. Según el Gobierno, estas medidas permitieron alcanzar superávit fiscal durante varios meses consecutivos, un hecho que las autoridades consideran histórico tras años de déficit.
Milei también ha resaltado en reiteradas ocasiones la eliminación de numerosos organismos públicos, la reducción de regulaciones económicas y la desburocratización del Estado como parte de su estrategia para incentivar la inversión privada. A ello se suma la flexibilización de distintos sectores de la economía y el impulso a reformas destinadas a fortalecer la apertura comercial y mejorar la confianza de los mercados.
Para Milei, el éxito de su administración dependerá de que las reformas actuales logren consolidarse en el tiempo y permitan que Argentina recupere un sendero sostenido de crecimiento. En ese sentido, insistió en que su aspiración es ser recordado como el presidente que modificó el rumbo del país y sentó las bases para que vuelva a ocupar un lugar de mayor relevancia económica en la región.
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Misiones jesuíticas: cuando los guaraníes edificaron un legado
- Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos: Gentileza
Signos de una experiencia que es fuente de nuevos estudios, Santísima Trinidad del Paraná, Jesús de Tavarangüé y San Cosme y Damián siguen proyectando una obra conjunta entre evangelizadores y pueblo guaraní que continúa deparando asombros y descubrimientos.
La admiración por el trabajo organizado, la temporalidad de esos muros de unos 400 años de solidez se proyectan en la mirada, en el gesto de asombro de los visitantes de las misiones jesuíticas guaraníes de Itapúa.
Comprenderlas un poco más parece ser una deuda que se va saldando de a poco. El sacerdote jesuita Simón Martínez Jara entiende que “la educación del Paraguay debería rescatar más su historia como parte de nuestra identidad, patrimonio de la vida y la cultura guaraní”.
Lo hace recordando que “la enseñanza de las misiones son muchas. Primero destacar la opción preferencial y creativa por los más vulnerados. Segundo, promover la inculturación para poder hablar el lenguaje de las nuevas culturas y aprender de ellas. También situarse al lado de los más pobres y construir en sinodalidad espacios de vida y plenitud humana”, sintetiza del legado de estos sitios considerados Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, su sigla en inglés).
INTERÉS CRECIENTE
Isabelino Martínez preside el comité académico del Congreso Internacional de las Misiones Jesuíticas Guaraníes, que en junio de este año tuvo su cuarta edición reuniendo a más de 40 expositores de 12 países. “Esta fue la primera edición iberoamericana y estamos muy satisfechos con los resultados”, comenta de la experiencia.
Realizado este año en Posadas, Argentina, el evento viene probando la curiosidad que siguen despertando en todo el mundo. “Imaginen que, como decía Bartomeu Melià, el vocablo ‘reducción’ en el castellano de los años 1500/1600 tenía una connotación de comunidad”, apunta.
Vale recordar que fueron unas 30 misiones, ubicadas en lo que hoy son territorios de Paraguay, Argentina y Brasil que llegaron a organizar a más de 150.000 indígenas guaraníes en su momento de esplendor.
Arqueología, arquitectura, la lengua guaraní, historia, sociología fueron las diversas materias de las ponencias que fueron desde una intervención de la antropóloga francesa Capucine Boidin, de la Universidad de la Sorbona, hasta la charla de una indígena guarayo de Bolivia.
“La provincia jesuítica fue una gran experiencia de vida religiosa, por un lado, discutiendo los matices de sometimiento o no, pero por otro lado desde la comprensión del mundo guaraní fue un resguardo ante la esclavitud. Allí surgieron expresiones excelsas del arte, en particular en la música y la parte escultórica. Santa María de Fe fue el sitio del primer gran colegio escultórico en América Latina, por ejemplo”, cita Martínez, también director del Museo Jesuítico Diocesano de esa ciudad misionera.
“Es fundamental el valor que se le dio a los modelos indígenas en una propuesta de vida social, basados en la solidaridad, en el ‘jopói’, esa expresión que implica las manos abiertas, la entrega hacia el otro, un modelo económico que sirvió para poder dar vida a las misiones jesuíticas y democrático en el sentido de lo que los líderes hacían en favor de sus pueblos. Porque un verdadero líder guaraní tenía que ir creciendo en sus cualidades para cuidar a su comunidad. Y esto mismo fue implementado en las misiones jesuíticas y la manera en que los jesuitas descubrieron ese nivel de convivencia entrelazando la religión cristiana con el misticismo guaraní son aspectos que nos tienen que llamar la atención hoy para poder proyectarnos en este siglo XXI”, considera.
EN CLAVE MUSICAL
Isabelino Martínez recuerda que la música en la tarea de brillantes maestros como Martin Schmid y Domenico Zipoli jugó un rol clave en la conjunción. “El guaraní tiene alma musical, sabe escuchar el mundo y los jesuitas rápidamente lograron descubrir esto y pudieron encontrar una forma propia que, entiendo, Enio Morricone interpreta de muy buena manera en la película ‘La misión’, donde puede verificarse aquello que decía Melià en torno a que los guaraníes también evangelizaron a los jesuitas”.
Para el padre Simón, “la producción musical en las reducciones fue importante aliada en la evangelización del pueblo guaraní. Los instrumentos eran elaborados por indígenas artesanos en los talleres de las misiones”, destaca. “El barroco guaraní es un estilo musical solemne que acompañaba las grandes celebraciones litúrgicas y procesiones. La obra literaria ‘La música en las reducciones jesuíticas’, de Guillermo Furlong (S. J.), cuenta cómo los guaraníes con los jesuitas crearon una de las escuelas de música más grandes de América en el siglo XVII”, indica.
“Las orquestas tenían violines, oboes, fagotes, arpas, órganos. Además, la obra narra sobre las composiciones de músicas inclusive por el cacique Domingo Céspedes y sobre la imprenta de la misión de San Javier, donde se imprimían las partituras”, añade.
DEFENSA MILITAR
La cuestión militar aparece como un elemento estructural, la disposición de la plaza y las viviendas rodeadas por muros de importante grosor, la elevación de torretas para campanario y avistamiento, la erección de las misiones en colinas que permitían, como en el caso de Trinidad y Jesús, una conexión visual que permitía alertar algún ataque, dan cuenta de una sofisticada estratagema militar en la concepción de estas edificaciones.
Expone Isabelino Martínez: “Tenemos que tener en cuenta que las misiones se asientan después de un largo proceso de persecución resultante de la guerra entre españoles y portugueses. Esto hace que la formación militar haya cumplido un rol muy importante para la defensa. Entonces no solo legó la fe, sino también la seguridad para los guaraníes, la seguridad de que la vida continuaba, que el mundo guaraní podía reproducirse”.
A su turno, el padre Simón cuenta: “En las reducciones había como una pequeña defensa militar para prevenir y cuidar de los ataques de los bandeirantes portugueses, los otros pueblos que no eran reducidos o para protegerse en ocasiones del propio sistema de encomienda. Antonio Ruiz de Montoya con un permiso especial de la Corona española acompañó la creación de una defensa militar debido al ataque constante de los bandeirantes en las misiones del Guairá”, recuerda.
Expone luego que constituyen “una memoria histórica donde se respira el Reino de Dios en la tierra y que para la época colonial supuso una respuesta creativa para la evangelización y la defensa de la vida de los guaraníes. Es importante visitar las misiones jesuíticas porque son parte de nuestra historia, un patrimonio de la humanidad de un modo de vida solidario. Nos puede inspirar para la creación de una nueva nación donde todos podamos tener un lugar y nos sintamos dignos en el trato y el cuidado de unos con otros”, concluye señalando.
UNA ASTRONOMÍA DESCOLLANTE
La precisión del reloj solar de San Cosme y Damián es conmovedora, así como la historia de Buenaventura Suárez, ese sacerdote astrónomo que no solo ayudó a revelar la mirada guaraní del cielo del sur, sino que pudo anticipar en años la marcha de la luna con sus telescopios desde aquella selva de ensueño de principios de los años 1700.
La ponencia de Viviana Silvia Piciulo –“Mirar al cielo desde la frontera imperial. Buenaventura Suárez y el conocimiento astronómico en las misiones jesuitas del Paraguay (siglo XVII-XVIII)”–, dada en el IV Congreso Internacional de las Misiones Jesuíticas Guaraníes, reveló datos importantes.
La historiadora recordó que Buenaventura era descendiente de Juan de Garay y que pertenecía a una élite ilustrada y que al llegar a las misiones se abocó a realizar la tarea más difícil de la astronomía en ese tiempo: “Seguir a los satélites de Júpiter”. Explicó que ese estudio del cielo era también parte de la organización de tiempo y territorio que los jesuitas fueron perfeccionando hasta su expulsión por la Corona española en 1767.
Asimismo, remarcó que con la ayuda de los artesanos guaraníes se fabricaron maravillosos instrumentos astronómicos, puliendo lentes excepcionales en las piedras de cuarzo que ofrecía la tierra.
Piciulo apuntó que “la Compañía de Jesús tuvo una infraestructura transcontinental de movilidad del conocimiento”, al explicar cómo las observaciones de Suárez en San Cosme y Damián llegaron a otros astrónomos en centros de prestigio en Madrid, Roma, San Petersburgo, Pekín, París y Upsala.
También que fue Anders Celsius, el de los grados centígrados, el que publica en Suecia los escritos sobre los satélites de Júpiter de Buenaventura que fueron “un boom editorial científico, por así decirlo”. Esa red hace posible a su vez la edición de “Lunario de un siglo” en Lisboa en 1748.
En la mirada de la científica, “América no era una receptora pasiva de ciencia desde Europa, sino que esa ciencia moderna se construyó en procesos complejos que incluyeron a los espacios misionales americanos… Ya no es cómo pudo un jesuita aislado en la selva producir astronomía de calidad, sino qué infraestructura intelectual, material y relacional hizo posible que se observara el cielo como en los grandes centros es la pregunta que nos ocupa”, expuso.
LA AGRICULTURA, FUENTE FECUNDA
La pasión jesuita por los textos es fundamental en el desarrollo agrícola. Así lo expuso el lingüista Leonardo Cerno en su ponencia “Sánchez Labrador y el manuscrito Gülich/Luján: nexos posibles”, en la que planteó la posibilidad de que la obra “El Paraguay cultivado” y las “Instrucciones familiares” (1772/76) de Sánchez Labrador se hayan basado en un manuscrito en guaraní de 1725 atribuido a Gülich/Luján.
Allí se da “una transferencia de conocimientos, un saber agrícola transmitido al agricultor en un lenguaje adaptado a los campesinos en el marco de las reducciones”, en el que se explica quiénes, cómo y cuándo plantar en un afán de “volver a los indígenas buenos agricultores”.
El texto en guaraní incorpora historias naturales de la gente, la tierra, la vida, etc., que se ven o reproducidos o imitados por la obra posterior que será de gran importancia en la evolución de los campesinos criollos, destacó el expositor.
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La literatura como disparadora de la curiosidad histórica
- Paulo César López
- paulo.lopez@nacionmedia.com
- Fotos: Gentileza
El próximo 8 de agosto, al cumplirse 157 años de la ocupación de la ciudad de Valenzuela por las fuerzas aliadas durante la guerra contra la Triple Alianza, se realizará el lanzamiento del libro “”Minas Cue. Cuentan que eran 30”, de Virgilio Cantero y Nelly Vázquez, docentes e investigadores de la historia local. La actividad se llevará a cabo a las 10:00 en la Casa de la Cultura del distrito cordillerano como parte de un esfuerzo por rescatar y revalorizar la tradición oral popular.
La memoria oral atesora acontecimientos que la escritura o la historia oficial han olvidado u omitido deliberadamente, como muchas veces ocurre con los crímenes de guerra. En efecto, resulta poco probable que algún alto oficial militar deje constancia escrita de una orden de atacar a civiles u otros tipos de desmanes, tolerados o autorizados, que nunca faltan en los conflictos armados.
Este podría ser el caso de la versión sobre la quema de las mujeres trabajadoras de Minas Cue, en el distrito de Valenzuela, departamento de Cordillera. Este episodio poco conocido es puesto en duda por ciertos historiadores “serios”, ya que no existen documentaciones o pruebas materiales que avalen el hecho.
En el marco de la campaña de las Cordilleras, en la última etapa de la guerra, el 7 de agosto de 1869 un brazo del Ejército aliado comandado por el brigadier Vasco Alves Pereira llegó hasta la ciudad. Según las crónicas orales, en la fábrica de azufre cumplían su faena unas treinta paraguayas. Además, también había una decena de extranjeras, entre brasileñas y correntinas que habían sido tomadas prisioneras por los paraguayos, además de francesas e inglesas que habían venido con técnicos europeos contratados por el gobierno de López.
LA QUEMA
Las mujeres extranjeras habrían sido liberadas y, tras cometer todo tipo de desmanes, los soldados aliados encerraron a las paraguayas en una de las piezas, donde las quemaron vivas.
Aunque la verdad histórica de este episodio no esté probada, lo cierto es que ya forma parte del imaginario popular sobre la contienda y progresivamente las fuentes escritas se fueron haciendo eco de él.
Este es el caso del libro que nos ocupa en esta ocasión que, si bien pertenece más al campo de la literatura que de la historia, pretende recuperar las fuentes orales que van desapareciendo con el transcurso del tiempo.
Además de los relatos orales de los ancianos, los autores también han encontrado fuentes escritas que dan cuenta de la toma y posterior quema de la fábrica de azufre a manos de las fuerzas aliadas, aunque no se haga mención explícita a las mujeres inmoladas.
FUENTES
Una de ellas es una carta de Zenón Ramírez, segundo al mando en las instalaciones de la mina de azufre de Valenzuela, quien remite una misiva en 1918 a Juan Silvano Godoi (sic), director general de la Biblioteca, Museo y Archivo Nacional. El objetivo del remitente era el de documentar los acontecimientos de la guerra, en particular los vinculados a la toma de Valenzuela.
En un extracto de la misiva, que forma parte del acervo digital de la Universidad de California, Ramírez señala que “los aliados permanecieron tres días en el lugar de las minas. Después de ese tiempo, dieron fuego a los establecimientos, marchando sobre Piribebuy. Con esto termino, distinguido compañero, sintiendo de corazón no dar más amplitud á estos datos breves por haberlos olvidado en los años de nuestra vida azarosa”.
Si bien la fuente admite que por su edad ha olvidado muchas cosas, no hace referencia a que durante el incendio del establecimiento las mujeres hayan sido encerradas en el interior.
Los autores, más allá de admitir el carácter literario de su obra, sostienen que es altamente probable que tales hechos hayan ocurrido efectivamente y buscan brindar datos para apoyar sus afirmaciones. Así, puntualizan que se trata de un “cuento que es un intento de registro histórico de la tradición oral. Los personajes son reales de la época de la Triple Alianza, así como la trama del cuento, pero tejido con hilos de ficción”.
En este sentido, indican que el primer registro de la tradición oral sobre Minas Cue, según menciona la Prof. Benita Salinas, directora de la Casa de la Cultura y el Museo Histórico de la ciudad, lo hace su padre, Anuncio Salinas, autor de “Valenzuela. Antigua Ybyraity”.
Este entrevistó a una testigo directo de los acontecimientos llamada María del Rosario Velázquez de Montanía, que en 1869 tenía 12 años. Los datos recabados señalan que esta mujer tenía lazos de parentesco con Benita Almada, esposa de Zenón Ramírez, “por lo que podemos presumir haya frecuentado e inclusive trabajado en la mina”.
–¿Podrían comentarnos en qué consiste el libro que presentarán la próxima semana?
–El libro es un abordaje literario-ficcional de la tradición oral que pervive en la comunidad en torno a los sucesos acaecidos en Valenzuela en ocasión de ser ocupada por el ejército aliado el 7 de agosto de 1869, fecha que se inicia la última campaña defensiva de la guerra, la de la Cordillera.
HISTORIA Y LITERATURA
–¿Cómo se conjugan historia y literatura en el texto?
–Literatura e historia siempre se complementan. En todas las tradiciones literarias encontramos cómo transitan por sendas aparentemente paralelas, pero en constante encuentro. Nosotros abordamos la tradición oral desde el cuento con la idea de acercar la historia de la comunidad a toda persona interesada. En especial apuntamos a los estudiantes y a los chicos que forman parte de la Red de Bibliotecas Callejeras de Valenzuela. Queremos que el cuento sea un disparador de la curiosidad de los chicos.
–¿Cuáles son las fuentes a las que recurrieron para su elaboración?
–Partimos de la tradición oral en primer término. También consultamos con la historiadora y directora de la Casa de la Cultura, profesora Benita Salinas, quien continúa el legado de su padre en recopilar la historia local. Así, llegamos a consultar el libro publicado por don Anuncio Salinas, en el que se menciona una entrevista a una testigo de los acontecimientos. Tuvimos acceso a varios documentos digitales del Archivo Nacional y otros acervos de fuentes serias. Resaltamos la carta enviada por Zenón Ramírez a Juan Silvano Godoi en 1918 relatando algunos detalles del funcionamiento del ingenio minero y también el libro “Campanha da Cordilheira”, del vizconde de Taunay.
–¿Cuáles son los hallazgos más relevantes con los que se encontraron durante la investigación?
–En los documentos consultados hemos encontrado los nombres y nacionalidades de los encargados de la mina. Hemos encontrado detalles del proceso de obtención del azufre, la cantidad y el destino final. También encontramos detalles administrativos y un relatorio de los acontecimientos que terminaron con la toma de la mina. Es importante destacar que allí no se producía pólvora. En promedio se obtenían diez kilos del mineral por día, que era remitido a San José para la elaboración de la pólvora. Un dato curioso es el ingenio de los técnicos paraguayos para la obtención de salitre, otro de los componentes de la pólvora. Para el efecto se colocaban grandes recipientes en Azcurra para que los soldados orinen en esas fuentes. El orín era procesado químicamente obteniéndose finalmente el salitre, que mezclado con azufre y carbón vegetal se convertía en pólvora.
–¿Ustedes consideran que el episodio de las mujeres quemadas ocurrió en realidad o es una exageración de la memoria popular?
–El martirio de las mujeres es una posibilidad plausible en un escenario de guerra total, una guerra que ya era demasiado larga, costosa e impopular en los países aliados. Por ello, podría pensarse que había un plan de campaña de terror concebido por los aliados, principalmente el ejército brasileño. En Valenzuela podrían haberse iniciado hechos que son coherentes con acciones posteriores como la quema del Hospital de Sangre de Piribebuy y la sistemática quema de los campos de batalla durante toda la campaña, lo que refuerza lo que la tradición oral afirma tajantemente. Tampoco hay que olvidar el degüello de los oficiales y encargados de la fundición de hierro. Podemos pensar que no son hechos aislados, sino una campaña de terror para torcer la voluntad del ejército paraguayo que seguía resistiendo.
–¿Cuáles son los elementos que pudieron colectar que apoyan su hipótesis?
–El vizconde De Taunay, en su “Diario do Exercito”, menciona la toma de la mina por parte del brigadier Vasco Alves y su posterior destrucción e incendio. También menciona que en el lugar encuentran un total de 40 personas, entre ellas prisioneros de varias nacionalidades que son liberados. Los restantes (¿que podrían ser 30?) son hechos prisioneros. La cantidad de personas aquí mencionadas se acerca bastante al número citado por la tradición oral.
TESTIGO
–Una de las fuentes más directas citadas es una mujer identificada como María del Rosario Velázquez. ¿Cuál fue su grado de participación como testigo y conocimiento de los hechos?
–María del Rosario Velázquez relata la toma de Valenzuela por parte del ejército aliado, el encierro de las mujeres en uno de los compartimentos del ingenio y su posterior incendio. También menciona las medidas del galpón. María del Rosario Velázquez tiene grado de parentesco con Benita Almada, la esposa de Zenón Ramírez, siendo este el segundo al mando del ingenio minero.
–¿Cómo podría explicarse que Zenón Ramírez, quien trabajó en la mina, no haga referencia a que las mujeres fueron quemadas?
–Zenón menciona que por su avanzada edad no recuerda muchas cosas. Creemos que omite un recuerdo doloroso. No quisiéramos en este momento aventurar ninguna hipótesis.
–¿Les gustaría agregar algo para cerrar la charla?
–Es importante mencionar que hay documentos que inclusive plantean un listado de nombre de las 30 mujeres. Sin embargo, en la actualidad constituyen motivo de controversia entre historiadores por el contenido posiblemente apócrifo del material, por lo que no la incluimos como fuente. Además, el trabajo no pretende ser un abordaje historiográfico, sino un rescate literario de la tradición oral de la comunidad. También buscamos la resignificación de los hechos, resaltando el rol de las mujeres en el proceso de construcción de la comunidad. Asimismo, buscamos cimentar la identidad comunitaria y despertar el compromiso cívico de los niños y jóvenes con Valenzuela, compromiso que nosotros asumimos con nuestro trabajo de gestores culturales comunitarios. Soñamos con que se realicen excavaciones y trabajos de investigación arqueológica en el sitio para poder dilucidar mejor los acontecimientos y a esa tarea nos queremos enfocar a partir de ahora.
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Gobierno protege como bien patrimonial cultural el legado del Pa’i Puku en el Chaco
El Gobierno, a través de la Secretaría Nacional de Cultura, declaró como bien de valor patrimonial cultural al conjunto histórico del Vicariato Apostólico del Pilcomayo, ubicado en la ciudad de Mariscal José Félix Estigarribia, departamento de Boquerón. El sitio mantiene además una estrecha vinculación con la vida y la labor de monseñor Pedro Shaw OMI, que fue conocido como Pa’i Puku, cuyos restos descansan en la iglesia.
Esta declaratoria se estableció mediante la Resolución SNC n.º 394/2026, del 6 de julio de 2026, y comprende tres manzanas: la Iglesia San Miguel Arcángel y sus construcciones anexas; la Casa Episcopal, conocida como San Miguel Róga, y sus anexos; los talleres de los antiguos colonos menonitas.
De acuerdo con el documento, el reconocimiento se sustenta en el valor arquitectónico, histórico y simbólico del conjunto. Las edificaciones conservan características constructivas propias de su periodo de origen, entre ellas el uso de ladrillos a la vista, galerías laterales, cubiertas a dos aguas y aberturas con arcos de medio punto. Su disposición dentro de tres manzanas forma parte de la configuración histórica del área urbana del distrito de Mariscal Estigarribia.
Al respecto, resaltan que la Iglesia San Miguel Arcángel y la Casa Episcopal fueron construidas en 1956. La iglesia funcionó como sede principal del Vicariato Apostólico del Pilcomayo y el conjunto estuvo vinculado al proceso de evangelización desarrollado por los Misioneros Oblatos en el Chaco Central y sus áreas de influencia.
Legado
Mencionan que el sitio mantiene una estrecha relación con la vida y la labor de monseñor Pedro Shaw OMI, conocido como Pa’i Puku, quien desarrolló su misión en el Chaco desde 1952 y fue vicario apostólico del Pilcomayo desde 1981 hasta su fallecimiento, en 1984. Sus restos descansan en la Iglesia San Miguel Arcángel y, entre los bienes vinculados a su memoria, se conserva la Land Rover de la misión en la que viajaba cuando sufrió el accidente que causó su muerte, el 21 de junio de 1984, sobre la ruta Transchaco.
La declaratoria fue impulsada a partir de la solicitud presentada por el entonces administrador apostólico del Vicariato Apostólico del Pilcomayo, padre Miguel Fritz OMI. El procedimiento incluyó la verificación del sitio y la evaluación de sus valores patrimoniales por parte de la Dirección de Bienes Culturales, dependiente de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la SNC.
“Con esta resolución, el conjunto de inmuebles queda incorporado al régimen de protección de bienes culturales establecido por la Ley n.º 5621/2016, de Protección del Patrimonio Cultural. La medida forma parte de las acciones desarrolladas por la Secretaría Nacional de Cultura para identificar, registrar y proteger bienes vinculados a la historia, la arquitectura y la memoria de las comunidades del país”, concluye el informe.
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Impulsan ascenso póstumo del cnel. Gabriel Sosa por legado en Guerra de la Triple Alianza
El diputado colorado Sebastián Remesowski presentó un proyecto de ley “que confiere el ascenso póstumo al grado de general de brigada al coronel Gabriel Sosa, último comandante de la Villa Encarnación y del Campamento Campichuelo durante la Guerra contra la Triple Alianza”.
La iniciativa tiene como finalidad rendir un homenaje al Coronel Gabriel Sosa mediante el otorgamiento, con carácter honorífico y póstumo, del grado de general de Brigada, en reconocimiento a su destacada actuación en la defensa del territorio nacional durante la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870).
El proyectista sostiene que “el Coronel Gabriel Sosa se constituye una de las figuras militares más representativas del sur del país, por haber ejercido la comandancia de la Villa Encarnación y del Campamento Campichuelo, desempeñando un papel estratégico en la defensa del territorio nacional durante uno de los períodos más trascendentales de la historia del Paraguay”.
Asimismo, destaca que “su actuación militar, patriotismo, liderazgo y sacrificio forman parte del patrimonio histórico nacional y representan valores que deben ser preservados para las futuras generaciones”. El documento añade que “el reconocimiento mediante un ascenso póstumo constituye una práctica legislativa excepcional destinada a honrar a quienes realizaron aportes extraordinarios al Estado paraguayo y cuyos méritos históricos justifican una distinción de carácter nacional”.
Memoria al sendero ancestral indígena
Se resalta que la memoria del Coronel Gabriel Sosa se encuentra estrechamente ligada al Camino Real o Peabiru Ñanemba’eva, antiguo sendero ancestral de los pueblos guaraníes del Paraná Y’gua, utilizado en diferentes períodos de la historia nacional por figuras como San Roque González de Santa Cruz, el prócer Fulgencio Yegros y el propio coronel Sosa.
La exposición de motivos señala que actualmente subsisten aproximadamente trescientos metros originales de dicho camino histórico. “Este sendero constituyendo un invaluable patrimonio cultural, histórico y arqueológico de la República del Paraguay, cuya preservación resulta de interés nacional”, expresa la iniciativa legislativa.
Finalmente, el proyectista afirma que la aprobación del presente proyecto contribuirá al fortalecimiento de la memoria histórica, al reconocimiento de quienes defendieron la soberanía nacional y al rescate del patrimonio cultural vinculado a uno de los principales escenarios históricos del departamento de Itapúa.
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