El balance de fallecidos por los terremotos en Venezuela incrementó el domingo a 5.208, según el reporte diario publicado por el presidente del parlamento, Jorge Rodríguez. El número de heridos se mantuvo en 16.740. Los cerca de 100 nuevos decesos reportados en las últimas 24 horas se dan a más de tres semanas de los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que devastaron el norte del país, principalmente el estado costero de La Guaira, cercano a Caracas.

Las autoridades evitan hablar de desaparecidos. La ONU estimó dos días después de los sismos que podrían llegar hasta 50.000. Algunas proyecciones, en cambio, apuntan a una cifra cercana a los 10.000. Rescatistas y voluntarios continúan en la búsqueda de cuerpos atrapados entre los escombros de los edificios colapsados.

En La Guaira, más de 20.000 personas que se quedaron sin hogar viven en campamentos desplegados en estadios, plazas y hasta en las aceras. Según las cifras oficiales más de 850 edificios están dañados y 190 se derrumbaron totalmente.

Final mundialista

Personas corrían, saltaban, gritaban y se abrazaban en una algarabía tras el silbato que indicó el cierre de la final del Mundial, una fiesta que hizo olvidar por 120 minutos la tragedia que cientos de refugiados viven en Venezuela tras perder sus hogares por los sismos. Más de 100 personas presenciaron la victoria de España contra Argentina a través de una gran pantalla dispuesta en un estadio polideportivo en La Guaira, el estado más golpeado por los terremotos del 24 de junio, que deja ya más de 5.200 fallecidos.

Desde entonces este estadio sirve como refugio para más de 1.300 damnificados. Allí los días se hacen largos y difíciles, pero el fútbol los ha hecho un poco más llevaderos. “Es alegre, pero dentro de la tristeza. Uno hubiera preferido estar en otras situaciones porque tenía otros planes para este fin de semana”, confesó a la AFP David Pérez, de 39 años.

Personas afectadas por los terremotos del 24 de junio ven la final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre España y Argentina en una pantalla gigante en un refugio temporal en Maiquetía, estado de La Guaira, Venezuela, el 19 de julio de 2026. Foto: Federico Parra/AFP

Ver la final del mundial en un contexto diferente junto a su esposa y su hija era uno de los muchos planes que tenía este trabajador del metro de Caracas antes de la tragedia. “Teníamos ya parte de lo que iba a ser nuestro futuro, mi pareja y yo, y prácticamente lo perdimos todo”, lamentó.

Pese a apoyar a España y celebrar el triunfo, tan pronto como acabó el juego se alejó cabizbajo mientras tomaba de la mano a su hija. Martha González, una cuentacuentos que entretiene a los niños del refugio, dijo que le alegró ver cómo se divertían los menores. “Lo estoy disfrutando mucho, compartiendo con la alegría a los chicos, viendo sus sonrisas, sus ánimos, sus expectativas sobre este mundial”, contó.

Una final de niños

La final del Mundial coincidió con el Día del Niño en Venezuela y los más atentos al partido fueron ellos. La mayoría mostró simpatía con Argentina, vestidos con camisetas del astro Lionel Messi o la bandera albiceleste pintada en las mejillas. Un grupo incluso se puso de pie cuando sonó el himno argentino en el partido.

Se sentaron en el piso del estadio, recubierto de césped artificial, a escasos metros de la pantalla y reaccionaron ante cada jugada. Algunos se pararon para jugar con balones de fútbol mientras comentaban y emulaban las jugadas.

Ver la final “es muy importante, no tanto para nosotros, los adultos podemos asimilar muy rápido, pero los pequeños de casa son lo más importante de todo”, comentó Yonibel Muñoz, un joven de 24 años.

Su vivienda necesita reparaciones, así que está desde el primer día de los sismos en el campamento, donde ayuda a mantener a los niños entretenidos y celebró que transmitieran el partido. “Nos ayuda, más que todo lo psicológico, porque hemos sufrido un trauma muy grande, pérdida de familia, niños, mascotas”, reflexionó.

“Un momento de resiliencia”

Detrás de las sillas dispuestas cerca de la pantalla para ver el partido, se observaban decenas de camas dobles desplegadas en todo el campo de fútbol del estadio, protegidas bajo un enorme techo de metal que a duras penas los resguarda del sol y de la lluvia.

Encima de cada colchón están los bolsos, ropa, juguetes y variedad de pertenencias de estas víctimas: vestigios de una vida que ahora transcurre entre estas literas.

Los dos sismos que ocurrieron en un intervalo de segundos dejaron a miles de familias sin hogar que han tenido que alojarse con allegados o se han acudido a los campamentos, donde hay más de 21.000 personas, según cifras oficiales.

Al menos 190 edificios se derrumbaron y otros 856 están severamente dañados.

“La vida es como una película, tiene altibajos, ya pasamos un momento fuerte, pero ahora estamos en un momento de resiliencia, de sobrevivir, de darle alegría y paz, y todo lo que necesitan nuestros niños”, remarcó Martha González.

Fuente: AFP.

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