La historia de un niño que estaría atrapado vivo bajo los escombros de un edificio en Venezuela puso al límite los nervios de las víctimas, más de una semana después de los dos terremotos que causaron más de 2.600 muertos y destrucción generalizada. En medio de los restos del edificio Tahití, varios grupos de rescatistas estuvieron el jueves en el lugar para concluir finalmente este viernes que allí no hay más señales de vida.
Los rumores habían encendido la esperanza de salvar aún a alguien más y alimentaron el esfuerzo de los rescatistas que trabajan sin descanso en el estado La Guaira, la zona cero de los sismos. Un socorrista estadounidense confió el jueves a la AFP que desplegaron a sus perros y que intentaron escuchar con un aparato muy agudo para detectar sonidos, sin lograr nada.
Horas después, sin embargo, un voluntario venezolano aseguraba todavía haber oído gritos en la madrugada y dijo a la AFP que los perros rastreadores no ubicaban al niño porque estaba “muy abajo”. Cuando comenzó a correr el rumor, un grupo de militares rodeó el lugar y cerró el acceso a la prensa.
Katherine Lendoiro, quien acompañó en los esfuerzos de rescate a la familia del niño, confirmó este viernes a la AFP que la Unidad Militar de Emergencias de España presentó un informe con los “diferentes tipos de protocolo que aplicó, el resultado dio negativo”.
“Juegan con el dolor”
“Han venido personas a hacer TikTok y eso corrió a nivel mundial”, se lamenta José Francisco Liendo, de 50 años, quien no se ha alejado del lugar en ningún momento, en su intento por recuperar los restos de su padre y su hermana.
Dijeron que “supuestamente hay un niño que está vivo, que el niño respira, después que si el niño orina, después que si tocó (golpeó). Cada vez que entran los excavadores (les preguntan) ‘¿lo viste?’ (y responden) ‘No, no lo he visto, pero está ahí’. No terminan de decir la verdad. O sea, están jugando con el dolor de los familiares”, se indigna Liendo.
Aloa González, de 50 años, también ha pasado noche y día al pie de los escombros, de donde quiere extraer los cuerpos de su hermana y su tía. Está desconsolada por las esperanzas rotas que había despertado con el supuesto hallazgo de un niño vivo.
“Hubo varias versiones con respecto a los sobrevivientes. Primero se dijo que no podían llegar hasta las personas, que no había forma ni manera, que no había cómo pasar”, explica.
Luego, se dijo que “no sabían si era un niño o una niña, un hombre o una mujer. (Decían) que supuestamente había tocado (golpeado), que era 70 % seguro que ahí hay vida”, refiere.
“Los rescatistas se fueron”
Del doble terremoto que sacudió La Guaira y Caracas han sido rescatadas 6.462 personas, la última de ellas el jueves, en lo que se considera una operación prácticamente milagrosa, pues las probabilidades de sobrevivencia comienzan a agotarse al cabo de 72 horas.
Fue el caso de Hernán Gil, guardia de un estacionamiento que resistió casi ocho días bajo los escombros, pero que había sido contactado desde el lunes y se le pudo suministrar agua y oxígeno por tubos.
El gobierno aseguró que los fallecidos serán identificados, y la presidenta interina Delcy Rodríguez descartó que se vaya a recurrir a fosas comunes.
No hay hasta ahora una cifra de personas desaparecidas, aunque Naciones Unidas estimó que podrían llegar hasta 50.000.
Aloa González evoca el momento en que finalmente se dijo que había un niño bajo el edificio Tahití. “Fino (genial) el niño, porque todos hemos trabajado porque el niño sea rescatado. Ahí están mi hermana y mi tía, y si rescatan al niño yo sería la persona más feliz del mundo. Pero luego se fueron todos los rescatistas”, suelta con dureza.
Fuente: AFP.