En vísperas de las presidenciales de Colombia, el ascenso electoral de la ultraderecha inquieta a una buena parte del país, dividido por el conflicto armado. Su promesa: una implacable ofensiva militar para doblegar guerrillas y narcos con el respaldado de Donald Trump. El abogado Abelardo de la Espriella se convirtió en favorito para la presidencia según encuestas con un discurso de mano de hierro contra los grupos armados que imponen un régimen de terror en el país.

La AFP consultó a militares en retiro y pobladores de regiones conflictivas sobre lo que puede ocurrir si De la Espriella gana y cumple su promesa de intensificar los bombardeos a golpe de decreto con apoyo de Estados Unidos e Israel. Planea expedir 90 en sus primeras 16 horas de gobierno. “No creo que sea viable una solución únicamente por vía de confrontación armada”, dice el exalmirante de la Armada Pablo Romero.

Inspirado por Trump y el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, De la Espriella también defiende el porte de armas y la construcción de megacárceles. Las medidas calan en una parte del país cansado de la inseguridad y descontento con el primer gobierno de izquierda del presidente Gustavo Petro.

El mandatario intentó sin éxito negociar el desarme de las organizaciones ilegales en los últimos cuatro años. Lejos de firmar la paz, las organizaciones aprovecharon los diálogos para fortalecer sus filas, según analistas. De la Espriella quiere el fin de cualquier diálogo y promete dos opciones para los “bandidos”: la “cárcel” o terminar en “una bolsa de plástico”.

En medio de una creciente polarización, el candidato antisistema y sin experiencia política se medirá en balotaje el domingo con el senador izquierdista Iván Cepeda, que apuesta por continuar las negociaciones.

Los sondeos vaticinan un resultado ajustado.

“Extremos”

Políticos y artífices del histórico acuerdo de paz de 2016 que logró desarmar a la extinta guerrilla de las FARC se desmarcan del ultraderechista.

“Voy a votar por quien defienda el proceso de paz”, dijo desde Washington el expresidente Juan Manuel Santos (2010-2018), ganador del Nobel de paz.

Aunque crítico con la “paz total” de Petro, Santos asegura que defenderá su “legado”.

Militares en retiro que lo ayudaron a construir el acuerdo ven “compleja” la situación de seguridad actual en el país que más cocaína produce del mundo.

“Tenemos que analizar qué ha pasado y por qué (los diálogos actuales) no han dado resultado”, dice Ricardo Gómez, excomandante del Ejército.

Para su excolega Romero, los “extremos” no acabarán con los grupos ilegales, financiados con narcotráfico y minería ilegal.

Defiende que, tanto De la Espriella como Cepeda, tendrán que “recoger sus palabras” en la presidencia y usar una estrategia combinada de confrontación y diálogo.

En los pasillos de las instalaciones militares se escuchan opiniones divididas, dijo una fuente militar a la AFP: los más jóvenes prefieren el diálogo y apoyan al gobierno que aumentó en cifras récord su salario, mientras la vieja guardia defiende una ofensiva a muerte con los grupos armados.

La Constitución les impide votar y deliberar, pero en voz baja varios esperan mayor cooperación militar con Estados Unidos y más armamento con De la Espriella.

“Tanto la guerra como la paz” son decisiones “que hacen y toman los políticos”, sostiene Gómez.

“Más guerra”

De la Espriella, que se hace llamar El Tigre, concentra gran parte de su apoyo en zonas urbanas, mientras Cepeda gana en regiones remotas y atravesadas por la violencia.

Leonora Ibarra, campesina de 62 años, es desplazada y víctima de la desaparición forzada de dos de sus hijos en el Guaviare (sureste). A uno se lo llevó la entonces guerrilla de las FARC en el 2000 y al otro los paramilitares en 2004.

Amenazada por grupos armados, dice tener “miedo” y estar “preocupada” ante una eventual ofensiva.

El poderoso expresidente Álvaro Uribe (2002-2010) doblegó a los guerrilleros con metralla y emboscadas durante su mandato, pero los pobladores rurales como Ibarra sintieron las consecuencias.

“Murieron muchos familiares, gente que no tenía nada que ver con la guerra”, dice.

Si gana De la Espriella, “volveremos a estar igual”, agrega.

En el Cauca (suroeste), muy golpeado por atentados y asesinatos de las disidencias de las FARC, también temen un “retroceso”.

“La guerra trae más guerra en los territorios y las víctimas en su mayoría son población civil”, dice Eduin Capaz, del poderoso movimiento indígena CRIC.

De la Espriella también propone acabar con el tribunal surgido del acuerdo de paz que ofrece penas alternativas a la cárcel para quienes confiesen crímenes cometidos durante el conflicto a cambio de reparación a las víctimas. “Uno no crió hijos para la guerra, sino para darles vida”, sentencia Ibarra.

Fuente: AFP.

Dejanos tu comentario