El presidente interino de Perú, José María Balcázar, anunció ayer jueves que el papa León XIV, que tiene nacionalidad peruana, llegará al país en la primera quincena de noviembre en una visita que duraría al menos ocho días. Balcázar hizo el anuncio desde Roma a una radio peruana tras ser recibido en audiencia en El Vaticano por el jefe de la Iglesia católica.
"En la primera quincena de noviembre estará en Perú, llega a Lima" y luego irá a otras ciudades entre las que figura Chiclayo, donde el papa ejerció como obispo, declaró el presidente peruano a la radio RPP. El papa León XIV es oriundo de Chicago, Estados Unidos, pero se nacionalizó peruano en 2015.
La visita del sumo pontífice está en preparación “y se está hablando de ocho a diez días de duración”, agregó el gobernante. La audiencia se extendió por 90 minutos relató Balcázar, cuyo mandato concluye el próximo 28 de julio. El Vaticano emitió un comunicado donde no menciona el viaje al país sudamericano y señala que el líder religioso y Balcázar expresaron su “satisfacción por las buenas relaciones entre la Santa Sede y Perú”.
Ambos también “abordaron cuestiones de interés común, entre las que se encuentran la evolución socioeconómica, la actividad minera ilegal, la promoción del bien común y del diálogo, así como el compromiso en favor de la cohesión social”, señaló la oficina de prensa vaticana. La estadía en Perú, donde Robert Francis Prevost trabajó durante más de 20 años como misionero y obispo de Chiclayo, formará parte de una gira por Sudamérica.
Argentina y Uruguay serían los otros dos países de esta gira, según sus autoridades políticas y religiosas. Perú, con 34 millones de habitantes, es uno de los países más católicos de la región. Más del 80% de su población practica esa religión. Ha sido visitado por los papas Juan Pablo II (1985 y 1988) y Francisco (2018).
Fuente: AFP.
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Hidrovía podría captar hasta 15 millones de toneladas adicionales de hierro
Paraguay tiene oportunidades de captar nuevas cargas regionales, principalmente de mineral de hierro de Brasil, productos agrícolas de Bolivia y Mato Grosso, además de fertilizantes e insumos destinados a mercados vecinos. El aprovechamiento de este potencial dependerá de garantizar condiciones de navegabilidad durante todo el año, según señaló Bernd Gunther, presidente del Centro de Armadores Fluviales y Marítimos (CAFyM).
En entrevista con La Nación/Nación Media, el titular del gremio indicó que el mineral de hierro representa la mayor oportunidad inmediata para el transporte fluvial, debido a las ventajas de costos frente al traslado terrestre. En este segmento, el potencial de captación a mediano plazo supera los 10 a 15 millones de toneladas anuales adicionales, siempre que la hidrovía Paraguay-Paraná mantenga un calado operativo mínimo de manera continua.
Gunther explicó que uno de los principales obstáculos es la variabilidad del nivel del río y la falta de intervenciones permanentes en pasos críticos. Afirmó que la flota paraguaya tiene capacidad para transportar mayores volúmenes, pero las restricciones durante los periodos de estiaje limitan las operaciones y generan sobrecostos.
Para mejorar la previsibilidad, planteó implementar un plan maestro de manejo de la vía navegable, con dragado preventivo, señalización moderna y estudios batimétricos dinámicos. También consideró necesario coordinar los trabajos con Argentina y Brasil, bajo estándares técnicos comunes y compromisos de mantenimiento definidos para cada tramo.
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Mayor volumen
El presidente de CAFyM proyectó que el volumen total de mercaderías transportadas por la hidrovía podría crecer entre un 50 % y un 100 % en los próximos tres a cinco años. Además del mineral de hierro, mencionó la celulosa y la expansión agrícola regional como motores de crecimiento, acompañados por el movimiento de fertilizantes y combustibles.
En este escenario, destacó la importancia de integrar la hidrovía con las carreteras y el ferrocarril para reducir costos y ampliar la capacidad logística del país. Asimismo, sostuvo que las mesas de trabajo del Consejo Nacional de Logística deben traducirse en proyectos con plazos, presupuestos y metas concretas, además de impulsar inversiones en infraestructura portuaria y simplificar los trámites aduaneros.
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La sandía paraguaya llega a Uruguay
Paraguay concretó su primera exportación de sandía a Uruguay con un envío de 21.000 kilos desde Guajayví, San Pedro, en un nuevo paso para la producción frutícola nacional.
Un nuevo destino internacional. Paraguay concretó su primera exportación de esta fruta con un cargamento de 21.000 kilos provenientes de Guajayví, con destino a Uruguay. La operación abre una nueva oportunidad comercial para los productores nacionales y amplía los mercados disponibles para la producción frutícola.
El envío fue sometido a los procesos de inspección y fiscalización del Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave), con el objetivo de verificar el cumplimiento de las condiciones fitosanitarias y garantizar la calidad e inocuidad del producto.
La habilitación del mercado uruguayo se concretó mediante el “Plan de trabajo para la exportación de frutos frescos de cucurbitáceas de la República del Paraguay a la República Oriental del Uruguay, mediante la aplicación de un Sistema Integrado de Medidas de Mitigación de Riesgo”, según el Senave.
Suma una oportunidad comercial. La directora general técnica de la institución, Carmen Berni, señaló que la apertura de este mercado representa un nuevo paso para la producción frutícola paraguaya, al facilitar el acceso de la sandía nacional a destinos internacionales bajo condiciones fitosanitarias establecidas.
Producción nacional. La sandía se cultiva actualmente en más de 4.000 hectáreas en Paraguay, con una producción anual que supera las 65.000 y puede alcanzar las 80.000 toneladas. El movimiento económico generado por el rubro, considerando el mercado interno y externo, se estima en USD 12 millones.
San Pedro con Guajayví entre sus principales zonas productoras, concentra parte de la actividad, junto con Concepción, Caaguazú, Cordillera, Paraguarí e Itapúa.
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Paraguay abre el mercado uruguayo para la exportación de sandías con un envío de 21.000 kilos
Paraguay concretó la primera exportación de sandías a Uruguay, con una partida de 21.000 kilos provenientes de 21 productores de Guajayví, San Pedro, que cumplió con los requisitos fitosanitarios establecidos por el país. La apertura representó una nueva oportunidad comercial para la producción nacional y, particularmente, para la agricultura familiar campesina, que incorporó así un nuevo mercado de destino.
La directora general técnica del Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave), ingeniera Carmen Berni, destacó que el proceso para concretar el envío demandó entre dos y tres años de trabajo, con intercambios técnicos entre Paraguay y Uruguay para establecer el protocolo fitosanitario. El acuerdo contempla, además de la sandía, otros rubros como zapallo, calabacita, zucchini y melón. “Es un avance sumamente importante para la agricultura familiar, un nuevo rubro que entra dentro de la lista de productos exportables”.
La carga fue trasladada en camión con cobertura para proteger las frutas de los rayos solares y tuvo como destino final Montevideo, con tránsito por Argentina.
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Berni explicó que la concreción de este mercado requirió un trabajo coordinado entre productores y organismos públicos para garantizar el cumplimiento de los controles fitosanitarios y mantener habilitado el destino comercial. “Lo importante siempre es que los interesados en exportar se acerquen con tiempo, porque hay protocolos que cumplir y tenemos que arrancar todos juntos para concretar este tipo de logros”, recordó la ingeniera.
Uno de los principales desafíos fitosanitarios fue la mosca de la fruta, plaga presente en Paraguay y considerada una de las principales barreras para el comercio internacional de productos frescos por su capacidad de propagación. La funcionaria explicó que el Senave mantiene un sistema de vigilancia mediante trampas y controles, mientras que los productores también cumplen un rol clave en la detección y prevención, explicó en una entrevista a la 920 AM.
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Doce platos para viajar por el Perú
Por: Adelaida Alcaraz
Una mesa, doce tiempos y un país entero por descubrir. El Perú invita a recorrer su costa, sus Andes y su Amazonía a través de sabores, aromas y tradiciones que convierten la gastronomía en una forma de explorar con los sentidos.
La puerta de la residencia de la Embajada del Perú se abre y, antes de llegar a la mesa, el primer encuentro sorprende. A pocos pasos de la entrada, una representación del papa León XIV, de una apariencia tan real que por un instante parece que el propio pontífice estuviera allí para recibir a los invitados.
Unos pasos más adelante, ahora sí, aparece la verdadera anfitriona: María Antonia Masana, embajadora del Perú en Paraguay, esperando personalmente para dar la bienvenida. La escena ya marca el tono de lo que vendrá. ¡Un viaje con pasaporte incluido!
Sobre la mesa, el pisco anuncia el comienzo. Después llegarán doce tiempos, pero también doce pequeñas historias de un país que parece haber concentrado en su cocina una geografía entera.
“Los peruanos somos de buen comer”, expresa la embajadora con una amable sonrisa. Y lo dice con la naturalidad de quien está hablando de algo cotidiano, casi familiar. Cuenta que a los peruanos les gusta comer bien, que disfrutan los picantes y que una mesa siempre puede convertirse en una buena excusa para conversar. Así, entre bromas, historias y explicaciones, empieza a descubrirse el Perú.
El chef oficial de la Embajada, Elías Motta, diseñó el menú como quien dibuja un mapa. La primera parada llega en tres pequeños bocados: ocopa, pulpo al olivo y tiradito.
La embajadora los presenta uno a uno. La ocopa, originaria de Arequipa, al sur del Perú, llega con una delicada salsa de huacatay, ají amarillo, queso fresco y maní; el pulpo se encuentra con la suavidad y el sabor profundo de las aceitunas negras; y el tiradito con ají amarillo pone al pescado fresco en primer plano. Tres bocados y ya parece que la mesa hubiera recorrido varios kilómetros.
“Ahora viene el ceviche”, anuncia María Antonia, como quien sabe que acaba de llegar uno de los momentos más esperados. Y lo es. El pescado fresco, el limón, el ají y la leche de tigre despiertan el paladar. La embajadora se detiene en este último elemento y explica que no es simplemente el líquido que queda en el plato: es parte esencial del ceviche, una mezcla intensa, cítrica y especiada que concentra buena parte de su carácter.
Después le toca el turno a las conchitas a la parmesana, gratinadas y cremosas; la trucha andina, que lleva la conversación hacia las alturas; y el chupe de camarones, más contundente, profundo y reconfortante.
La embajadora va hilando las historias mientras los platos circulan. La mesa ya no parece una presentación gastronómica, sino una reunión entre amigos en la que alguien conoce muy bien el país y quiere mostrarlo sin apuro.
Hasta que aparece una protagonista que, a simple vista, parece mucho más humilde: la papa. “Tenemos muchísimas”, cuenta María Antonia, y enseguida aparecen los colores. Moradas, amarillas, rojas, anaranjadas, de distintas formas y tamaños. Perú es uno de los grandes centros de diversidad de este tubérculo y conserva cientos de variedades nativas.
En las causitas tricolor de papas andinas, esa diversidad se convierte en paisaje. Tres colores de papa, tres texturas, tres pequeñas postales de los Andes.
La conversación continúa y también cambia el tono. Es hora de los anticuchos, con el aroma del fuego y la parrilla. La embajadora habla de su presencia en las calles y de esa cocina popular que también forma parte de la identidad peruana.
Después aparecen la trucha a la parrilla, el chupe de camarones y el arroz chaufa con Kam Lu Wantán. Y aquí la historia vuelve a cruzar fronteras. La influencia de la inmigración china está profundamente incorporada a la gastronomía peruana. El chaufa es una de sus expresiones más conocidas. La cocina, una vez más, demuestra que puede recibir influencias externas y convertirlas en algo propio.
El lomo saltado lleva esa mezcla todavía más lejos: carne, cebolla, tomate, ají y papas se encuentran en un plato que parece sencillo hasta que uno empieza a pensar en todo lo que cuenta. La embajadora lo explica con esa mezcla de entusiasmo y familiaridad que atraviesa toda la comida. En Perú, las culturas llegaron, se encontraron y terminaron cocinando juntas.
La ruta se interna entonces hacia territorios más verdes. El tacacho con cecina trae el plátano verde y la carne ahumada; el juane, con arroz, especias y su particular envoltura, lleva directamente hacia la Amazonía. La mesa cambia otra vez. Aparecen sabores más intensos, aromas ahumados y preparaciones que hablan de una geografía completamente diferente.
Y mientras los platos siguen llegando, la embajadora no deja que nadie simplemente coma. Cada preparación abre una conversación. Ese es quizás uno de los mayores encantos de la experiencia: la comida nunca llega sola. Siempre trae una historia detrás.
Y cuando parece que el recorrido termina, llega el momento dulce. El suspiro de limeña, con notas de maracuyá, aparece delicado, cremoso, coronado con merengue. María Antonia cuenta entonces una de esas historias que hacen que un postre deje de ser simplemente un postre.
Su origen está vinculado al antiguo manjar blanco y a una mujer llamada Amparo Ayarza, esposa del poeta peruano José Gálvez Barrenechea. Según la tradición, ella preparaba este dulce y, cuando Gálvez lo probó, quedó tan encantado con su textura y dulzura que lo comparó con el suspiro de una mujer. El nombre quedó para siempre.
La historia se cuenta alrededor de la mesa y, de pronto, cada cucharada parece tener un poco más de Lima.
Pero todavía falta un personaje. Aparece un enorme King Kong, el famoso alfajor de Lambayeque. La embajadora explica su nombre y basta mirar el tamaño para entender la comparación. Este dulce, compuesto por grandes capas de masa y rellenos como manjar blanco y dulces de frutas, fue asociado por su dimensión con el gigantesco gorila de la película King Kong. La mesa ríe. Es difícil no hacerlo frente a semejante alfajor. Antes del último destino, los dulces de convento y para finalizar el recorrido una taza de café Geisha, traído especialmente desde Chanchamayo, en la selva central peruana. Aromático, delicado y diferente, llega cuando la conversación ya se volvió sobremesa.
“Viaje por los sabores del Perú” propuso descubrir un país antes de llegar, imaginar sus mercados, sus costas, sus montañas, sus campos y su selva a través de una mesa.
Pero aquella experiencia tuvo también un significado especial. Fue una de las últimas presentaciones de María Antonia Masana antes de emprender una nueva misión diplomática en Sudamérica, después de casi tres años en Paraguay. Se irá llevando consigo una parte de este país que la recibió y, a la vez, dejará aquí una huella de la cultura peruana que tanto ama.