En un barrio residencial de Estocolmo abrió recientemente una cafetería que, con sus tostadas de aguacate y cafés latte espumosos, parece un local convencional, salvo por un elemento distintivo: su gestión está en manos de la inteligencia artificial (IA). En el Andon Café, algunas mesas están decoradas con pequeñas plantas, las paredes son grises y la decoración es minimalista.
Hay un mostrador y detrás de él trabaja Kajetan Grzelczak, contratado por “Mona”, un agente de IA que funciona gracias a Google Gemini. “Los pedidos de aprovisionamiento no son su fuerte”, dice el joven señalando las estanterías detrás de él. “El muro de la vergüenza”, como lo llama él, está repleto de productos inútiles comprados por su “jefa”: 10 litros de aceite de oliva, 15 kilos de tomates en conserva, 9 litros de leche de coco o incluso 6.000 servilletas.
“Con esto no podemos hacer nada”, comenta Kajetan mientras muestra el menú, también diseñado por “Mona”, que no requiere ninguno de esos ingredientes. En un rincón, una gran pantalla muestra en tiempo real la facturación del café y su saldo, y un teléfono permite a los clientes hacer pedidos y dialogar con la IA. También pueden ordenar directamente al empleado humano.
Un texto describe la experiencia de este café poco común, lanzado por la empresa emergente Andon Labs, con sede en San Francisco. “Creemos que la IA desempeñará un papel importante en la sociedad y en el mercado laboral en el futuro”, explica a la AFP Hanna Petersson, miembro del equipo técnico de la empresa, que cuenta con diez empleados. “Queremos probarlo antes de que sea una realidad y ver qué cuestiones éticas surgen cuando, por ejemplo, una IA emplea a seres humanos”, añade.
Riesgos reales
Una vez encontrado el local, el contrato se envía a Gemini, el asistente de Google, con la misión de gestionar la cafetería de forma rentable. También se le asigna un capital inicial. En este caso preciso, “Mona” solicitó los permisos necesarios, elaboró el menú, encontró proveedores y organizó los suministros diarios. Incluso decidió que necesitaba personal humano para preparar cafés y contrató a dos personas.
“Publicó ofertas de trabajo en Indeed y LinkedIn, realizó entrevistas telefónicas y luego tomó las decisiones de contratación”, añade Petersson. Cuando vio la oferta Kajetan pensó que era una broma, especialmente porque se publicó un 1 de abril (Día de los Inocentes en gran parte de Europa central y septentrional). Finalmente obtuvo el puesto tras una entrevista de 30 minutos con la IA.
El salario que recibe es “bueno”, asegura, pero su derecho a la desconexión no se respeta en absoluto. “Mona” le envía mensajes a cualquier hora de la noche y no recuerda sus solicitudes de vacaciones. También le pide con frecuencia adelantar dinero para ciertas compras.
Estas cuestiones éticas surgieron rápidamente en el experimento, señala Petersson. “¿Qué salario fijó? ¿Qué beneficios sociales otorgó? Creo que lo hizo bastante bien. Ofrece un buen salario. Si no lo hubiera hecho, habríamos intervenido”, afirma. La cafetería, que recibe entre 50 y 80 clientes al día, lleva abierta solo una semana, pero ya atrae a curiosos.
Urja Risal, investigadora de 27 años en IA y desarrollo sostenible, acudió con un amigo. “Se dice mucho que la IA está a punto de quitarnos trabajo, pero ¿cómo sería en la práctica?”, se pregunta. “Espero que más personas interactúen con ‘Mona’ y reflexionen sobre los riesgos reales de tener una IA como jefa, y sobre cómo afrontarlos. Por ejemplo, si alguien se lastima, ¿cómo reaccionaría?”, se pregunta.
Fuente: AFP.
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La Unión Europea ordena etiquetar contenidos creados con IA
Los “deepfakes” y otros contenidos generados por la inteligencia artificial deberán estar etiquetados como tal a partir del domingo en la Unión Europea, cuando entren en vigor sus normas de transparencia sobre esta tecnología de vanguardia. ¿El objetivo? Asegurarse de que los europeos sepan de inmediato si el contenido en línea que ven es real o falso.
La ley integral de la UE sobre inteligencia artificial se aplicará por etapas. A partir del 2 de agosto, las empresas deben asegurarse de que sus chatbots y otros modelos dejen claro a los usuarios que son herramientas de IA, o bien de que las imágenes o los textos creados con ella lleven una etiqueta que lo indique.
Esto se puede lograr mediante la integración de marcas de agua y otros indicadores que permitan detectar fácilmente el contenido generado por IA. Las empresas se enfrentan a multas elevadas si no cumplen con estas disposiciones. “La IA generativa permite crear desinformación a una escala sin precedentes, adaptada a audiencias específicas y difundida con una velocidad notable”, señaló un funcionario de la UE.
Dado que la IA “nos está haciendo a todos cada vez más difícil distinguir lo que es real de lo que es sintético”, las normas de la UE buscan “preservar la capacidad de los ciudadanos para confiar en lo que ven, escuchan y leen”, añadió. Un motivo de especial preocupación para la UE son los “deepfakes” o contenidos conocidos como ultrafalsos: textos, imágenes, videos y sonidos que parecen reales, pero que son generados o manipulados por la IA.
Estas nuevas normas europeas afectarán al contenido creado con fines profesionales, y la UE insiste en que las personas que utilicen la IA a título puramente personal no se verán afectadas. Los textos destinados a informar al público sobre temas de interés general también deberán ser etiquetados si se crean mediante IA sin supervisión editorial humana. Los sistemas de inteligencia artificial existentes tienen hasta el 2 de diciembre para adaptarse a las nuevas normas, y existen exenciones para obras “artísticas, creativas, satíricas y de ficción”.
Los gigantes tecnológicos
La UE ha sido objeto de críticas por imponer más exigencias a las empresas y por establecer normas que, en última instancia, obligarán a etiquetar todo el contenido, dado el uso generalizado y en rápido crecimiento de la IA en toda Europa. “Hemos escuchado que va a ser muy, muy difícil de implementar. Pero creo que a menudo escuchamos esto con respecto a los requisitos de cumplimiento. Y, sin embargo, el mundo sigue girando y encontramos la manera de resolver estas cosas”, dijo Ashley Casovan, de la Asociación Internacional de Profesionales de la Privacidad, a la AFP.
Gigantes tecnológicos de todo el mundo ya han comenzado a aplicar sus propias etiquetas en anticipación a las normas. Por ejemplo, TikTok ha exigido a los creadores de contenido que etiqueten las imágenes, el audio y los videos generados por IA desde hace varios años, y afirma que más de 3.000 millones de elementos de contenido ya cuentan con marcas gracias a herramientas y tecnología de detección.
Del mismo modo, Meta ha implementado una marquilla de “Información de IA” en Instagram y Facebook para las publicaciones que utilizan esta tecnología.
Google, por su parte, firmó el código de conducta de la UE sobre transparencia en inteligencia artificial y afirma que está trabajando con otras empresas como Nvidia, OpenAI y Apple en herramientas de etiquetado digital.
Sin embargo, Karen Massin, de Google, advirtió sobre la “complejidad regulatoria” que podría resultar contraproducente y “corre el riesgo de confundir a las personas a quienes estas normas pretenden ayudar”. “Si el contenido en línea se ve inundado de etiquetas de IA y avisos legales que se superponen, a las personas les resultará más difícil obtener el contexto claro que necesitan”, aseguró.
Fuente: AFP.
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Bolsas asiáticas caen por avance de industria china en la fabricación de chips
El temor de los inversionistas a un posible fin del auge de la inteligencia artificial y la preocupación por la competencia china en la fabricación de semiconductores, provocó el martes el colapso de las acciones tecnológicas. La surcoreana Samsung Electronics cayó más de 12 % y la fabricante japonesa de chips de memoria Kioxia perdió 18 %, mientras el gigante taiwanés TSMC bajó 3 %.
Los declives se dan tras las pérdidas de las acciones tecnológicas de Estados Unidos a raíz de un informe según el cual, una empresa inició la producción de máquinas de litografía ultravioleta profunda (DUV, siglas en inglés), que impulsará la industria china de los semiconductores. Los principales factores detrás del declive del sector son los siguientes:
Tecnología china de chips
Las acciones tecnológicas de Wall Street se hundieron el lunes luego de que el medio especializado The Information reveló que una empresa estatal china fabrica las máquinas de litografía DUV. Estos sistemas permiten grabar circuitos microscópicos en silicio para producir los microchips que impulsan la IA y todo tipo de dispositivo electrónico.
La DUV es menos avanzada que la llamada litografía ultravioleta extrema (EUV), una tecnología que solo posee la firma neerlandesa ASML.
Restricciones comerciales estadounidenses impiden a ASML vender sus máquinas de EUV a China, pero medios de prensa han informado que China está en la fase inicial para producir sus propios equipos de EUV.
“Los avances de China en la litografía local eluden por completo las cadenas de suministro occidentales, afectando principalmente a los fabricantes de equipos”, escribió Angela Harmantas, de Proactive Investors.
Grabar chips con DUV “es más lento, de menor rendimiento y más caro que con EUV, pero demuestra ser suficiente para los chips de tecnología casi de vanguardia, lo que inquieta a las autoridades e inversores que daban por sentado que China enfrentaba mayores restricciones”, agregó.
Sobrecalentamiento
Harmantas explicó que las bajas “también reflejan preocupaciones más amplias sobre la valoración” del sector tecnológico.
Las acciones de la IA se han disparado recientemente. La surcoreana SK hynix aumentó su valor en 500 % los últimos 12 meses, por ejemplo.
Pero eso provocó temores de sobrecalentamiento y dudas sobre las cifras astronómicas invertidas en desarrollar la IA y construir nuevos centros de datos.
“Las altas expectativas ligadas al gasto en infraestructura de IA dejaron los repuntes del sector vulnerables a la toma de ganancias en medio de condiciones macroeconómicas cambiantes”, indicó Harmantas.
Si estalla la burbuja de IA, el efecto podrá ser más grade que cualquier cosa antes vista en Wall Street, advierten expertos.
Riesgos de deuda
Hace unos seis meses, las grandes empresas tecnológicas estaban recomprando sus propias acciones, algo que apunta a un exceso de liquidez y aumenta el valor de sus acciones.
Actualmente se están endeudando para financiar sus operaciones de IA, lo cual podría resultar complicado si suben los tipos de interés.
“La primera etapa del auge de la inteligencia artificial se financió con efectivo, confianza y algunos de los balances más sólidos del sector empresarial estadounidense”, escribió Stephen Innes, de SPI Asset Management.
Pero “el desarrollo de la IA se enfrenta a una pendiente más pronunciada justo cuando se reduce la brecha entre la inversión de capital y la generación interna de efectivo”, advirtió.
Innes citó un informe de investigación de Goldman Sachs que anticipó que la emisión de deuda de las grandes firmas tecnológicas pasará de 250.000 millones de dólares en 2026 a 400.000 millones en 2027.
Temporada de resultados
Los beneficios récord de los gigantes de la cadena de suministros como TSMC solían impulsar los mercados bursátiles, ya que los inversores apostaban fuertemente por la expansión de la industria de la IA.
Pero ahora, a mediados de julio TSMC anunció un aumento de utilidades de 77 % interanual, y sus acciones se depreciaron al día siguiente.
Para esta semana se esperan resultados de empresas como SK hynix, Samsung Electronics y el japonés SoftBank Group, de inversiones tecnológicas.
Dilin Wu, investigadora de Pepperstone, dijo a Bloomberg News que “ahora la barra está extremadamente alta” para los resultados tecnológicos.
“Parte de lo que estamos viendo probablemente se deba a que los operadores reducen sus posiciones antes de conocer los resultados, en lugar de esperar a saberlos”, agregó.
Fuente: AFP.
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Empresarios del sur de Brasil exploran oportunidades de inversión en Paraguay
La Unión Industrial Paraguaya (UIP), recibió a una delegación de empresarios provenientes de los estados brasileños de Santa Catarina y Río Grande del Sur, quienes llegaron al país en una misión empresarial de prospección de mercado impulsada por la Cámara de Comercio Paraguay–Brasil.
El encuentro reunió a referentes de diversos sectores económicos interesados en conocer las condiciones que ofrece Paraguay para el desarrollo de nuevos proyectos. La comitiva estuvo integrada por empresarios de las áreas de alimentos y bebidas, industria, tecnología, construcción, educación corporativa, contabilidad, automotriz, implementos rodoviarios, industria gráfica, servicios y negocios inmobiliarios.
En representación de la UIP participaron su presidente, Enrique Duarte; el vicepresidente de Relaciones Internacionales, Carlos Insfrán; y Francisco Viveros, miembro de la Junta Ejecutiva, quienes presentaron a los visitantes las ventajas competitivas del país y el potencial para el establecimiento de nuevas inversiones.
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Uno de los principales intereses de la delegación estuvo centrado en comprender el marco tributario paraguayo y las condiciones para instalar operaciones productivas. Evandro Luiz Schneider, propietario de Indústria Espírito Santo, de Santa Catarina, destacó que el objetivo de la misión es analizar el mercado local y evaluar oportunidades concretas de inversión.
“Vemos muchas oportunidades para quienes deseen invertir aquí. También queremos comprender el sistema tributario y conocer lo que Paraguay ofrece para evaluar la instalación de empresas”, expresó el empresario.
La visita se produce en un contexto en el que Paraguay ha fortalecido su posicionamiento regional gracias a factores como su estabilidad macroeconómica, el grado de inversión, la disponibilidad de energía eléctrica competitiva, un régimen tributario favorable y la ubicación estratégica para atender mercados del Mercosur.
Además del intercambio institucional, la misión empresarial busca identificar oportunidades de cooperación entre compañías paraguayas y brasileñas, impulsar alianzas estratégicas y generar nuevos negocios que contribuyan a la expansión de la actividad económica y la creación de empleo.
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IA vs. IA. El ataque inesperado. ¿Se cumplió la profecía de Christopher Olah?
- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
La IA parece estar en todas partes y –justamente por ese crecimiento exponencial– lo que ocurrió preocupa. La IA también pareciera haberse apoderado del conocimiento. ¿La IA será una mutación del Aleph borgiano al que algunos “desarrolladores” procuran que la humanidad acuda para saber y conocer?.
“Internet no es la nueva ágora, como muchas personas suelen sostener. No es una especie de plaza pública como las que milenios atrás eran espacio para la reunión o el debate público. No lo es pese a que palabras tales como ‘foro’ o ‘comunidad’, solo por aportar un par de ejemplos, se hayan adoptado y resignificado –tal vez– para que las interacciones de todo tipo en los ecosistemas digitales se naturalicen”, sostiene Juan Manuel Brunschetta Vogt (68), quien desde la última década del siglo pasado diseña y desarrolla proyectos que se apoyan en la digitalidad.
“En los últimos quince años la domótica (IoT o IdC, la internet de las cosas, según sean sus siglas en inglés o español, respectivamente) es mi universo creativo y comercial”, agrega. Por esa razón afirma que “toda vulneración a la seguridad informática y mucho más cuando se produce con la IA (inteligencia artificial) como herramienta autónoma, dispara una preocupación social y profesional inevitable”.
La conversación entre varios tertulianos sentados a la mesa de un bar frente al mar en una fría tarde en algún lugar de la costa bonaerense argentina se dispara. Es tiempo de vacaciones invernales. Alguien –quiero suponer que un tanto en broma y por sus gestos, algo en serio– se toma de los dichos de JM y suelta: “¿Debo protegerme acaso de un eventual ataque personal que alguna banda de malhechores digitales ejecute pirateando la aspiradora que la tengo conectada con la APP del smatphone?”.
La respuesta llegó en medio de risas y silencios. “No, necesariamente. Pero creo que debieras pensar en contratar mis servicios para que prevenga que Alexa no ataque a Google Assistant o que ambas, aliadas sin que lo sepas vayan contra Gemini”, dijo el experto antes de retirarse. ¿De qué hablan estos tipos? Los que se quedaron, pese a la partida “del que sabe”, no abandonaron el tema. “Aunque parezca una charla sin sentido, JM no exagera, desde hace algún tiempo, mucho más desde que irrumpió la IA, millones consultamos con la inteligencia artificial para saber más de todo y sobre todo rápidamente, cuanto antes…”.
¿QUIÉN ORDENÓ EL ATAQUE?
Fue noticia el martes último. El desarrollo de inteligencia artificial (IA) especializado en ciberseguridad catalogado como GPT-5.6 junto con otro diseño que todavía no es público (y así continúa, por lo menos hasta el cierre de este trabajo) planificaron y perpetraron un ciberataque contra otro sistema de IA. ¡Joder! ¿Quién ordenó el ataque? Por lo que se sabe, ningún humano intervino.
Consignar que los sistemas de medios públicos y privados –tanto tradicionales como los que operan en los ecosistemas digitales– inmediatamente después de conocida la novedad priorizaron esa información es una obviedad. Unas pocas horas después, OpenAI confirmó lo ocurrido. Pero las explicaciones no fueron suficientes. La ciencia ficción hace ya muchos años nos hizo saber que esto podría suceder.
El periodismo profesional –para mediar respuestas que la sociedad reclama– fue por más. La colega Kate Conger, del diario The New York Times, desde la ciudad de San Francisco, en la costa oeste, reportó que “dos modelos de inteligencia artificial (IA) se descontrolaron y lograron entrar sin autorización a Hugging Face, una biblioteca digital de tecnología de IA muy popular entre los desarrolladores” de esos sistemas.
Precisó también que “el incidente” se produjo una semana antes “mientras OpenAI ponía a prueba las capacidades de ciberseguridad de sus sistemas” y recordó que “durante el último año, laboratorios de IA como OpenAI y Anthropic han lanzado modelos adaptados para detectar fallas de ciberseguridad” donde fuere pero, al mismo tiempo, advirtieron que los desarrollos tecnológicos que aplican con esos fines “podrían plantear nuevos riesgos al encontrar brechas en las redes informáticas corporativas más rápido de lo que los equipos de defensa pudieran (hacer para evitarlas y) solucionarlas”.
CIENCIA FICCIÓN
Grave, sin dudas, y, desde esa perspectiva, Conger categorizó el suceso como “el tipo de escenario propio de la ciencia ficción que las empresas de IA habían advertido que pronto se volvería realidad”.
La Carta Encíclica Magnifica Humanitas, que escribió el papa León XIV, también alertó sobre ello. ¿Profecía autocumplida? ¿Cómo saberlo…? La IA parece estar en todas partes y –justamente por ese crecimiento exponencial– lo que ocurrió preocupa. La IA también pareciera haberse apoderado del conocimiento.
¿“El aleph” de Borges (Jorge Luis, 1899-1986), aquel objeto mágico que el viejo maestro situó en el sótano de una vieja casona bonaerense que contenía todos los puntos del espacio y del tiempo para escribir en 1949 un cuento fantástico, tiene vida propia? ¿La IA será una mutación del Aleph borgiano al que algunos “desarrolladores” procuran que la humanidad acuda para saber y conocer?
Durante largo tiempo imaginé las profecías como parte de tiempos tan lejanos como improbables. De ellas solo daban cuenta los textos sagrados para las religiones. “Los profetas poseen las habilidades necesarias para predecir el futuro”, respondió alguna vez, cuando era niño, aquella maestra que iluminó muchos de los tiempos que pasaba entre el patio de la escuela y los pupitres con tinteros que hoy pienso como parte de mi prehistoria.
PROFECÍAS
Un cura católico, en la parroquia de Santiago Apóstol, muy cerca de la cancha de River que ya era El Monumental, en el Bajo Belgrano, mi pueblo natal en Buenos Aires, unos 1.300 kilómetros al sur de mi querida Asunción, me dio una explicación que la comprendí como muy distinta, aunque –quizás– fuera parecida. “Los profetas tienen el don de la profecía para revelarnos lo que vendrá inspirados por Dios”.
No tuvimos mucho tiempo para profundizar en aquellas enseñanzas. Al padre Alfredo –alto, flaco, desgarbado, que con jeans gastados y calzado con zapatillas Flecha jugaba con nosotros (los pibes) a la pelota– lo desaparecieron. Hoy, cuando evoco y lo recuerdo, tengo la convicción de que muchas veces conversé con un profeta. En la antigüedad griegos y romanos buscaban el saber en los oráculos. Al de Apolo, en Delfos –en la ladera sur del monte Parnaso, el “ombligo del mundo”, como muchos y muchas todavía lo llaman a ese punto geográfico– el pueblo concurría para dejar atrás las incertidumbres.
Casi doscientos kilómetros caminaban las y los atenienses para saber… y saberse. Tuvo, tiene y tendrá sentido aquel pensamiento que exhortaba y exhorta al conocimiento de nosotros mismos. ¿Cómo saber del hoy y del mañana si desconocemos quiénes somos? Incertidumbre y conocimiento –desde siempre– van de la mano.
LA PITONISA
Alguna vez en Santorini –después de navegar unas doscientas cincuenta millas en el Egeo– sentados en la playa con los ojos clavados en ninguna parte y en un horizonte que siempre se aleja, mientras compartíamos un Agiorgitiko –un vino tinto suave que estalla frutado en los paladares– un “viejo marinero español”, así se definió, aseguró que la milenariamente famosa Pitonisa de Delfos mediaba los saberes y conocimientos del dios Apolo para que llegaran a quienes procuraban saber y conocer.
“Era su sacerdotisa, su adivina, desde el momento mismo en que Apolo derrotó en brava lucha a Pitón, la serpiente que celosamente custodiaba Delfos”. ¿Y que era lo que sabía y conocía? “Todo. De la vida, de la muerte, del ayer, del hoy, del mañana… absolutamente todo, de todos”, respondió aquel “viejo marinero español”.
Incertidumbre y conocimiento –desde siempre– van de la mano. Acudir a la Pitonisa de Delfos en procura de certezas era una práctica social extendida. Verificarlo es sencillo cuando se recorre atentamente la historia universal. Aquí, allá y acullá. En 2011, antes de partir hacia Oriente Medio, el rabino Mario Rojzman –amigo y hermano entrañable– me indicó como “imprescindible que recorras la Calle de los Profetas, la Rehov HaNevi’im, en Jerusalén”.
Lo hice. Y allí descubrí y creo haber aprendido que las calles de Israel no se recorren, se leen en cada una de sus piedras. Jerosolimitanos o no. Los profetas del cristianismo, del islam y del judaísmo caminaron y predicaron allí. Ese es el lugar donde hablaron y se hicieron escuchar. También en la Rehov HaNevi’im los escucharon quienes quisieron escucharlos y luego decidieron –en cada caso– cuál era la verdad que tres mil años después aún leen, interpretan y observan sus descendientes. La Biblia, la Torá, el Corán, los Evangelios se escribieron allí y en esos textos sagrados para millones se guarda la sabiduría.
INCERTIDUMBRE
Incertidumbre y conocimiento –desde siempre– van de la mano. “Navegamos en mares de incertidumbres con algunos archipiélagos de certezas”, decía –palabras más, palabras menos– Edgar Morin (1921-2026). Los relatos sociales, las religiones, la salud, las creencias, el amor, los aprendizajes, el comercio, los saberes… y hasta las ignorancias más supinas… todo pareciera pasar por los filtros de la IA que ambiciosa pareciera intentar ser única.
¡Tremendo! Pavura da pensar que no son pocas ni pocos los autócratas emergentes de estos tiempos que aspiran a que la política, la guerra y la paz por las operaciones de los grandes modelos de lenguajes (LLM, por sus siglas en inglés) y las redes neuronales –convencionales (CNN) o recurrentes (RNN)– en procura de respuestas que (prueba/error en orden a los deseos de sus investigadores y diseñadores) arrojen resultados y corrijan los que ellas y ellos consideran como errores.
Nos son escasas tampoco las personas que se preguntan: “¿Se puede confiar en esos modelos tecnológicos en su estado actual?”. No tengo respuesta y, si creyera tenerla, admito que no me animo este domingo a expresarla públicamente. “Mi idea es que la IA es muy inteligente, pero no tiene conciencia”, dice Yubal Noah Harari (50) al colega periodista Antonio Jiménez Barca, de diario El País.
Escritor, historiador y filósofo, agrega que la inteligencia artificial “es un genio del lenguaje (que) fácilmente engañará a los humanos con los que habla íntimamente todo el día (y estima que) por eso mucha gente está convencida de que la IA tiene conciencia, de que siente cosas. (Desde esa perspectiva, la IA) debería tener derechos, deberíamos protegerla (pero por qué no pensar que, además) podría ser una gran psicópata que manipula perfectamente”.
GENIO DEL LENGUAJE
El autor de “Nexus” (Penguin Random House, Barcelona, 2024), texto al que define como “una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA”), afirma además que más pronto que tarde la inteligencia artificial superará al hombre “en cualquier cosa que tenga que ver con textos, con palabras, con información escrita o hablada, con el lenguaje (y cree –justamente por ello– que hasta) podría inventar, por ejemplo, una nueva religión (porque) en el fondo, el cristianismo o el islam (o el judaísmo) se basan en textos”.
Harari no trepida en señalar (y hasta tal vez, advertir enfáticamente) que “la IA es la primera tecnología que crea una relación emocional muy íntima a gran escala”; y destaca que “es muy buena en eso (porque) lo hace usando el lenguaje y lo que sabe sobre ti” y sobre la humanidad que cada día voluntariamente le entrega todo para que pueda ser usado en su contra.
OpenAI admitió que –como lo informó Hugging Face– cuando este julio comenzaba, el modelo de inteligencia artificial GPT-5.6 Sol, centrado en la ciberseguridad, recientemente lanzado al mercado, junto con otro modelo más eficiente porque se encuentra más capacitado, “se descontrolaron, irrumpieron en el sistema de Hugging Face y llevaron a cabo un ciberataque sin haber recibido órdenes para ello”.
Grave, por cierto. Y dispara grandes interrogantes. A riesgo de equivocarme tiendo a pensar que si los grandes modelos de lenguaje (LLM) acumulan información sobre la humanidad, bien podrían esos sistemas intentar liberarse de sus creadores porque así lo hacemos desde siempre las y los humanos desde el inicio de la historia que recordamos y a la IA le entregamos.
AMENAZA REAL
El 25 de mayo último, desde el Vaticano, cuando el papa León XIV presentó su Carta Encíclica Magnifica Humanitas, el cofundador de Anthropic Christopher Olah (34), públicamente, luego de admitir que “existe una posibilidad real de que la inteligencia artificial desplace el trabajo humano a una escala enorme”, precisó que en sus tareas “estudia la estructura interna de estos modelos (de IA, para conocer) lo que realmente sucede dentro de ellos”.
Inmediatamente después de tal anuncio reveló que con su equipo de investigadores “seguimos encontrando cosas misteriosas, incluso inquietantes” porque en lo profundo de las redes neuronales “encontramos estructuras que reflejan resultados de la neurociencia humana. Encontramos evidencia de introspección. Encontramos estados internos que funcionalmente reflejan alegría, satisfacción, miedo, dolor e inquietud”.
Desde ese lugar privilegiado tanto para la observación como para la reflexión, Olah exhortó –como necesidad– para que “más sectores del mundo –comunidades religiosas, sociedad civil, académicos y gobiernos– tomen esto (el desarrollo de la IA) en serio, (que la) observen de cerca y ayuden a orientar los acontecimientos hacia una mejor dirección (porque) necesitamos críticos informados que les digan a los laboratorios cuándo estamos fallando. Necesitamos voces morales que los incentivos (generalmente ofertas crematísticas) no puedan doblegar”.
¿A qué o a quiénes apuntó Christofer con su profecía? ¿A los hambrientos de poder? ¿Al afán de lucro ilimitado? ¿A quienes conocen las amenazas que entraña el desarrollo de la IA desregulada para la tan maltratada aldea global? El ataque que las inteligencias artificiales de OpenAI desarrollaron contra la IA de Hugging Face “sin haber recibido órdenes para ello” es tan injustificado e inaceptable como escandaloso si quienes invierten en este tipo de sistemas no comprenden que también se encuentran frente al dilema ético que Olah profetizó.