Los dos veleros con ayuda humanitaria que desaparecieron en ruta hacia Cuba fueron localizados y sus tripulantes están “a salvo”, dijeron el sábado los organizadores de este convoy. La Marina mexicana había lanzado el jueves un operativo para encontrar estos dos barcos que había partido una semana antes desde sus costas para llevar alimentos, suministros médicos y otra ayuda a la isla caribeña.
"Estamos aliviados de confirmar que los dos veleros han sido localizados por la Marina mexicana. Las tripulaciones están a salvo y los barcos continúan su trayecto a La Habana", dijo un portavoz del convoy internacional “Nuestra América”. Este convoy quiere trasladar unas 50 toneladas de suministros médicos, comida, paneles solares y otros bienes para Cuba, donde el embargo petrolero de Estados Unidos ha agravado la crisis energética y económica.
“El convoy sigue en ruta para completar su misión: entregar ayuda humanitaria urgentemente necesaria al pueblo cubano”, dijo el portavoz, que agradeció a las autoridades mexicanas y cubanas su “apoyo, coordinación y profesionalismo”. La Marina mexicana aún no ha confirmado que haya localizado a los dos barcos.
El presidente estadounidense, Donald Trump, impuso un bloqueo petrolero de facto a Cuba en enero, después de que sus fuerzas capturaran al entonces presidente venezolano Nicolás Maduro, principal aliado y proveedor de combustible de La Habana. La isla ha sufrido siete apagones nacionales desde 2024, dos de ellos en el último mes.
Fuente: AFP.
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Hallan muerto por herida de bala a diputado de México
El cuerpo sin vida de un diputado federal mexicano fue hallado este viernes por las autoridades, que indicaron que tenía un disparo de arma de fuego.
El legislador Zenyazen Escobar estaba a bordo de su vehículo y cerca de él se encontró un arma de fuego, informó en rueda de prensa el secretario de Gobierno del estado de Veracruz, que declinó adelantar si se trató de un asesinato o un suicidio.
“El fallecimiento fue por un arma de fuego, no podemos ampliar” hipótesis, dijo el secretario Ricardo Ahued sin adelantar si se trata de un asesinato o un suicidio.
Descartó por el momento en que el vehículo haya sido atacado u obligado a detenerse.
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“No fue un atentado porque el carro está a un lado, no se nota que haya habido mayor agresión al vehículo, fue interno”, detalló Ahued, al señalar que la fiscalía del estado ya inició las investigaciones.
El cuerpo de Escobar, que tenía 42 años, estaba del lado del conductor del auto hallado a un lado en la carretera.
En imágenes difundidas por medios locales se alcanza a observar un arma de fuego entre las piernas del legislador. La policía acordonó la zona.
Escobar era maestro de profesión, fue líder magisterial y secretario de Educación de Veracruz (2018-2021). Llegó a la Cámara de Diputados en septiembre de 2024.
- Fuente: AFP
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Aleyda, la joven de 21 años que protegió a un niño y murió intentando salvar a la familia de Jonathan Meléndez
En medio del brutal ataque que terminó con la vida del músico mexicano, su esposa embarazada, su pequeña hija y una trabajadora, una joven tomó una decisión que permitió que un niño de seis años sobreviviera. Aleyda Romero escondió al pequeño y salió de la habitación para intentar ayudar. Ya no volvió.
Mientras la investigación intenta esclarecer por qué una visita terminó en una tragedia que dejó cuatro víctimas, también emerge la historia de una joven que, en medio del horror, tuvo apenas unos segundos para decidir entre protegerse o intentar salvar a otros. Se llamaba Aleyda Romero. Tenía 21 años.
Trabajaba con la familia de Jonathan “Honas” Meléndez, tecladista de Camilo Séptimo, y también colaboraba en el cuidado de los niños. Según el relato publicado por la revista Poder de México, quienes la conocían la recuerdan como una joven cariñosa, responsable y especialmente protectora con los pequeños.
El 1 de septiembre, cuando dentro del departamento comenzó a ocurrir algo que escapaba de toda normalidad, Aleyda entendió que el niño de seis años corría peligro. Y actuó.
“Escóndete y no salgas”
De acuerdo con el relato difundido por Poder, Aleyda le pidió al pequeño que se escondiera dentro de una habitación y que no saliera, pasara lo que pasara afuera. El niño obedeció. Se escondió. Y esa decisión, tomada en medio de una situación de extremo peligro, terminó salvándole la vida.
Aleyda, en cambio, salió de la habitación. Lo hizo para intentar ayudar a Ana Paola, esposa de Jonathan, quien tenía cuatro meses de embarazo, y a la pequeña hija de la pareja, de apenas tres años. Ya no pudo regresar. La joven fue asesinada durante el ataque.
Cuatro víctimas
El crimen que conmociona a México dejó cuatro víctimas: Jonathan Meléndez, su esposa Ana Paola, la pequeña hija de ambos y Aleyda. Pero detrás de la cifra hay una historia que merece ser contada. La de una joven que, ante el peligro, pensó primero en un niño que estaba bajo su cuidado.
Aleyda tenía apenas 21 años. Tenía una vida por delante, sueños y proyectos. Sin embargo, en cuestión de minutos quedó atrapada en una escena de violencia que terminó arrebatándole la vida.
Este jueves, el cuerpo de Aleyda llegó finalmente a Chalco, en el Estado de México, donde su familia pudo recibirla para darle el último adiós, según publicó la revista Poder. La despedida tiene ahora un significado todavía más doloroso para sus seres queridos.
Aleyda no será recordada solamente como una joven de 21 años que trabajaba con una familia y ayudaba a cuidar a sus hijos. Será recordada por lo que hizo en sus últimos momentos. Cuando pudo haber intentado salvarse, protegió a un niño.
La investigación sobre el crimen continúa y las autoridades deberán determinar las responsabilidades y el móvil del ataque.
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Abrió la puerta de su casa y encontró la muerte: la traición que terminó con la familia del músico mexicano Jonathan Meléndez
Jonathan Meléndez sabía que recibiría a un hombre que le generaba desconfianza. Lo que no podía imaginar era que aquella visita terminaría con su vida, la de su esposa embarazada, su pequeña hija y una trabajadora de la familia. La investigación apunta a una disputa económica con un hombre que conocía y en quien habían confiado.
Una advertencia enviada horas antes. Una puerta que se abrió porque quien estaba detrás era conocido. Una mujer embarazada y una niña de apenas tres años sometidas dentro de su propia casa. Un niño de seis años obligado a esconderse para intentar sobrevivir.
Y después, el horror. El asesinato del músico Jonathan “Honas” Meléndez y de su familia conmociona a México y deja una pregunta que todavía busca respuesta: ¿cómo una disputa económica pudo terminar en una tragedia de semejante crueldad?
La principal línea de investigación de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México conduce hacia Diego Sebastián Rosen Ferlini, empresario argentino de 51 años, detenido como principal sospechoso del multihomicidio ocurrido en un penthouse de la exclusiva Zona Esmeralda, en Atizapán de Zaragoza.
Pero detrás de la investigación hay un dato que vuelve el caso todavía más estremecedor: el señalado no sería un desconocido que irrumpió desde afuera. Era alguien cercano a la familia.
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“Si dejo de responder, pedí ayuda”
Horas antes del crimen, Jonathan habría advertido a un amigo que recibiría en su casa a un hombre al que describió como “muy intenso”. No se quedó allí. Según el relato difundido sobre el caso, le hizo un pedido inquietante: si dejaba de responder, debía pedir ayuda.
La persona que esperaba sería, de acuerdo con las pesquisas, Rosen Ferlini, a quien Jonathan conocía por su relación comercial y personal.
Su esposa también lo conocía. Por eso, cuando llegó, no hubo una puerta cerrada ni una alarma que se activara ante un extraño. Ella le abrió. La mujer estaba embarazada de cuatro meses. Su hija tenía apenas tres años.
Y en algún momento, dentro de aquella vivienda que debía ser el lugar más seguro para la familia, todo se convirtió en una escena de terror.
Único sobreviviente
Mientras el hombre habría sometido a la mujer y a su pequeña hija, la trabajadora doméstica se percató de que algo no estaba bien. Intentó proteger al niño de seis años. Le dijo que se escondiera debajo de una cama. El pequeño obedeció. La trabajadora no tuvo la misma posibilidad de escapar. Fue asesinada. El niño sobrevivió.
Es uno de los detalles más dolorosos de un caso en el que una familia quedó expuesta a una violencia que, según la investigación, habría sido dirigida contra personas que confiaban en quien ingresó a su hogar.
Cuando Jonathan regresó, la situación habría tomado otro rumbo. Según la hipótesis investigativa, el sospechoso le exigió que dijera dónde estaba el dinero. Y allí aparece una posible clave del crimen.
Una deuda que terminó bajo la lupa
La Fiscalía investiga una deuda de 300.000 pesos mexicanos, unos US$17.500, además de diferencias vinculadas a la sociedad comercial que ambos mantenían en el rubro de alquileres vacacionales de lujo. Ese conflicto económico aparece actualmente como una de las principales líneas para establecer el móvil, de acuerdo a lo informado por Telemundo.
Rosen Ferlini, además, habría sido objeto de señalamientos y denuncias públicas por presuntos fraudes vinculados a negocios turísticos. Tales antecedentes forman parte del contexto que rodea al sospechoso, pero deberán ser esclarecidos por las autoridades.
Lo que la investigación intenta determinar ahora es si la disputa económica fue realmente el detonante de la masacre y si el ataque fue planificado. Porque hay algo que resulta difícil de ignorar: no se trataría de un encuentro casual ni de una víctima elegida al azar.
La tragedia detrás de los números
Una deuda puede escribirse en una hoja. Puede convertirse en una demanda, una negociación o un conflicto comercial. Pero en este caso, la investigación intenta determinar cómo una cifra de 300.000 pesos pudo terminar vinculada a una tragedia que destruyó una familia.
Jonathan fue asesinado. Su esposa, embarazada de cuatro meses, también. Su hija de tres años no sobrevivió. Una trabajadora que intentó proteger a un niño fue asesinada. Y ese niño quedó con vida, pero con el recuerdo de una jornada que ninguna infancia debería conocer.
La Fiscalía deberá reconstruir cada minuto, establecer responsabilidades y determinar el verdadero móvil.
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Abrir un restaurante en la Cuba actual desafía toda lógica
En medio de apagones, escasez de insumos y una fuerte caída del turismo, algunos cubanos mantienen abiertos sus negocios y otros incluso se arriesgan a inaugurar nuevos locales. Dainel Castillo cerró meses atrás su restaurante destinado al turismo. Para sostener a su hija recién nacida, comenzó a preparar almuerzos para trabajadores en su cocina.
Ante una buena respuesta de los clientes, el siguiente paso fue abrir un restaurante. “Es el cubanero el que está consumiendo ahora, el que está comiendo, el que está saliendo a comer a la calle”, dice. Tiene precios mucho más accesibles al consumidor, pero enfrenta varios retos: el endurecimiento en enero de las sanciones estadounidenses dejó a Cuba sin combustible ni energía eléctrica, varios ingredientes escasean y hay una inflación rampante.
“Hay que lidiar con la luz, hay que lidiar con los precios, con el suministro”, explica a la AFP. “Tengo una hija pequeña, hija recién nacida, y todo es caro, pero bueno, eso no me para”. Dedica varias horas al día a buscar insumos para mantener abierto el local. Lo más difícil de encontrar es aceite.
“Una botella está entre los 4.000 o 5.000 pesos (entre 6 y 7 dólares). Pero bueno, el cubano siempre se la ingenia”, comenta.
Hace apenas tres semanas el aceite costaba unos dos dólares. El salario medio mensual en Cuba ronda los 10 dólares. Dainel resolvió utilizando manteca de cerdo.
Cuando se va la luz en un pequeño restaurante como el suyo, los ventiladores se apagan y, de golpe, también las conversaciones. Los comensales suspiran de alivio o sonríen cuando vuelve.
Pero eso le complica las cosas al negocio. A Dainel se le ha estropeado comida en la nevera y ha tenido que desecharla. “Preferiría haberla regalado”, dice. Pese a ello, confía en que la situación del país mejore. “Tengo fe que cambie y tengo fe que las cosas van a mejorar”, afirma.
Números rojos
La crisis no se limita a los negocios pequeños. A unos 20 minutos a pie está La Guarida, un restaurante que saltó a la fama internacional por servir de plató a “Fresa y Chocolate” (1993), una de las películas cubanas más reconocidas internacionalmente.
En sus mejores años, personalidades como Steven Spielberg y Mick Jagger visitaron el lugar. Fotografías colgadas en sus paredes muestran a esas celebridades y a otras figuras como Madonna en tiempos de mesas abarrotadas. Junto a una sala vacía y mesas sin clientes, el sitio exhibe aún el reconocimiento al mejor restaurante de Cuba que obtuvo en 2023.
Ahí, un comensal puede disfrutar de alta gastronomía inmerso en La Habana real: de un lado, en un edificio medio derruido, una mujer habla por teléfono después de tender ropa y, del otro, unos vecinos hacen una ceremonia de santería.
Su dueño, Enrique Núñez, de 57 años, reconoce que La Guarida ha vivido tiempos mejores.
“Aunque estamos trabajando en pérdidas, igual tratamos de mantenerla abierta, más que nada por conservar el personal”, dice.
La Guarida está en una zona poco turística y conserva su estética.
Al igual que otros restaurantes, el negocio de Enrique batalla también con la falta de energía y con evitar que los productos se estropeen. Sin embargo, dice ser optimista.
“La Guarida es mi vida, aunque tenga que ser yo el único que venga a trabajar, vendré y lo mantendré abierto”, asegura.
¿Quién va a un restaurante?
Entonces, ¿quién va a un restaurante en Cuba? Yosbel León, de 44 años, tiene la difícil misión de captar esos clientes para el restaurante de Dainel.
Mientras espera en una silla a los clientes, Yosbel dice que el 90 % de la población cubana no puede comer en un restaurante.
“Son las personas que pueden ahorrar un poco de dinero, los que realmente tienen dinero. El cubano de a pie, muy pocos”, dice.
Rafael Gómez es ese cubano de a pie. Quisiera llevar a su pareja, María Julia Morales, a uno de estos lugares a celebrar su cumpleaños a finales de agosto.
La última vez que ambos visitaron un restaurante fue en diciembre y Rafael ahora no tiene trabajo.
“Quisiera yo llevarla para que ella vuelva al mismo restaurante: a sentirnos felices, a sentirnos a gusto, a comernos una comidita a gusto”, dice el hombre de 39 años. María Julia no espera algo lujoso; con que esté limpio y rico se conforma. “Un poco de música cubana, tú sabes que nos gusta mucho la música del son”, dice la mujer de 48 años.
Fuente: AFP.