La primera dama de Estados Unidos, Melania Trump, llevó a un invitado sorpresa a un evento en la Casa Blanca el miércoles: un robot humanoide que camina y habla. En lugar de su esposo, el presidente Donald Trump, el androide “Figure 3” caminó a su lado en la apertura de la cumbre de la coalición global “Forjando juntos el futuro”.
Melania Trump, de 55 años, dedicada como primera dama a los temas de inteligencia artificial y entornos digitales, convocó a este foro sobre cómo empoderar a los niños mediante la tecnología educativa. “Gracias, primera dama Melania Trump, por invitarme a la Casa Blanca”, dijo el robot gris y negro gesticulando sus manos, en sus breves palabras iniciales.
Luego se retiró por el mismo lugar por el que había llegado. Hubo aplausos en el acto en el Salón Este de la Casa Blanca, que reunió a cónyuges de jefes de Estado y de gobierno de todos los continentes. “Es justo decir que usted es mi primer invitado humanoide, fabricado en Estados Unidos, a la Casa Blanca”, dijo Melania, nacida en Eslovenia, al leer un discurso.
La exmodelo, madre del hijo menor del presidente, Barron, de 20 años, continuó hablando sobre cómo la inteligencia artificial basada en humanoides se utilizará pronto para educar a los niños. “Imaginen a un educador humanoide llamado Platón. El acceso a los estudios clásicos es ahora instantáneo”, afirmó. “Previsiblemente, nuestros hijos desarrollarán un profundo pensamiento crítico y capacidades de razonamiento independiente”.
En los últimos meses, Melania Trump ha adoptado un papel cada vez más público, tras haber sido una presencia esquiva en la Casa Blanca al comienzo del segundo mandato de su esposo.
Ha organizado varios actos sobre IA y la protección de los niños en internet. Pero también ha emprendido varios proyectos lucrativos, incluido un documental titulado “Melania”, realizado mediante un acuerdo multimillonario con Amazon, y un audiolibro de sus memorias narrado por IA.
Fuente: AFP.
Dejanos tu comentario
Remodelación de la Casa Blanca incorpora una estatua de Cristóbal Colón
El presidente Donald Trump prosigue con la remodelación de la Casa Blanca, donde instaló una estatua de Cristóbal Colón y cambió el enlosado en el suelo del ala oeste de la residencia. La figura de mármol del navegante y descubridor Colón es una réplica de otra derribada por manifestantes antirracistas en la ciudad de Baltimore en 2020.
"Cristóbal Colón fue el héroe original de Estados Unidos y uno de los hombres más valientes y visionarios que jamás haya pisado la faz de la Tierra", dijo Trump en una carta fechada el domingo dirigida a una organización italoestadounidense que donó la estatua.
La figura fue colocada discretamente el domingo en un patio frente al edificio de oficinas ejecutivas Eisenhower, que forma parte del complejo de la Casa Blanca. Una de las primeras medidas de Trump al volver a la Casa Blanca fue recuperar el día de homenaje a Colón, en lugar del reconocimiento a la historia de los indígenas estadounidenses introducido bajo su predecesor demócrata, Joe Biden.
La famosa columnata blanca que conduce al Despacho Oval, en el ala oeste de la residencia, tenía en el suelo unas losas de arenisca algo desgastadas, que Trump reemplazó por granito negro. “Es un gran contraste. El blanco con el negro”, dijo Trump a los periodistas mientras les mostraba las obras en curso tras una ceremonia para tomar juramento al nuevo secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin.
Cuando le preguntaron quién estaba pagando este nuevo suelo, Trump respondió: “Yo”. Trump ha convertido la antes escasamente decorada columnata en un “Paseo de la Fama Presidencial”, completo con retratos enmarcados en oro y mordaces inscripciones sobre algunos de sus predecesores. La columnata enmarca el Jardín de las Rosas, donde el año pasado Trump reemplazó el césped con pavimento.
Las nuevas incorporaciones se encuentran entre una serie de obras y remodelaciones que el exmagnate inmobiliario y estrella de telerrealidad ha llevado a cabo en la Casa Blanca desde su regreso al cargo en enero de 2025. La más grande de ellas es la construcción de un enorme salón de baile de 400 millones de dólares, para lo cual Trump demolió todo el ala este de la residencia presidencial estadounidense.
Fuente: AFP.
Dejanos tu comentario
La misión Artemis II calienta propulsores para ir a la Luna el 1 de abril
Más de medio siglo después de que la última tripulación del programa Apolo volara a la Luna, tres hombres y una mujer se preparan para un viaje al satélite natural de la Tierra que se perfila como una nueva página en la exploración espacial estadounidense. La esperada misión Artemis II de la NASA está programada para despegar desde Florida tan pronto como el 1 de abril. No van a alunizar. Sobrevolarán el satélite natural de la Tierra, como lo hizo el Apolo 8 en 1968.
Los estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto con el canadiense Jeremy Hansen, realizarán el viaje de aproximadamente 10 días. La odisea trae una serie de primicias, incluyendo la primera vez que una mujer, un astronauta negro y un no estadounidense parten en una misión a la Luna. También es el primer vuelo tripulado del nuevo cohete de la NASA, llamado SLS.
El descomunal cohete de color naranja y blanco está diseñado para hacer varios viajes de regreso a la Luna en los próximos años, con el objetivo de establecer una base permanente que ofrecerá un punto de partida para exploraciones posteriores. “Estamos volviendo a la Luna porque es el próximo paso en nuestro periplo a Marte”, dijo en un pódcast de la NASA Wiseman, comandante de Artemis II.
¿Nueva carrera espacial?
El programa Artemis, nombrado en honor a la diosa hermana gemela de Apolo, tiene como objetivo probar las tecnologías necesarias para poder enviar humanos a Marte, un viaje mucho más largo. Una ambición de por sí desafiante, que también enfrenta la presión de que China no lo haga antes.
China tiene la meta de llevar humanos a la Luna en el 2030 y apunta al polo sur lunar, entre otras cosas por su potencial de ricos recursos naturales. La competencia remite a la carrera espacial de los años 1960 entre Estados Unidos y la Unión Soviética, aunque el profesor Matthew Hersch, de la Universidad de Harvard, sostiene que esa rivalidad fue “única” y “no se repetirá en mucho tiempo”.
Hersch dijo a la AFP que los chinos no están “en realidad compitiendo con nadie, sino con ellos mismos”. La inversión en el programa lunar de Washington es significativamente menor ahora que en la era de la Guerra Fría, pero ha cambiado radicalmente en cuanto a tecnología.
“La tecnología de cómputo que soporta a la tripulación de Artemis 2 sería casi inimaginable para la tripulación del Apolo 8, que fue a la Luna en una nave con la electrónica de una tostadora moderna de última generación”, comparó Hersch.
Aún así, Artemis 2 no estará exenta de riesgos, según admite la propia NASA.
La tripulación abordará una nave espacial que nunca ha transportado seres humanos ni ha viajado a la Luna, que se encuentra a más de 384.000 kilómetros de la Tierra, es decir, aproximadamente 1.000 veces más lejos que la Estación Espacial Internacional.
“No aceptamos nada que no sea perfecto; de lo contrario, estamos aceptando un riesgo mayor”, dijo a la AFP Peggy Whitson, exjefa de astronautas de la NASA.
“Este es un proceso importante que todos tienen que adoptar para que realmente podamos tener éxito, porque tenemos que vivir con esa conciencia, por nuestra historia en los vuelos espaciales, de que cuando pasan accidentes la gente morirá”, dijo Whitson.
Minimizar los riesgos y prevenir un desastre implicará que la tripulación realice una serie de chequeos y maniobras mientras aún se encuentren en las proximidades de la Tierra.
Si todo sale bien, seguirán rumbo a la Luna y una vez allí, sobrevolarán su cara oculta. En ese momento se interrumpirán las comunicaciones con la Tierra: se espera que los cuatro astronautas se conviertan en los seres humanos que hayan viajado más lejos de nuestro planeta, superando el récord de Apolo 13.
Calendario exigente
El objetivo de la tripulación será verificar que tanto el cohete como la nave espacial estén en condiciones para operar, con la esperanza de abrir el camino para un alunizaje en 2028, último año de la presidencia de Donald Trump. Ese plazo ha sorprendido a los expertos, en parte porque Washington depende de los avances tecnológicos del sector privado.
Los astronautas precisarán un segundo vehículo para bajar en la superficie de la Luna, un módulo que está en desarrollo por parte de empresas espaciales rivales propiedad de los multimillonarios Elon Musk y Jeff Bezos. El programa Artemis también ha sufrido demoras y enormes sobrecostos.
Aún así, la NASA espera que Artemis II pueda recrear el raro momento de unidad y esperanza que se vivió con Apolo 8, cuya tripulación sobrevoló la Luna la víspera de la Navidad de 1968. A la sombra de un año tumultuoso, aproximadamente mil millones de personas sintonizaron por televisión el monumental viaje de Frank Borman, Jim Lovell y Bill Anders.
Los astronautas que inmortalizaron la famosa fotografía “Earthrise” tomada desde la órbita lunar, recibieron el crédito de haber “salvado 1968”. Casi 60 años después, el país está de nuevo sumido en una profunda división e incertidumbre, y la tripulación del Artemis II pronto tendrá la oportunidad de sembrar algo de inspiración.
Cuatro astronautas seleccionados
Estos son los cuatro astronautas seleccionados para la misión de la NASA Artemis II, los primeros en viajar a la Luna en más de cinco décadas. Con ello se convertirán en las nuevas figuras de la exploración espacial estadounidense. Los estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch embarcarán con su colega canadiense Jeremy Hansen el 1 de abril para un viaje de unos 10 días que consistirá en volar alrededor de la Luna, sin alunizaje.
La tripulación incluye a la primera mujer, la primera persona negra y el primer no estadounidense en participar en una misión de este tipo, una diferencia considerable con la era Apolo.
Reid Wiseman
A sus 50 años, Reid Wiseman será el comandante de la misión. Nacido en Baltimore, se unió a la NASA en 2009 tras una larga carrera en la Marina estadounidense.
Para Wiseman, la misión cumple un sueño que alguna vez consideró imposible.
En 2014 realizó una misión de 165 días en la Estación Espacial Internacional y luego fue jefe de la oficina de astronautas de la NASA.
Tras la muerte de su esposa por cáncer en 2020, crió solo a sus dos hijas, hoy adolescentes, a quienes explicó abiertamente los riesgos inherentes a su profesión y del viaje que está por emprender.
“Les dije ‘Aquí está el testamento, aquí están los documentos (...) Y si me pasa algo, esto es lo que les va a pasar a ustedes’”, contó. “Es parte de esta vida”.
Victor Glover
Victor Glover, de 49 años, será el piloto de la nave Orion.
Veterano de la Marina y padre de cuatro hijas, fue seleccionado por la NASA en 2013.
Su interés por el espacio comenzó al ver un lanzamiento del transbordador espacial de la NASA por televisión. “Pensé: ‘De verdad quiero conducir uno de esos’”.
En 2020 se convirtió en el primer afroestadounidense en participar en una misión de larga duración en la Estación Espacial Internacional.
Con Artemis II, será el primer hombre negro —y primera persona no blanca— en viajar a la Luna, un hito que él atribuye al camino abierto por pioneros como Guion Bluford, el primer afroestadounidense en ir al espacio.
Christina Koch
Christina Koch, de 47 años, será la primera mujer en integrar una misión lunar.
Ingeniera de formación y exploradora experimentada, ha trabajado en entornos extremos como la Antártida.
Desde niña soñaba con ser astronauta y creció viendo imágenes icónicas del programa Apolo.
Seleccionada también en 2013, ostenta el récord del vuelo espacial más largo realizado por una mujer, con 328 días, y participó en la primera caminata espacial realizada exclusivamente por mujeres, junto a Jessica Meir.
“Siempre le digo a la gente: haz lo que te dé miedo”, dice sobre su lema personal. “Y eso significa que tengo que seguir mi propio consejo”.
Con Artemis II suma otro hito a su trayectoria en la NASA.
Jeremy Hansen
El canadiense Jeremy Hansen, de 50 años, completa la tripulación y será el primer no estadounidense en orbitar la Luna. Expiloto de combate de la Real Fuerza Aérea Canadiense, ingresó a la Agencia Espacial Canadiense en 2009.
Ha trabajado como enlace con la Estación Espacial Internacional y como instructor de nuevas generaciones de astronautas.
Cuenta que cuando era niño se cruzó con una fotografía de Neil Armstrong en la Luna, un momento que despertó su pasión por la exploración espacial. Artemis II será su primer viaje más allá de la órbita terrestre. Con él, este padre de tres hijos cumplirá un sueño.
Fuente: AFP.
Dejanos tu comentario
Desde el Viceministerio de Industria trabajan en fortalecer el mercado de la inteligencia artificial
El potencial energético con el que cuenta Paraguay es uno de sus principales atractivos a la hora de ser analizado por los inversionistas como un destino para sus empresas, pero también exige pensar a futuro y no solo ver lo que se puede generar a partir de este recurso, sino cómo aprovecharlo de mejor manera.
En conversación con el programa “Así son las cosas”, emitido por GEN y Universo 970 AM, el viceministro de Industria, Javier Viveros, destacó que es un camino aún largo el que debe recorrer Paraguay en materia de atracción de empresas que no solo se dediquen a rubros que necesitan energía, sino que a su vez las mismas generen esa energía necesaria.
“Tenemos un potencial energético y podemos ir reemplazando la criptominería por la inteligencia artificial”, comentó Viveros, al tiempo de explicar que es clave generar políticas públicas robustas que respalden estas inversiones y que a su vez generen mejores condiciones competitivas para el país con la generación de nuevas fuentes energéticas.
Remarcó que no será fácil lograr atraer 4.000 millones de dólares en inversiones a un país que aún no trabaja en el área de la inteligencia artificial y, por sobre todo, con una estructura de negocio a nivel nacional que aún no explora estas posibilidades, pero reconoció que se dan fuertes pasos para dejar un camino trazado con reglas de juego claras.
“Esto no debe ser una industria extractiva de recursos de Paraguay; esto tiene que ser una industria que venga para generar más oportunidades para nuestra ciudadanía y para dejar capacidad instalada en Paraguay”, finalizó el viceministro.
Lea también: Negocio cambiario se revirtió: casas reportan ganancias al inicio del 2026
Dejanos tu comentario
Humanidad vs. tecnología
DESDE MI MUNDO
- Por Carlos Mariano Nin
- marianonin@gmail.com
A veces me paro a mirar cómo miramos cuando nadie nos ve. No lo que vemos, sino cómo nos detenemos, o no, frente a lo que pasa. Con qué prisa pasamos de largo. Con qué facilidad registramos el dolor como si fuera parte del paisaje cotidiano.
El otro día vi un accidente sobre Cacique Lambaré. Hubo un golpe seco, de esos que te dejan sin aire por algunos instantes. La escena quedó suspendida entre el ruido de los autos y los gritos.
Pero lo que más se me quedó fue otra cosa: la gente acercándose… no para ayudar, sino para filmar.
Celulares en alto. Pantallas encendidas. Manos firmes para grabar, pero no para socorrer. Y mientras tanto, alguien entre hierros retorcidos gritaba de dolor pidiendo auxilio. Alguien que necesitaba una mano más que una cámara.
Las imágenes comenzaron a circular. En minutos ya estaban en las redes. Se multiplicaron los comentarios, los “me gusta”, las reacciones, como si fuera que el dolor también pudiese medirse en clics.
Y ahí, en ese contraste, vi algo que venimos arrastrando sin darnos cuenta hace tiempo, más allá de que la tecnología llegó para acercarnos, nos aleja de la humanidad.
Hoy estamos más conectados que nunca. En Paraguay, como en gran parte del mundo, el celular ya no es un lujo: es una extensión de la vida cotidiana. Nos informa, nos comunica, nos acompaña.
Pero también, lentamente, nos va desplazando de lo esencial.
Así, mientras miramos a través de una pantalla, ya casi no nos miramos a los ojos. Mientras compartimos lo que pasa afuera, no registramos lo que pasa al lado nuestro. Mientras más acumulamos contactos, más crece una sensación silenciosa de soledad.
Es una paradoja incómoda. Una especie de progreso que, en el fondo, nos vuelve más solos.
No es que la tecnología sea el problema. Sería demasiado fácil decir eso y ni siquiera soy experto.
Pero creo que el problema es lo que hacemos con ella. O lo que dejamos de hacer mientras la usamos.
Hay algo profundamente humano que no se puede delegar. Ni automatizar. Ni subir a la nube. El gesto de acercarse. La decisión de quedarse. La simple acción de estar.
Y eso es lo que, poco a poco, parece estar perdiendo espacio.
Las máquinas pueden facilitarnos la vida. Pueden ordenarla, optimizarla, incluso anticiparla. Pero no pueden reemplazar lo que sentimos cuando algo nos toca de verdad.
Al final, entre tanta pantalla encendida y tanto contenido que se acumula sin pausa, lo que realmente importa sigue estando en otro lugar, quizás al lado nuestro.
En lo que vemos y hacemos cuando nadie nos está mirando. En lo que somos cuando no hay un botón de “compartir”. En lo que elegimos hacer cuando la vida, de golpe, nos pone frente a alguien que necesita algo más que un “me gusta”.
En ese momento, habría que dejar el celular.
Pero esa es otra historia.