Es difícil imaginar cómo transcurre la vida cotidiana en Irán, un país en guerra sometido a una censura estricta y cortes de internet. AFP habló con una habitante de Teherán, de 39 años, crítica de la república islámica, que aceptó compartir sus reflexiones sobre el conflicto desatado tras los bombardeos israeloestadounidenses emprendidos el 28 de febrero. Estos son algunos extractos de su testimonio.
La vida diaria
La situación económica es muy mala. Mi trabajo está completamente parado y estoy viviendo de mis ahorros.
Podemos hacer compras. La única excepción fue el día en que atacaron los depósitos de petróleo. Con la lluvia negra, el ambiente parecía apocalíptico.
En cuanto a la gasolina, el máximo permitido pasó de 30 a 20 litros. Un amigo me contó que en una estación lo habían limitado a cinco litros. El empleado le dijo que, si le daba un soborno, podía llevarse cinco litros más.
La mayoría de cajeros automáticos funcionan.
Los controles
Los militares vaciaron todas sus bases. Lo único que pueden hacer para mostrar que siguen presentes es instalar puestos de control en todas partes. En ninguno de los que yo pasé me detuvieron, pero he oído que a la gente le revisan el teléfono y escriben “guía”, “Jamenei” o incluso “Mush Alí” (Alí el ratón, el sobrenombre de Alí Jamenei) en la barra de búsqueda, para ver qué han consultado.
Ellos (los partidarios de las autoridades) salen a las calles con banderas y pancartas, gritando “Alá es el más grande” alrededor de las diez de la noche. Como mucho, son unas cincuenta coches dando vueltas.
La noche en la que se anunció la muerte de (Alí) Jamenei (el líder supremo), con mis vecinos subimos al techo. Todo el mundo gritaba y celebraba. Pero rápidamente llegaron al barrio en sus motos y comenzaron a disparar al aire. Disparaban a las ventanas al azar.
Los bombardeos
Ellos (los estadounidenses y los israelíes) están haciendo un muy buen trabajo a la hora de apuntar a sus objetivos. Cuando atacan un edificio, los de al lado quedan intactos. Pero la destrucción es enorme cuando las bombas golpean en profundidad.
Entre las personas que conozco que se han visto afectadas está la madre de un amigo, cuya casa está frente a una comisaría. Las ventanas de parte de la fachada volaron por la explosión. Mi amigo le rogó que se fuera, pero ella no quería. Al final fue a buscarla y se la llevó al norte.
La casa de una amiga de mi madre está cerca de un edificio de los servicios de inteligencia, que fue golpeado con mucha fuerza. Ella estaba en la cocina cuando ocurrió y la onda expansiva la lanzó de rodillas. Es una locura quedarse en lugares así.
El ánimo
No sé cómo reaccionaremos mentalmente y emocionalmente si esta vez no se llega a nada. No entiendo a la gente que dice “no a la guerra”, porque fuimos nosotros quienes estuvimos en las calles manifestando y vimos que ellos (los partidarios del poder) no se irían pasara lo que pasara.
No hay ninguna otra solución para hacerlos caer que una intervención extranjera.
“¡No al alto el fuego!”, “¡Guerra, guerra hasta la victoria!”... son algunos de los eslóganes que nos repetimos entre nosotros.
No me importaría morir si eso significara que ellos (los dirigentes de la república islámica) desaparecieran.
Si no se van, la gente va a matarse entre sí. Tendremos una guerra civil.
El sueño
Duermo bien, con la mente en paz. Donde yo estoy no se escucha gran cosa. La noche en la que bombardearon una calle cerca de mi casa pensé que alguien derrumbaba la puerta de entrada de mi edificio. Teherán es una ciudad grande y las experiencias frente a los bombardeos varían mucho en función del barrio.
Fuente: AFP.