Donald Trump dijo este lunes que Estados Unidos atacó y destruyó una zona de atraque de embarcaciones de Venezuela usadas presuntamente para el narcotráfico, en lo que sería el primer ataque en una zona terrestre desde el lanzamiento de su campaña militar contra el tráfico de drogas desde América Latina.
“Hubo una gran explosión en la zona de un muelle donde cargan las embarcaciones con drogas”, dijo el presidente estadounidense a los periodistas. “Atacamos todas las embarcaciones y ahora atacamos la zona... y ya no existe”, agregó.
“Estaba en la costa”, dijo, sin precisar si se trataba de una operación militar o de la CIA, ni dónde se produjo el ataque.
El gobierno de Trump ha intensificado en los últimos meses la presión sobre Maduro, al que acusa de dirigir un cártel de la droga. Estados Unidos instauró un bloqueo naval en las costas de Venezuela y ya decomisó dos buques petroleros supuestamente sometidos a sanciones.
Maduro ha acusado a Washington de intentar derrocarlo para apoderarse de las riquezas de Venezuela.
- Fuente: AFP
Lea más: Mensaje de fin de Año: jefe de la ONU pide seriedad para 2026 ante el “caos” mundial
Dejanos tu comentario
Venezuela: sube a 3.811 el saldo de muertes por los terremotos
Al menos 3.811 personas han fallecido hasta ayer miércoles como resultado de los dos terremotos que azotaron el norte de Venezuela hace dos semanas, según el balance oficial publicado por el gobierno venezolano. Los letales sismos consecutivos de magnitud 7,2 y 7,5 dejaron también 16.740 heridos y casi 17.907 personas damnificadas, de acuerdo con el parte leído por el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez.
El desastre impactó especialmente en el estado costero de La Guaira, donde más de 800 edificios fueron afectados, de los cuales 190 sufrieron colapso total. La presidenta interina, Delcy Rodríguez, pidió ayer miércoles la liberación de recursos venezolanos bloqueados en el extranjero, mientras la ONU intenta recaudar casi 300 millones de dólares para ayudar en la recuperación del país.
Piden liberar oro venezolano
La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, pidió al rey Carlos III que sea “liberado” el oro de las reservas internacionales de este país que se encuentra “retenido” en el Banco de Inglaterra para atender a los afectados por el doble terremoto de hace dos semanas. En el Banco de Inglaterra hay depositados lingotes de oro de Venezuela, valorados en 1.900 millones de dólares, cuyo control la justicia británica rechazó ceder al entonces gobierno de Nicolás Maduro, por considerarlo ilegítimo.
“He decidido enviar una carta al rey de Inglaterra para que liberen el oro que está retenido en el Banco de Inglaterra. Ese oro es de nuestro pueblo. Es para atender las consecuencias del sismo” del 24 de junio, declaró Rodríguez el miércoles. Rodríguez asumió la presidencia interina de Venezuela luego de que Maduro fue capturado el 3 de enero en una operación militar estadounidense en Caracas y llevado a Estados Unidos, acusado de narcotráfico.
El canciller Yván Gil había pedido más temprano ayer miércoles que se liberen los recursos de Venezuela “bloqueados” en el extranjero. Rodríguez refirió también que conversó con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, para insistir en obtener recursos de ese ente. “Sostuve una llamada con la directora del Fondo Monetario Internacional, a la que agradezco su atención, su comprensión, para liberar recursos bloqueados de Venezuela que están en el Fondo Monetario”.
Venezuela tiene en el Fondo 3.568 millones en Derechos Especiales de Giro (DEG) que equivalen a 5.100 millones de dólares, aproximadamente, los cuales fueron bloqueados por el no reconocimiento del FMI a Maduro como presidente. Delcy Rodríguez, que gobierna bajo presión de Estados Unidos, era la vicepresidenta de Maduro.
Fuente: AFP.
Dejanos tu comentario
Gael Jesús, el bebé que nació en plena tragedia sísmica en Venezuela
Los médicos le habían dicho a Eliana García que su primer hijo tendría que nacer por cesárea. Pero cuando las contracciones se adelantaron mientras se resguardaba junto a su familia del violento doble sismo que sacudió Venezuela, no le quedó más remedio que parir. García, embarazada de 38 semanas, corrió a un campo de béisbol la tarde del 24 de junio, cuando dos potentes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 golpearon el estado La Guaira, en la costa venezolana.
Allí buscaron refugio junto a decenas de personas que evitaban las calles bordeadas de edificios que se desplomaban como un pesado dominó, cuando la joven de 19 años sintió un líquido escurriéndole entre sus piernas. Los médicos le habían dicho a la madre primeriza que no podía parir de forma natural por tener la pelvis estrecha. Una cesárea estaba programada para una semana después, pero comenzaron las contracciones.
“Sentía como ganas de hacer pipí. Pero pujaba y pujaba y como no salía nada entendí que el bebé venía”, dice García a la AFP en un refugio. La acostaron sobre la única sábana que lograron sacar en medio de la estampida, en un reflejo de protección por su avanzado embarazo.
Era la madrugada del 25 de junio. A oscuras y descalza, su cuñada Julia Di Giuseppe fue en busca de ayuda. A su alrededor, la ciudad costera que en otras circunstancias habría seguido las celebraciones de San Juan, era un hervidero de gritos, llantos, socorristas escalando las ruinas para auxiliar a personas atrapadas en edificios y motos zigzagueando entre los escombros.
Sin agua ni luz
Nadie atendió las súplicas de Di Giuseppe, quien regresó al campo de béisbol justo para escuchar que su cuñada estaba dando a luz. “Ahí le rogué a una paramédica que estaba buscando a sus familiares entre las ruinas, y ella, pues, se puso a ayudar”, cuenta la mujer de 37 años. Sin agua ni guantes, y apenas con alcohol en gel, la paramédica asistió el parto alumbrada por las linternas de los teléfonos que aún tenían batería.
García, rodeada por decenas de personas que olvidaron por unos segundos sus dramas personales, comenzó a pujar... entre las réplicas del doble sismo. El bebé, varón para sorpresa de la familia que esperaba una niña, nació pero no lloró. Una salva de aplausos lo habría hecho llorar, o al menos así lo recuerda Di Giuseppe.
“Ahí no teníamos cómo cortar el cordón, y la gente comenzó a quitarse las colitas del cabello y lo amarramos en dos extremos, con mucho alcohol” para cortarlo con unas tijeritas de uñas. García no recuerda nada más a partir de entonces. Sus familiares la cargaron como pudieron, primero en brazos, luego en una carreta motorizada, y finalmente en una ambulancia que la dejó en un hospital público.
Desbordados por los heridos de los terremotos, los médicos la atendieron, pero no había vacunas para inmunizar al bebé. Toda la familia fue reubicada en un colegio público que sirve como refugio en La Guaira, la región costera más golpeada por el doble sismo que ya acumula más de 3.600 muertos, según cifras oficiales. Di Giuseppe rompe en llanto al ver al bebé mientras su madre lo amamanta: “Lo salvamos a él, pero perdimos a nuestras dos sobrinas”.
Las niñas, de 14 y 11 años, fueron encontradas entre los escombros del edificio popular en el que vivían. Desfiguradas por toneladas de concreto, su padre las reconoció apenas por la pulsera plateada que la mayor llevaba en el brazo. La madre de las pequeñas, que es hermana de García, y un sobrino están desaparecidos, algo que no da paz a la familia.
Eliana García ya había decidido el nombre de la que creía sería su primogénita. Aunque si los pronósticos fallaban y nacía varón, pensaba llamarlo Daniel Eduardo. “Pero mi hermana siempre me decía que le pusiera Gael”, solloza la joven. “Así que por ella decidí llamarlo Gael Jesús. Es mi forma de tenerla aquí”.
Fuente: AFP.
Dejanos tu comentario
Rescate de Hernán Gil, enterrado 183 horas: “Fue una labor complejísima”
En dos décadas como rescatista, Kevin Meyers no había enfrentado una operación que lo pusiera tanto a prueba como la de ayudar a liberar a un hombre atrapado bajo 160 toneladas de concreto y ladrillos tras el doble sismo en Venezuela. El rescate de Hernán Gil, quien sobrevivió 183 horas enterrado tras los terremotos del 24 de junio, trajo esperanzas al país caribeño, que cuenta ya más de 3.500 muertos por el desastre.
Pero también marcó a las decenas de socorristas que trabajaron durante casi cuatro días para extraer vivo a este vigilante aprisionado bajo los escombros de un edificio en La Guaira, un estado vecino de Caracas y el más afectado por los sismos. “Fue, al 100 %, el rescate más desafiante de mi carrera”, dijo Meyers, del equipo estadounidense Florida Task Force 2, que se sumó a decenas de misiones internacionales que viajaron a Venezuela para buscar sobrevivientes.
“En otros he tenido que recurrir a algunas de las habilidades que se usaron aquí, pero este las reunió todas”, añadió. “Fue una labor complejísima”, coincidió Víctor Torres, del USAR Bomberos de Chile, quien describió el operativo como uno de los más difíciles en los 175 años de esa unidad.
Rescatistas llegados de Estados Unidos, Chile, Portugal, El Salvador, México, Costa Rica y Venezuela compartieron angustia, incertidumbre y finalmente alegría cuando Gil emergió de su encierro sobre las 09H00 del 2 de julio.
Señales de vida
Hernán Gil cumplía su turno en el sótano de las Residencias Sol Marino Garden en Catia La Mar, en el litoral venezolano, cuando a las 18H04 del fatídico miércoles la tierra tembló y se lo tragó.
Mientras gritaba por auxilio, e intentaba rezar para mantener la calma a medida que las réplicas se sucedían, afuera intentaban localizarlo.
Dos días después de los sismos, rescatistas chilenos inspeccionaron el lugar y regresaron con radares tras recoger testimonios de los vecinos.
Tres lecturas dieron señales de vida.
El 29 de junio, cuando un nuevo temblor arrinconó aún más a Gil, equipos de El Salvador y de Costa Rica entraron por un estacionamiento conectado con el área donde creían que estaba. Iniciaron un primer túnel, pero no lograron orientar la búsqueda. Hasta que, por un segundo túnel hecho por los chilenos, en la madrugada del 30 de junio se pudo escuchar débilmente la voz de Gil.
“Ellos me llamaban y me decían que me quedara callado, que escuchara los golpes y les dijera” dónde los oía, contó Gil. Con sus respuestas, Torres definió el rumbo y llegó a tocarle los dedos a Gil. “Fue un momento bien emotivo”, recordó el rescatista. A través de ese agujero le pasaron una sonda de hidratación y una minicámara para monitorearlo. Pero el rescate sufriría otro revés.
“El cielo es el límite”
El plan de los chilenos se tornó inviable por el alto riesgo de colapso si continuaban cavando. Con colaboración de los equipos de Los Ángeles y de Florida, decidieron intentar otro enfoque. La tensión aumentaba mientras los rescatistas cavaban sin parar. “Yo recibía la presión de los ingenieros: cada vez que el túnel avanzaba más en horizontal, más inestable se volvía”, relató Torres, quien participó en el rescate de los 33 mineros en Chile en 2010. “Era un momento que en emergencias llamamos ‘go o no go’, o te vas o te quedas”, dijo. Se quedaron. Y la esposa de Gil, Gusbimar González, pendiente en todo momento, pudo volver a abrazar a su marido. “Fueron los ocho días más largos de mi vida”, dijo luego a la AFP.
Cuando la salida de Gil parecía inminente, los rescatistas enfrentaron otro obstáculo: las piernas del vigilante se atascaron en una silla. Torres y Eric DeArmas, del Florida Task Force 2, se miraron a los ojos. Sabían que Gil tendría que hacer un último esfuerzo. “Él empujó un poquito más (...) Se volteó hacia nosotros y lo agarramos por los brazos y comenzamos a levantarlo”, dijo DeArmas. Gil sintió que se desmayaba.
DeArmas, acostumbrado a mantener las emociones a raya, no pudo contener las lágrimas. “Fue simplemente una avalancha de alivio, felicidad y alegría por él, y sí, me quebré un poco. Incluso le di un beso en la cabeza”, relató DeArmas, sonriente. “Creo que todos aprendimos algo a nuestra manera”, dijo Meyers. “Yo aprendí que el cielo es el límite”.
Fuente: AFP.
Dejanos tu comentario
Venezuela: el modesto edificio de tres pisos frente al mar que resistió a los terremotos
En una manzana hecha ruinas, un modesto edificio de tres pisos sigue en pie. El ingeniero que ayudó a construirlo lloró de alegría al ver que resistió los dos violentos terremotos que dejaron más de 3.500 muertos en Venezuela. El estado La Guaira, un popular balneario con costas celestes y atardeceres de ensueño ubicado a unos 40 km de Caracas, es el más golpeado por la furia del doble sismo de magnitud 7,2 y 7,5 el 24 de junio.
Construcciones quedaron hechas añicos en una tragedia tras la que miles de sobrevivientes viven en la calle o en precarios e improvisados albergues. Cerca del aeropuerto internacional de Maiquetía, las residencias Puerto Viejo están rodeadas de montañas de escombros. “Venía por todo el camino viendo destrucción, cuando vi este en pie, le di gracias a Dios”, confiesa Elías Eduardo Chayeb, ingeniero de 37 años, quien ayudó en la construcción del edificio junto a su padre Elías Chayeb, de 86 años.
El edificio tiene tres pisos y seis apartamentos. Sus ventanales, escaleras y columnas están intactos. “La altura tuvo que ver aquí, esos ‘metricos’ de más o de menos nos cambiaron la vida”, dice por su parte el arquitecto estructurista con más de seis décadas de experiencia. Aunque algunas paredes se resquebrajaron, sus bases siguen firmes y nadie sufrió lesiones. “El edificio pasa el examen”, indica aliviado el veterano arquitecto, con 400 obras con su firma.
Durante sus años activo, Chayeb dice que se negó a construir edificios muy altos porque no son aptos para suelos como el de La Guaira. El estado costero sufrió en 1999 uno de los peores deslaves de su historia con miles de víctimas. Encumbrados edificios residenciales y hoteles cayeron en segundos mientras grietas irregulares abrieron la tierra. La mayoría sucumbió sin que sus ocupantes tuvieran oportunidad de escapar, un síntoma que refleja negligencia en varias de estas construcciones, consideran los expertos.
En teoría, deberían agrietarse para liberar la energía durante un sismo sin colapsar, para dar tiempo a evacuaciones, según Elías Eduardo.
Riesgo “tácito” de terremotos
En el litoral de La Guaira los terrenos en su mayoría son inestables. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) estimó que el doble sismo se originó en un sistema de fallas geológicas que se “extendió hacia el este hasta Caracas y La Guaira”.
“Esa falla no la quita nadie”, advierte Elías padre. Por ello, todo cambió, “inclusive hay que revisar por completo la zonificación”, recomienda el arquitecto estructurista.
Afirma que llegó a recibir ofertas de proyectos que implicaban edificaciones superiores a los seis pisos, pero las rechazó por el riesgo “tácito” de terremotos como el ocurrido en 1967 que impactó a Caracas con fuerza.
“Muchos de los edificios que me plantearon y rechacé se vinieron al suelo”, dice, al señalar una colina con vista al mar Caribe donde edificios de más de 10 pisos se desplomaron.
Tal fue la magnitud de los terremotos que el lecho marino, superficie terrestre bajo los océanos, cambió en La Guaira. De ahora en adelante “hay que tomar decisiones con esas variables”, advierte Elías Eduardo al tomar el testigo de su padre.
Ingrid Palacios, de 61 años, salió ilesa junto a sus vecinos y familia de las residencias Puerto Viejo, construido por los Chayeb. “Este edificio aguantó la pela (golpes), si ven en los alrededores los demás no lo aguantaron”, dice.
La Guaira, como la conocía, “desapareció”. “Ahora va a ser una nueva Guaira, ahora van a ser edificios de tres pisos, ‘chalecitos’, cosas muy pequeñas, ya no van a ser edificios de ocho pisos, once pisos, quince pisos”, espera.
Fuente: AFP.