Caminando por las estrechas calles de la Ciudad Antigua de Jerusalén —que hace más de dos años estaban repletas de turistas visitando puntos emblemáticos de la ciudad tres veces santa—, la estudiante de periodismo estadounidense, Ángela Osorio, relata que, hoy el panorama es muy distinto: la zona luce mayormente vacía y silenciosa, con algunos negocios abiertos, pero muchos aún cerrados.

La Vía Dolorosa, conocida como la ruta empedrada que Jesús recorrió cargando su cruz hasta su crucifixión en el Calvario, sigue flanqueada por pequeños restaurantes y tiendas que venden rosarios, crucifijos, incienso y otros recuerdos. Sin embargo, aunque sus dueños ofrecen los productos, son pocos los turistas que compran. Tampoco es necesario esperar largas filas para ingresar a la Iglesia del Santo Sepulcro, construida sobre el lugar donde Jesús murió y fue enterrado.

Pero poco a poco, los residentes de Jerusalén comienzan a percibir señales de vida en una zona devastada por la falta de turismo desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, que dejó un saldo de más de 1.200 muertos y 250 personas secuestradas en el sur de Israel. Tras la firma de un cese al fuego en octubre, los últimos rehenes con vida regresaron a casa y el país intenta retomar su rumbo.

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La vida cotidiana en Jerusalén sigue en recuperación a más de dos años del ataque masivo de Hamás que desencadenó un conflicto bélico. Foto: Gentileza

“Cuando todavía no habían vuelto los últimos rehenes con vida, estaba todo cerrado, todo”, asegura Mónica Rabotnicoff, guía de turismo licenciada en Jerusalén, quien llegó a Israel desde Argentina hace cuatro décadas. “Recién a partir de que regresan los últimos 20 juntos es que algunas tiendas comienzan a abrir. Aún no ha vuelto el turismo a ser lo que era”.

En 2023 —antes del 7 de octubre— cerca de 3 millones de personas visitaron Israel, un aumento respecto a los 2,7 millones registrados en 2022. En ese momento, el país comenzaba a recuperarse del impacto de la pandemia, pero las cifras se desplomaron drásticamente tras el inicio de la guerra.

Durante 2024, en pleno conflicto, solo un millón de turistas llegaron a Israel. Para fines de 2025, se estima que entre 1,3 y 1,4 millones de personas visitarán el país, según datos del Ministerio de Turismo. Incluso, se espera la llegada de unos 130.000 visitantes durante la Navidad, entre ellos alrededor de 40.000 peregrinos cristianos.

La vida cotidiana en Jerusalén sigue en recuperación a más de dos años del ataque masivo de Hamás que desencadenó un conflicto bélico. Foto: Gentileza

Un mundo “apagado”

Sin lugar a dudas, el desplome del turismo impactó duramente a esta industria, especialmente a los guías turísticos que dependen casi exclusivamente de los visitantes extranjeros como principal fuente de ingresos.

Rabotnicoff dejó de trabajar como guía a finales de 2023, tras el inicio de la guerra, y se vio obligada a regresar al área administrativa.

“Fue muy duro ver todo cerrado, ver a la gente triste, a los dependientes de las tiendas que siempre hablaban con quienes pasaban”, recuerda. Aunque ha comenzado nuevamente a liderar grupos de turistas en Jerusalén, aún no lo suficiente como para abandonar su empleo administrativo. “Todo el mundo estaba muy apagado, muy triste”.

Y agrega: “Este año empieza a levantar, a repuntar otra vez”.

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La vida cotidiana en Jerusalén sigue en recuperación a más de dos años del ataque masivo de Hamás que desencadenó un conflicto bélico. Foto: Gentileza

Los negocios que dependen del turismo en otras partes de Israel también reflejan el impacto del conflicto y la esperanza de que lleguen tiempos mejores.

Eran Yamin Hai ha trabajado durante 20 años en la tienda de su padre, donde vende cerámica, joyas, imanes y arte de artistas locales en la antigua ciudad portuaria de Jaffa, hoy un emblemático barrio turístico de Tel Aviv. Antes de la guerra, asegura, miles de turistas acudían a su negocio durante el verano y los feriados.

“Este mercado está basado en los turistas”, afirma. “Sin los turistas, el mercado se muere. Para nosotros, representan el 90 % del negocio”.

Si bien estos últimos años han sido los peores para su comercio —salvo durante la pandemia—, Yamin Hai dice mantener la esperanza de que la situación mejore.

La vida cotidiana en Jerusalén sigue en recuperación a más de dos años del ataque masivo de Hamás que desencadenó un conflicto bélico. Foto: Gentileza

“No es peligroso venir a Israel. Lo que ves en la televisión es basura”, sostiene. “Nuestro país es maravilloso: la gente es amable, todos te sonríen, la comida es excelente. Todo lo que los turistas buscan, lo tenemos aquí”.

Mónica Paz, diseñadora de joyas brasileña-israelí, que vende sus creaciones en una tienda de Jaffa, cuenta que tuvo que expandir su negocio en internet para compensar la ausencia de turistas.

“En estos 11 años acá, al principio venían muchísimos turistas, sobre todo americanos y alemanes”, recuerda la propietaria de Jóias. “Ahora, infelizmente, con todo lo que ha pasado, vienen muchos menos, pero de a poco están regresando”.

La vida cotidiana en Jerusalén sigue en recuperación a más de dos años del ataque masivo de Hamás que desencadenó un conflicto bélico. Foto: Gentileza

Paz sostiene que gran parte del temor de los visitantes se debe a lo que circula en redes sociales, lo cual —afirma— no refleja la realidad cotidiana del país.

“Acá la gente camina, va a la playa, sale a tomar café. Muchos creen que acá caen bombas cada cinco minutos, y no es así”, explica. “Yo me siento más segura acá que en cualquier otro país”.

La vida cotidiana en Jerusalén sigue en recuperación a más de dos años del ataque masivo de Hamás que desencadenó un conflicto bélico. Foto: Gentileza

Adaptándose a la corriente

Aunque el turismo extranjero disminuyó, Israel experimentó un aumento del turismo interno desde el inicio de la guerra. Eran Ketter, experto en turismo y asesor del Ministerio de Turismo de Israel, sostiene que este crecimiento ayuda a amortiguar la caída del flujo internacional.

Aun así, el país ha tenido que adaptarse a cambios constantes. Una de las recomendaciones que Ketter hizo al Ministerio fue reconsiderar los principales mercados emisores de turistas y buscar alternativas en otras regiones del mundo. Antes de la guerra, la mayoría de los visitantes provenía de Estados Unidos, Francia, Rusia y Alemania, muchos de ellos por motivos religiosos. Ese flujo se redujo considerablemente, al igual que el turismo de ocio y escapadas urbanas.

La vida cotidiana en Jerusalén sigue en recuperación a más de dos años del ataque masivo de Hamás que desencadenó un conflicto bélico. Foto: Gentileza

Actualmente, Israel evalúa nuevas estrategias para fortalecer el turismo interno y diversificar la oferta, además de mejorar la infraestructura turística para otros usos, explica Ketter. “Existe la necesidad de repensar los productos y experiencias turísticas que se ofrecen”, señala, subrayando la importancia de responder con rapidez y “moverse con la corriente”.

“Si uno logra moverse tan rápido como cambian las circunstancias, quizás pueda salir adelante”, afirma. “Vivimos en Medio Oriente, donde la realidad es muy fluida. Hoy hay incertidumbre”.

La vida cotidiana en Jerusalén sigue en recuperación a más de dos años del ataque masivo de Hamás que desencadenó un conflicto bélico. Foto: Gentileza

El futuro del turismo

Ketter reconoce que nadie esperaba que la guerra se prolongara tanto tiempo ni que la crisis concluyera de esta manera.

“Han sido casi dos años terribles, pero creo que hay buenas perspectivas de recuperación. Espero que en los próximos dos o tres años Israel vuelva a registrar cifras récord de turistas extranjeros”, sostiene.

Resulta alentador —agrega— que incluso durante la guerra un millón de turistas haya visitado el país en 2024. Muchos viajaron por negocios, integraron delegaciones oficiales, realizaron peregrinaciones religiosas o visitaron a familiares y amigos.

La vida cotidiana en Jerusalén sigue en recuperación a más de dos años del ataque masivo de Hamás que desencadenó un conflicto bélico. Foto: Gentileza

“Aún en las horas más oscuras, la gente sigue viniendo a Israel”, afirma Ketter, quien proyecta que el país podría recibir unos 2,5 millones de turistas extranjeros en 2026. “Es algo sobre lo que se puede trabajar”.

Mientras tanto, negocios como el de Paz continúan abiertos en Jaffa, y algunos guías turísticos, entre ellos Rabotnicoff, comienzan a regresar poco a poco a las calles de Jerusalén.

“Está difícil para todos, pero acá estoy, sobreviviendo”, dice Paz. “Y no me voy a ningún lado. Aquí me quedo”.