El 5 de agosto pasado, un niño de apenas 8 años fue asesinado por su propio papá, supuestamente, para mandarle un “mensaje a su mamá”. Hoy, a más de cuatro meses del crimen, la causa sigue demorada a la espera de una pericia psiquiátrica.

La tragedia ocurrió en Argentina y pone en el centro del debate una realidad incómoda y urgente: las señales de violencia infantil que muchas veces están frente a nosotros y no logramos leer a tiempo.

Esta es la historia de Joaquín Ruffo, quien durante una actividad puntual en el aula, cuando se le pidió que expresara cómo se sentía en su casa, escribió miedo. Sí, leyó bien. Esa respuesta, que hoy estremece, fue calificada con un “super” en la escuela.

Nadie advirtió que detrás de esa frase había un grito de auxilio. A esto se sumaron más indicios del calvario que experimentaba, se pasaba dibujando caritas tristes.

Joaquín vivía una infancia atravesada por el miedo en un lugar que debía ser su refugio, su espacio seguro: su hogar. Ese temor no quedó solo en silencio. Lo expresó de la única forma que muchos chicos pueden hacerlo: a través de dibujos, tareas escolares y palabras simples.

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Las señales existen, pero requieren atención

Especialistas coinciden en que los niños víctimas de violencia la expresan mediante cambios de conducta, dibujos o frases que parecen simples, pero no lo son. Foto: Gentileza

Especialistas coinciden en que los niños víctimas de violencia rara vez la verbalizan de manera directa. En cambio, la expresan mediante cambios de conducta, dibujos, juegos, bajo rendimiento escolar, aislamiento o frases que parecen simples, pero no lo son.

El caso de Joaquín expone una falla colectiva: cuando una señal aparece y no es tomada en serio, el riesgo se multiplica. La escuela, la familia extendida, las instituciones y la sociedad en su conjunto cumplen un rol clave en la detección temprana.

Este hecho trágico no solo interpela al sistema de protección, sino también a los adultos que rodean a niños y niñas todos los días. Escuchar, observar y preguntar puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Leer una tarea con atención, preguntar por un dibujo repetido, detenerse ante una frase que habla de miedo o tristeza no es exagerar: es cuidar.

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Que el dolor no sea en vano

La mamá de Joaquín, Natalia Ciak, había confirmado que el presunto filicida tenía problemas de salud mental. Desde el crimen, permanece detenido en un pabellón psiquiátrico del sistema penitenciario argentino. La investigación avanza con demoras y aún no se definió si el acusado será sometido a juicio oral.

Para Natalia, serán las primeras fiestas sin Joaquín. “En una semana es Navidad y, por primera vez en ocho años, voy a estar sin mi hijo”, expresó en un video difundido por TN.

Con 8 años tenía derecho a crecer sin miedo. Su historia debe convertirse en un llamado urgente a no naturalizar señales, a fortalecer la prevención y a entender que los niños siempre hablan, aunque no lo hagan con palabras adultas. Miremos mejor. Escuchemos mejor. Actuemos antes.

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